Firmes y dignos
La época de la modernidad nos ha brindado la gran oportunidad de no solo entender, sino de resolver los contenidos mentales suministrados a lo largo de nuestras vidas, mismos que nos han impedido un sano y pleno desarrollo humano. La cibernética y la física cuántica han sido la herramienta exacta.
21 de marzo · 1763 palabras
El artículo discute la importancia de la comprensión del pasado para entender el presente y el papel del psicoanálisis en este proceso. Se menciona que la infancia es el destino, ya que nuestra historia personal nos condiciona de manera significativa en la vida.
Sin embargo, Jacques Lacan ofrece una perspectiva diferente al afirmar que el inconsciente está estructurado como lenguaje y, por lo tanto, es posible comprenderlo mediante metáforas y símbolos.
Se hace referencia a cómo la estructura de la mente está dentro de un contexto social y cómo el lenguaje nos ayuda a comprender mejor nuestra realidad.
Además, se discute el papel del orden patriarcal del falo y la figura paterna en la construcción de la identidad y la comunicación en la sociedad.
El artículo concluye que somos seres simbólicos, imaginarios y manejamos en un mundo de realidades independientes a nosotros mismos y que la comprensión de la estructura social, el lenguaje y el patriarcado son importantes para comprender nuestra psique.
Cuando Freud habla de que para entendernos es necesario escudriñar nuestro pasado, sienta las bases del psicoanálisis. La categoría del vienés es indiscutible, mucho de nuestra cultura actual se mueve en base a ese tipo de descubrimientos y aportaciones del siglo pasado... En México, el psicoanalista Sergio García, en uno de sus interesantes libros, nos indica que Infancia es Destino y por supuesto que todo eso resulta ser muy cierto: estamos condicionados por nuestros pasados, es más, podríamos hasta decir que nuestros pasados nos condenan... Pero aparece Jacques Lacan y afirma que el almacén de toda nuestra información (que bien podría ser el inconsciente, que es instintivo y por lo tanto incognoscible para su portador) está estructurado a manera de lenguaje... Eso abre las puertas a un mundo mental, con nuevos horizontes!!!
Si hablamos de lenguaje, entonces estamos incluyendo a la estructura de la mente dentro de un contexto social. Y al igual que el lenguaje lo hace, podemos auxiliar al individuo mediante el uso y comprensión de metáforas y símbolos, porque el ser humano es, inminentemente, productor y consumidor de símbolos. Somos lo que somos porque nuestros contenidos más íntimos resultan estar respaldados por un lenguaje adquirido: somos imaginarios, simbólicos y nos manejamos en un mundo de realidades independientes a nosotros mismos.
Procedemos del exterior y de esa manera estamos expuestos a adquirir una identidad no muy confiable. En cuanto a la parte simbólica, va a aparecer y proceder de estructuras sociales: parentescos, rituales, roles de género y de las interrelaciones interpersonales procedentes del mismo lenguaje. Lacan se refiere a la figura paterna como fundador de la parte comunicativa que nos conforma; es decir, el orden patriarcal del falo que identifica al infante varón con el poder del padre y puede hacerlo porque es poseedor de un pene que va a venir a representar el poder sexual. Ese poder va a brindarle fuerza al lenguaje e impone el orden simbólico. Dice Lacan que de esta estructuración, las mujeres quedan excluidas para siempre, sin lenguaje propio porque no pueden escapar del mundo imaginario al simbólico, como lo hacen los hombres... Las mujeres siempre son representaciones exteriores de otra cosa, es decir, objetos de los deseos masculinos, son como las imagina el hombre, ejemplos abundan: el Monumento a la libertad en Nueva York, la justicia, la belleza, y un largo etcétera... Están excluidas de la historia y fueron derrotadas por el
Patriarcado machista...
Pues estas son las programaciones que nos limitan para vivir en un mundo más compartido y menos inhumano. Somos víctimas de etapas formativas en las que, por nuestras estructuras indefensas, tuvimos que conformarnos con lo que nuestros formadores nos proporcionarían y, junto con ello, lo que ellos pudieron interpretar y entender de lo que vivían, en una sociedad altamente manipulada y enajenante; es decir, somos portadores de infinidad de programas mentales que hemos dado por ciertos y por válidos y desde ellos es que realizamos y operamos nuestras vidas...
Por supuesto que nuestros pasados nos condenan, pero estos no son eternos ni irremplazables y no es necesario someternos a largos, tediosos y costosos análisis psicoterapéuticos para resolver nuestras penosas existencias...
Sea usted hombre o mujer, sepa que estamos, pese a todos los descubrimientos de la era moderna, apenas rumbo a la búsqueda de lo esencialmente humano. Y eso tiene que ver, más allá de nuestras estructuras simbólicas e inconscientes, con las maneras y actitudes con que nos desempeñamos en un mundo de miles de obstáculos y limitaciones y la verdad es que el grueso de la población mundial tiene muy poco dinero y tiempo para tratar de resolver sus azarosas vidas...
Una programación que nos invalida tiene que ser limpiada al poner en orden los contenidos que nos conforman, porque la mente posee una fuerza de resolución propia que, bien canalizada, opera como un correctivo de todas nuestras instancias psíquicas, porque nuestra mente no es pasiva y no es posible que la experiencia y la sensación escriban su voluntad y caprichos de manera absoluta en ella. Ni tampoco hablamos de la mente como si solo se tratara de un nombre abstracto que se le otorga a una serie de estados emotivos; nuestra mente, y eso es lo increíble y maravilloso, es la fuerza activa en nosotros que modela y coordina lo que percibimos y pensamos para formar ideas, es una fuerza que transforma la multiplicidad caótica de la experiencia en una unidad ordenada del pensamiento.
Luego entonces, pese a todo lo que los sabios piensen y digan de nosotros, es muy factible retornar a la salud y a la validez de nuestras historias y de hacer historia, si nos atrevemos a poner en orden nuestros contenidos, diciéndonos: En qué creo y en qué no creo de todo lo que me han metido y que no pude defenderme... Es ahí que surgirá nuestra libertad y nuestra auténtica vida!!! En qué creo de la familia, de la escuela, del gobierno, de la Iglesia, de los libros... Sin miedo, hacer ese ejercicio diariamente hasta llegar a la limpieza total, y empezar a meter nuestras propias ideas, esas ideas nuestras, por las cuales venimos a vivir, gozar y morir de instante en instante, ¡Firmes y dignos!!!
Cuando Freud habla de que para entendernos es necesario escudriñar nuestro pasado, sienta las bases del psicoanálisis. La categoría del vienés es indiscutible, mucho de nuestra cultura actual se mueve en base a ese tipo de descubrimientos y aportaciones del siglo pasado... En México, el psicoanalista Sergio García, en uno de sus interesantes libros, nos indica que Infancia es Destino y por supuesto que todo eso resulta ser muy cierto: estamos condicionados por nuestros pasados, es más, podríamos hasta decir que nuestros pasados nos condenan... Pero aparece Jacques Lacan y afirma que el almacén de toda nuestra información (que bien podría ser el inconsciente, que es instintivo y por lo tanto incognoscible para su portador) está estructurado a manera de lenguaje... Eso abre las puertas a un mundo mental, con nuevos horizontes!!!
Si hablamos de lenguaje, entonces estamos incluyendo a la estructura de la mente dentro de un contexto social. Y al igual que el lenguaje lo hace, podemos auxiliar al individuo mediante el uso y comprensión de metáforas y símbolos, porque el ser humano es, inminentemente, productor y consumidor de símbolos. Somos lo que somos porque nuestros contenidos más íntimos resultan estar respaldados por un lenguaje adquirido: somos imaginarios, simbólicos y nos manejamos en un mundo de realidades independientes a nosotros mismos.
Procedemos del exterior y de esa manera estamos expuestos a adquirir una identidad no muy confiable. En cuanto a la parte simbólica, va a aparecer y proceder de estructuras sociales: parentescos, rituales, roles de género y de las interrelaciones interpersonales procedentes del mismo lenguaje. Lacan se refiere a la figura paterna como fundador de la parte comunicativa que nos conforma; es decir, el orden patriarcal del falo que identifica al infante varón con el poder del padre y puede hacerlo porque es poseedor de un pene que va a venir a representar el poder sexual. Ese poder va a brindarle fuerza al lenguaje e impone el orden simbólico. Dice Lacan que de esta estructuración, las mujeres quedan excluidas para siempre, sin lenguaje propio porque no pueden escapar del mundo imaginario al simbólico, como lo hacen los hombres... Las mujeres siempre son representaciones exteriores de otra cosa, es decir, objetos de los deseos masculinos, son como las imagina el hombre, ejemplos abundan: el Monumento a la libertad en Nueva York, la justicia, la belleza, y un largo etcétera... Están excluidas de la historia y fueron derrotadas por el
Patriarcado machista...
Pues estas son las programaciones que nos limitan para vivir en un mundo más compartido y menos inhumano. Somos víctimas de etapas formativas en las que, por nuestras estructuras indefensas, tuvimos que conformarnos con lo que nuestros formadores nos proporcionarían y, junto con ello, lo que ellos pudieron interpretar y entender de lo que vivían, en una sociedad altamente manipulada y enajenante; es decir, somos portadores de infinidad de programas mentales que hemos dado por ciertos y por válidos y desde ellos es que realizamos y operamos nuestras vidas...
Por supuesto que nuestros pasados nos condenan, pero estos no son eternos ni irremplazables y no es necesario someternos a largos, tediosos y costosos análisis psicoterapéuticos para resolver nuestras penosas existencias...
Sea usted hombre o mujer, sepa que estamos, pese a todos los descubrimientos de la era moderna, apenas rumbo a la búsqueda de lo esencialmente humano. Y eso tiene que ver, más allá de nuestras estructuras simbólicas e inconscientes, con las maneras y actitudes con que nos desempeñamos en un mundo de miles de obstáculos y limitaciones y la verdad es que el grueso de la población mundial tiene muy poco dinero y tiempo para tratar de resolver sus azarosas vidas...
Una programación que nos invalida tiene que ser limpiada al poner en orden los contenidos que nos conforman, porque la mente posee una fuerza de resolución propia que, bien canalizada, opera como un correctivo de todas nuestras instancias psíquicas, porque nuestra mente no es pasiva y no es posible que la experiencia y la sensación escriban su voluntad y caprichos de manera absoluta en ella. Ni tampoco hablamos de la mente como si solo se tratara de un nombre abstracto que se le otorga a una serie de estados emotivos; nuestra mente, y eso es lo increíble y maravilloso, es la fuerza activa en nosotros que modela y coordina lo que percibimos y pensamos para formar ideas, es una fuerza que transforma la multiplicidad caótica de la experiencia en una unidad ordenada del pensamiento.
Luego entonces, pese a todo lo que los sabios piensen y digan de nosotros, es muy factible retornar a la salud y a la validez de nuestras historias y de hacer historia, si nos atrevemos a poner en orden nuestros contenidos, diciéndonos: En qué creo y en qué no creo de todo lo que me han metido y que no pude defenderme... Es ahí que surgirá nuestra libertad y nuestra auténtica vida!!! En qué creo de la familia, de la escuela, del gobierno, de la Iglesia, de los libros... Sin miedo, hacer ese ejercicio diariamente hasta llegar a la limpieza total, y empezar a meter nuestras propias ideas, esas ideas nuestras, por las cuales venimos a vivir, gozar y morir de instante en instante, ¡Firmes y dignos!!!
Raúl Díaz Berlanga
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