Menos face y más book

Vivimos un auténtico festival de vidas privadas, en una era de auténtica verborrea e incontinencia comunicativa. Se escribe más que nunca, se comparten comentarios personales más que nunca, estamos obsesionados en comunicar con..., no se sabe bien, con quién.

Albert Perez Novell
Albert Perez Novell

26 de mayo · 1067 palabras

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Menos face y más book - Actualidad

El artículo aborda la sociedad actual caracterizada por una era de exceso de comunicación y el surgimiento de las vidas privadas en línea. Michel Foucault descubrió la tendencia de los mecanismos de poder a no actuar en negativo, sino en promover el discurso y hacer hablar a los individuos.

Este poder, a través del nuevo engranaje tecno-informacional, hace que recuperar el pensamiento de Foucault sea indispensable para los nuevos movimientos sociales que piensan la Sociedad de la Información desde la enfatización del poder de los vínculos y la lógica de las redes.

Todo nuestro "yo" está en línea, lo que hacemos en agendas de Google, lo que sentimos en Facebook, lo que comemos, etc. Aunque se han otorgado poderes casi mágicos a las redes sociales como instrumentos movilizadores, la mayoría de las veces son usados para fines banale.

En resumen, la exposición excesiva de la vida privada en línea, unido al fenómeno de la comunicación masiva, plantea cuestiones importantes sobre el poder y la libertad, y requiere una reflexión profunda sobre la forma en que usamos las redes sociales.

Vivimos un auténtico festival de vidas privadas, en una era de auténtica verborrea e incontinencia comunicativa.
Se escribe más que nunca, se comparten comentarios personales más que nunca, estamos obsesionados en comunicar con..., no se sabe bien, con quién.
Así, comunicar se vuelve un verbo intransitivo. Por tanto no es comunicación lo que se busca es exhibicionismo. El sujeto exhibicionista, no acostumbra a exhibir para alguien, exhibe por exhibir.

Foucault ya describió la tendencia de los mecanismos de poder a no actuar en negativo, a no recluir, ni excluir, a su tendencia a orientarse y a actuar positivamente, a promover el discurso, a hacer hablar; un poder que ahora otorga un escenario técnico y, que, con sorprendente insistencia, persigue lo insignificante, y le obliga a nombrarse... Un poder, en conclusión, que se define, por el modo en que otorga una relevancia injustificada, desproporcionada, al cuerpo y al pensamiento anónimo, regenerándolo como figura pública.

Este empeño del poder por organizar formas alternativas de comunicación y conocimiento, mediante un nuevo engranaje tecno-informacional, hace que recuperar el pensamiento foucaultiano sea indispensable para los nuevos movimientos sociales que piensan la Sociedad de la Información desde la enfatización del poder de los vínculos y la lógica de las redes.

Con demasiada facilidad se ha otorgado al instrumento, sea Twitter, WhatsApp, y a lo siguiente, que ya debe estar y no me he enterado aún, un protagonismo excesivo atribuyéndoles poderes casi mágicos como instrumentos movilizadores, esto en el mejor de los propósitos, pero que en su mayoría son usados para fines de lo más banal.

Parece como si el panóptico foucaultiano correspondiente al momento de modelo hegemónico industrial centralizado o descentralizado, se haya invertido y ahora el centro del dispositivo directamente lo ocupe el observado y no el observador. Todo nuestro “yo” está en la red, lo que hacemos en agendas de Google, lo que sentimos en Facebook, lo que comemos, etc., etc....

Nunca en la historia de la humanidad se ha publicitado tanta información personal, somos más exhibicionistas y estamos más expuestos que nunca, aunque no queramos:

Muchos de nosotros utilizamos el correo de Google y aceptamos una cláusula que permite a esta empresa monitorizar el contenido de nuestros mensajes privados, de ahí que aparezca publicidad correlacionada con nuestros textos en la columna de la derecha. Seguro que la información que estamos aportando a Google no se la daríamos ni a nuestra madre (¡es lo que hay!).

Además existe un enlace entre Gmail y Facebook que interrelaciona todas las direcciones a las que has mandado un e-mail y te puede presentar como un posible amigo al director de La Caixa al que mandaste un correo quejándote del importe de una comisión. (parece un chiste, pero a mí me ha pasado).

Todas estas sofisticadas técnicas que utilizan complejos software de inteligencia artificial y evaluación por expertos analistas se han desarrollado a partir del 11-S de 2001 por motivos conocidos y aplicados a la inteligencia militar.

Yo aconsejaría a los enfermos de Twitter y de Facebook que paren, mediten y, en lugar de exponer impúdicamente su mediocridad e intoxicar a sus semejantes con frases autocomplacientes y fotos del gato, se dediquen a leer buena literatura.

Que lean, que interioricen conceptos, que establezcan un diálogo consigo mismos a través del libro y no con desconocidos, que pasen de la fase máxima a la íntima. Igual que pasaron, o no, de la oral a la anal.

La mejor medicina para liberarse de la face-dependencia es un buen book.
Igual que para aliviar la insatisfacción sexual, no hay nada como un buen polvo.

Cada vez sabemos menos sobre más cosas:
Un consejo, colega: pasa del zapping cultural imperante, concéntrate en un buen libro y profundiza sólo en él y sólo en él. Te lo aconsejo como terapia ante la avalancha de información e impúdica exhibición en Internet, que está logrando que la gente cada vez sepa menos sobre más cosas; lo que algunos, como Castells, llaman la sociedad de la desinformación informada.

La soledad conectada:
Vivimos en un simulacro continuo de la hiperconexión y del goce inmediato, simulamos tener muchos amigos, sin el trabajo necesario de construcción de la amistad. Lo mismo ocurre con el sexo, sustituido por el sexo virtual, o cibersexo, en el que no sólo está ausente el compromiso sino el otro (otra).

Slogan Librerías Gandhi

Hace unos meses leí en El País un artículo divertido sobre la relación entre Facebook y Twitter con el exhibicionismo y el narcisismo.

Para el articulista John Carlin, Facebook es la mejor opción para los exhibicionistas, un espléndido escaparate para aquellos que sienten necesidad de compartir con el mundo los detalles íntimos de sus vidas, desde el primer beso con la nueva novia (clic, la foto; clic, enviado a los amigos de Facebook), al aquí estoy yo con mi bikini de rayas, zapatillas Nike, al delicioso café y cruasán del desayuno.

Twitter, por el contrario, se acomoda más al narcisista, a aquel que tiene que demostrar al máximo número de gente posible (el gran indicador de esta red es el número de followers o seguidores, personas que voluntariamente buscan el perfil de uno y se apuntan para recibir lo que el elegido quiera decir) lo listo o gracioso o ingenioso que es, o lo informado que está sobre los acontecimientos mundiales.

Para la antropóloga Paula Sibilia, todos estamos inmersos en lo que ella denomina el show del yo.

Facebook, Web 2.0, blogs, la proliferación de los reality shows en la televisión, las biografías en el mercado de libros y los documentales en primera persona en el mundo del cine, entre otros.

Siguiendo a Sibilia, hoy, a diferencia del siglo XVIII en el que se separó lo público de lo privado, la intimidad prácticamente forma parte del espacio público. La autora sostiene que dentro de esas tecnologías ser célebre se presenta como la máxima a la que todos debemos aspirar.

Todas estas plataformas, unidas a los dispositivos de grabación, reproducción y difusión actuales vinculados a Internet, coadyuvan a convertirlo en un “gran laboratorio” que permite experimentar y diseñar nuevas subjetividades; es decir, nuevas formas de ser y de estar en el mundo. Y así fue, como anónima concejala de no sé qué pueblo, que se sentía mal aprovechada dadas sus cualidades físicas, decide ser célebre. Olvido Hormigos decidió hacer realidad su fantasía de pornostar.

Albert Pérez Novell

Albert Perez Novell

Sobre el autor

Albert Perez Novell

Albert Pérez Novell Barcelona, Catalunya Director Ejecutivo de NVConsulting. Experto en Márketing Comunicacional, Consultor en planificación estratégica, comunicación y...

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