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¿Cómo llevar a cabo la tarea del mundo interior?

La búsqueda del mundo interior frente al enajenamiento externo; vamos rumbo a la extinción masiva de la especie al dar paso a un mundo de simulaciones e imágenes virtuales. Nuestra irresponsabilidad raya en la psicosis colectiva y nuestros valores ancestrales han dejado de existir. Estamos condenados

Raul Diaz Berlanga
Raul Diaz Berlanga

22 de marzo · 844 palabras

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¿Cómo llevar a cabo la tarea del mundo interior? - Psicología

El artículo aborda el hecho de que muchas personas viven en dos mundos, el mundo externo y el interno, y cómo este último está muy contaminado debido a permitir contenidos que no nos pertenecen y que nos confunden en lugar de centrarnos en lo esencialmente humano.

Además, se menciona la sobreexposición a realidades virtuales que aumentan la fuga de la realidad y las ilusiones.

Esto ha llevado a que nuestra sociedad sea irresponsable y eche a perder el mundo de los otros seres vivos que comparten el planeta con nosotros, lo que ha generado un ciclo infernal con abuso de drogas y alcohol que desemboca en atropellos a nosotros mismos y a los demás.

La conclusión del artículo sugiere que la falta de una salida viable genera un estado donde nada importa y todo se convierte en más mal afuera y por ende, mucho más mal interiormente.

Es necesario prestar mayor atención a nuestra vida interna y a los contenidos que permitimos para evitar llegar a un estado de locura.

Vivir como islotes en el mundo, para nadie resulta ya muy agradable. Debido a esa permisibilidad, es que hemos arribado a los límites del absurdo y la aberración que todos padecemos en nuestros días.

¿Hacia adónde vamos?

Nos hemos ido acostumbrando a dejar de pensar. Nos pasamos muchas horas de nuestras vidas frente al televisor o haciendo uso de nuestros equipos de cómputo. Nos vivimos instalados en realidades virtuales que incrementan la afluencia de nuestros sueños, la fuga de la realidad e intensifican nuestras ilusiones. No sabemos qué hacer con nuestros momentos de ocio o con los tiempos que, por circunstancias, nos sobran o se nos presentan día a día.

Somos seres anfibios, que vivimos en dos instancias: la externa y la interna. Pero ese mundo interno, que es nuestro verdadero hogar - porque los peces pertenecen al mundo del mar, las aves al del cielo y los insectos y animales al mundo de la tierra -, esa instancia interna, nuestro mundo propio, lo tenemos muy contaminado, al grado de que nos la pasamos huyendo de él a cada momento, porque hemos permitido que nos instalen y hemos instalado, nosotros mismos, contenidos que no nos pertenecen, contenidos que nos confunden y nos desvían de lo esencialmente humano: un infierno afuera - confeccionado por nuestras propias acciones irresponsables, echando a perder el mundo de los otros seres que comparten con nosotros el planeta -, y un infierno dentro de nosotros, debido a tanto absurdo que permitimos ingresar y entonces no nos queda más remedio que el uso y abuso de las drogas, el alcohol y la desconexión misma, cercana a la locura, que nos impulsa a cometer un sinfín de atropellos tanto a nosotros mismos como a los demás, dando cabida a un círculo infernal, donde no hay posibilidad de renovación alguna, ni mucho menos una salida viable: ¡Mal afuera, mal en el interior, no hay remedio, nada importa, más mal afuera y por ende mucho más mal interiormente!

Nuestros conocimientos se han trastocado enormemente; la información procesada está desubicada. Estamos dando espacio a una cultura de engaños y de fraude, donde resultamos ser la reencarnación de la barbarie y del demonio mismo: los fuegos divinos están por extinguirse, se están apagando los últimos vestigios de fuego que nos vio nacer...

Esa es la panorámica existencial de nuestra época, aunque no lo queramos aceptar. Hacia allá vamos: rumbo a la aniquilación, al exterminio masivo de nuestra especie.

¿Qué sigue?

Por una parte, un mundo de simulacros dominado por la ciberciencia y la experiencia desencarnada. Gente que buscará afanosamente trascender por el mundo de la informática, de las pantallas caseras de plasma, en el Skype, en el ciberespacio. Gente que se la pasará en las redes, víctimas de la supertecnología, sin vida humana propia. Anarquistas que estarán provocando rebeliones en las redes globales reforzados y estimulados por infinidad de sustancias químicas enajenantes que les faciliten olvidar toda realidad y que les auxilien a abandonar la responsabilidad de sus cuerpos, de sus insignificantes vidas... Una civilización instalada en el mundo de las apariencias llevadas a la máxima potencia, donde prevalezca la ignorancia de los grandes valores tradicionales que nos dieron derecho a la vida digna y que serán relegados al rango de accesorios, dando por terminada la imaginación, el espíritu, la inteligencia, la poesía, la creatividad interior, la grandeza divina... La historia registrará con mucha pena y dolor que ese mundo se abrió paso por un trasfondo patológico que fomentó las violencias, los separatismos, las traiciones, las crisis, la indiferencia, la vida absurda, las psicosis y por ello y muchas cosas más, gran parte de la humanidad prefirió dirigirse en su transición, rumbo a ese bizarro mundo de simulaciones, como mecanismo de defensa de la angustia, la desesperanza y el dolor existencial...

Por otra parte, habrá quien se atreva a resolver el rompecabezas, creando una portada propia, auténtica y que le otorgue sentido a sus vidas. Serán todos aquellos que darán comienzo con lo que conocen de cerca, directamente y de manera íntima; es decir: con ellos mismos. Serán los que comprendan que para arribar a lo esencial y real de nuestra naturaleza, no será posible lograrlo por fuera. Hacerlo así sería condenarse, pertenecer a la civilización de las simulaciones, de las palabras, de los nombres, de las imágenes virtuales, de todos aquellos que se quedaron anclados en el esbozo de la fachada. Lo auténtico, lo maravilloso, será sólo para los seres que se atrevan a pasar a su interior sin miedos y prejuicios; conocerán la inmensidad de su verdadera intimidad. Pasarán a ese interior puro, diáfano, nuestro verdadero hogar. Si se atreven a hurgar hasta la naturaleza última de sus espíritus, que tenemos tan abandonados, quizás puedan conseguir también la llave maestra de lo verdaderamente hermoso del mundo exterior que tanta ayuda necesita y reclama. ¿Cómo?

Raúl Díaz Berlanga

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Sobre el autor

Raul Diaz Berlanga

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