Malditos bastardos
Vivimos tiempos convulsos que facilitan que el cinismo y la mentira se instalen en el tejido social como un virus que invade las células y las hace trabajar para su provecho. ¿Se equivocó André Malraux cuando dijo que "El siglo XXI será espiritual o no será"? De momento se presenta como bastardamente individualista e hipermaterial.
12 de diciembre · 835 palabras
El artículo describre cómo vivimos en tiempos convulsos que han facilitado la instalación del cinismo y la mentira en el tejido social. Muchas personas se comportan de forma sospechosa y han olvidado la ética.
La vida parece carecer de significado para muchos y el otro es considerado solo como un objeto a manipular o destruir. Políticos, empresarios, periodistas y vecinos se permiten actuar y hablar de forma inaceptable.
La ética parece estar en vías de extinción y la ética de los negocios ha perdido su significado. Bancarios son cúmplices de haber engañado a pensionistas con preferentes y colaboran con contubernios empresariales-institucionales para aparentar que el país apuesta por la gente emprendedora.
El caso del ICF y el Banco de Sabadell es un ejemplo reciente y cercano de cómo se convierte en papel mojado un decreto que ampara la distribución de riesgos. El empresario, supuestamente responsable del 30% del riesgo, acaba por asumir el 100% del riesgo con su patrimonio personal.
Sin embargo, todos tenemos algo de gentuza, no solo los banqueros y los políticos. Lo importante es no permitir que ese comportamiento se convierta en un patrón que comporte un riesgo para la sociedad en general. El siglo XXI, ¿será espiritual o no será? La respuesta parece incierta.
Vivimos tiempos convulsos, facilitadores de que el cinismo y la mentira se instalen en el tejido social, como un virus que invade las células y las hace trabajar para su provecho.
¿Se equivocó André Malraux cuando dijo que "El siglo XXI será espiritual o no será"?
De momento, se presenta como bastardamente individualista e hipermaterial
Abunda la gentuza en todos los espacios sociales, personas antaño normales se comportan de forma tremendamente sospechosa. Han olvidado intencionadamente cualquier minúsculo e inasible atisbo de ética. Gente que se comporta como si la vida careciera de significado objetivo, propósito o valor intrínseco. Para ellos, el otro es sólo un objeto a manipular o a destruir.
Además, no disimulan: políticos, empresarios, periodistas y el vecino del quinto, 2.ª, que agrede a su mujer, y la mujer del segundo, 1.ª, que agrede a su marido, todos se permiten actuaciones y declaraciones que no hace mucho no hubieran sido capaces de contemplar. La ética es una especie espiritual en vías de extinción. ¿Hay límites?
La llamada ética de los negocios, si siempre ha sido un concepto preñado de indefiniciones, cuando no directamente de contradicciones, ahora simplemente no la veo en ninguna parte.
Todos tenemos algo de gentuza; no son sólo los banqueros y los políticos los que encarnarían su quintaesencia. Los propios bancarios son cómplices y sicarios de haber engañado a pensionistas con preferentes, de colaborar con contubernios empresariales-institucionales para aparentar, por ejemplo, que el país apuesta por la gente emprendedora.
En esta línea, tengo un ejemplo reciente y cercano: en los créditos otorgados por el ICF a proyectos emprendedores, donde aparentemente este organismo asume el 70% del riesgo de cada operación y el empresario el 30%. Cuando aparece la entidad bancaria que lo materializa (el ejemplo se refiere al Banco de Sabadell) resulta que el decreto que ampara dicha distribución de riesgos se convierte en papel mojado, asumiendo el empresario el 100% del riesgo, para más inri, con su patrimonio personal, no sólo con el de la empresa.
Comentado este hecho con un conseller de la Generalitat, su respuesta, con la mirada baja de impotencia, fue: Sí, nos hemos encontrado con muchos casos así. Sigan ustedes, políticos, ayudando a la banca y a su gentuza dirigente, con la excusa de que es la espina dorsal del sistema.
Este bastardo comportamiento con el que la institución, el ICF, salva la cara frente a la opinión pública, aparentando que avala unos créditos a emprendedores que después el banco de turno acaba endosando al propio emprendedor, es una maniobra perversa que denota un contubernio institucional-financiero extremadamente repudiable.
¿En qué mundo estamos, en qué y en quién confiamos?
Los amigos de épocas boyantes suelen desaparecer en las épocas de vacas flacas. Muchos entran en dinámicas complejas para salir del atasco económico y se sumergen en entornos nuevos, donde se sustituyen los amigos por los socios y estos, que en otro tiempo hubieran retroalimentado entusiasmo y complicidad, suelen comportarse como depredadores, muchas veces de la nada. Depredadores de hipótesis podríamos llamarlos, porque muchos de los proyectos son sólo cifras y letras en un papel.
Movidos por la desesperación, todos podemos convertirnos en gentuza. La vertiente más perversa del sistema nos invade, cual alienígena penetrando en los cuerpos y haciéndolos funcionar con unos códigos de individualismo bastardo extremadamente peligrosos para el buen desarrollo social.
Contra esta penetración perversa del poder en nuestros cuerpos y almas, sólo hay una vacuna eficiente: conservar los valores de la solidaridad, la alteridad y profundizar en una visión crítica del entorno, innovando en las formas de desarrollo, representación y gestión de lo social, denunciando sin paliativos cualquier situación que nos parezca injusta, con nosotros o con el otro.
Dejemos que esta gentuza siga retorciéndose en la mediocridad bastarda y convirtámonos en una élite innovadora; creemos una conspiración global de hombres y mujeres dignos contra la necedad, no sólo con palabras, sino con hechos.
Frente a la conspiración de la gentuza, generadora de entropía negativa, que vive instalada en la jerarquía, construyamos otra confabulación que incluya una nueva manera de pensar viejos problemas.
Entre todos hagamos que el modelo de institución dominante sea el de la RED, como sistema abierto y estructura disipativa que encuentre su razón de ser en permanecer en constante estado de flujo, en equilibrio susceptible de reordenación continua, abierta indefinidamente a la transformación. Esta forma de organización es más adaptativa, más eficaz y relega a la gentuza a permanecer en sus torres jerárquicas, único espacio en el que han podido sobrevivir y reproducirse. Que compitan ellos, nosotros compartiremos sinérgica, digna e inteligentemente.
Pese a la gentuza invasora de haciendas, cuerpos y almas, existen muchos millones de personas capaces de anteponer la permanente exploración de la novedad que posibilite un cambio de paradigma, ¡llamadme ingenuo!
¡Felices fiestas, hombres y mujeres dignos!
Albert Pérez Novell
Sobre el autor
Albert Pérez Novell Barcelona, Catalunya Director Ejecutivo de NVConsulting. Experto en Márketing Comunicacional, Consultor en planificación estratégica, comunicación y...
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