De la democracia de masas a la posdemocracia del yo (del hard al soft)
Cualquier tiempo pasado sigue estando presente, aunque su razón fundamental de ser esté periclitada. Siguiendo la línea iniciada en mi anterior post Vivir en tiempos posdemocráticos y la reflexión de Ignacio Muro en Poli-TIC, intentaré reflexionar sobre esta fase de transición y su lado positivo.
22 de abril · 1095 palabras
En este artículo, el autor reflexiona sobre la fase de transición en la que se encuentra la sociedad actual y destaca la importancia de encontrar aspectos positivos en ella.
Señala que la sociedad actual está en transición desde la fase del capitalismo industrial de masas, que se caracterizaba por la producción en serie y el consumo masivo y estándar.
Sin embargo, las instituciones y organizaciones que funcionaban con lógicas jerárquicas en esa época ya no encajan en el marco socioeconómico actual.
Aunque muchos consideran que la jerarquía es inevitable, el autor cita el ejemplo de la empresa Gore-Tex, que ha logrado éxito en el mundo capitalista sin una estructura jerárquica. La empresa cuenta con 9,000 empleados en 30 países y una facturación de 2,300 millones de euros al año.
El autor sugiere que la fase de transición actual puede ser una oportunidad para explorar nuevas formas de organización y gestión que se adapten a las necesidades actuales.
Cualquier tiempo pasado sigue estando presente, aunque su razón fundamental de ser esté periclitada. Siguiendo la línea iniciada en mi anterior post Vivir en tiempos posdemocráticos y enlazando con la reflexión de Ignacio Muro en Poli-TIC, El anarcocapitalismo y las utopías del hombre libre, intentaré reflexionar sobre esta fase de transición en la que nos encontramos y ver su lado positivo.
La sociedad de masas (en transición), que caracteriza a la fase del capitalismo industrial (en transición), es productora de determinadas instituciones que funcionaban con una lógica que ahora no encaja en el marco socioeconómico general.
La producción en serie, el consumo masivo y estándar necesita de organizaciones productivas (fábricas) que, para ser eficaces, se estructuraban a imagen y semejanza del ejército y la iglesia.
El modelo jerárquico era el que cohesionaba, daba sentido e inducía eficiencia a un modo de producción (taylorismo). Muchos se muestran convencidos de que la jerarquía es inevitable. En una sociedad cuyas instituciones básicas, desde las escuelas hasta las fábricas, están basadas en la jerarquía, el intento de cambiar el concepto está, probablemente, destinado al fracaso. La jerarquía en la producción está tan asumida en el sistema que hasta los sindicatos no la cuestionan ni la han cuestionado nunca.
A estos recalcitrantes quizás les convenga conocer experiencias capitalistas, nada revolucionarias pero sí muy reales, como la de Gore-Tex; su éxito no está en la “magia” de los materiales que inventa sino en su estilo de gestión: no hay jerarquía alguna dentro de la empresa, todo el mundo puede hablar con todo el mundo y no existe nada parecido a un supervisor, un jefe o esa entelequia llamada vicepresidente, según relata Management Exchange. Con estos mimbres, o mejor dicho sin estas rémoras, la empresa está presente en 30 países, cuenta con una plantilla de 9.000 empleados y factura 2.300 millones de euros al año.
Este modelo también se refleja en las formas de producción mediática, donde filtros profesionales que obedecían a intereses empresariales y de marca eran los encargados de construir el discurso social; los periódicos no eran más que fábricas de noticias con rutinas y una organización muy jerarquizada.
Era un momento en que la representación política por delegación era la única forma de construir el sistema, de cohesionarlo y de encauzar sus demandas y reglamentaciones de forma eficaz; era el momento de la democracia de masas.
La cohesión por la comunión era lo que tenían en común todos estos estamentos; los ritos obedecían a esta forma de organización comunal. “La comunión de los Santos”, como paradigma doctrinal eclesiástico, era el núcleo del armazón social en la democracia de masas. La comunión y sus ritos, junto a la dilación en el tiempo de los procesos, obligaban a delegar funciones de representación y a esperar pacientemente resultados.
Juntos asistíamos a la ceremonia democrática de ir a votar, juntos íbamos al cine, al teatro para consumir ocio cultural; la familia se reunía en torno a la TV para comulgar con una o varias cadenas; algunos, además, iban a misa.
Lo que los franceses llaman el milieu social de relación y comunicación ha cambiado, condicionando nuestros hábitos, nuestra manera de entender y de relacionarnos con el mundo.
Un momento en que la descentralización de los instrumentos, que antes daban cohesión y sentido a un modelo de sociedad de masas, está dando paso a una etapa donde lo que florece es el individualismo responsable, capaz de compartir incluso más y mejor que en momentos de cohesión social.
Etapa en la que la comunicación es más directa y menos jerárquica que nunca, en la que podemos expresarnos sin mediación jerárquico-institucional alguna, donde los actos que acaban siendo de masas se convocan, se desconvocan y replican desde el yo y mis instrumentos (iPhone, tablets, etc.) a la velocidad de Twitter; tanto da si es para un botellón como para una manifestación contra los desahucios.
Una etapa donde las ideologías hard, propias de un momento en que las convicciones debían sustentarse en modelos fuertes de amplia comunión y de tradición “solvente”, están dando paso a las ideas soft, que se hacen y deshacen a velocidad de vértigo. Las ideas están, cada vez más, pegadas a las cosas y cada vez menos a las ideologías.
¿Es toda esta capacidad comunicativa e inmediatez en la acción un espejismo democrático, como parece indicar Ignacio en su post?
¿Debemos contemplarla como un peligro o una oportunidad para crear un sistema más transparente, más cercano al individuo?
Gestionar con menor dilación los temas que nos incumben a todos, destruyendo cualquier atisbo de corporativismo en el núcleo de lo público, ¿es bueno o puede desembocar en procesos retrógrados e involucionistas que liberen artefactos de representación ur-fascistas (fascismo eterno), como dice Umberto Eco refiriéndose a Berlusconi y Forza Italia, o a la más reciente El Pueblo de la Libertad?
No tengo la respuesta, pero todo apunta a que se generarán nuevas formas de expresión del individualismo responsable, que, por ejemplo, harán que el nuevo periodismo deje de gestarse solo desde la fábrica, que abandone la marca para pasar a autogestionarse como forma alternativa de canalización, centralización y cohesión profesional del discurso distribuido que se gesta en la vida y en el cosmos de Internet.
Nuevos movimientos querrán asumir la representación, pero la ausencia de dilación, la velocidad de comunicación y la nueva cultura de la intervención desde el yo y mis instrumentos harán que estos sean más fácilmente sustituibles.
Los partidos herederos de fórmulas ideológicas del siglo XIX y XX se desprenderán de lo poco que les vincula a este pasado para pasar a ser organizaciones menos jerarquizadas y con mayor conexión con el milieu. En la medida en que sean capaces de asumir el nuevo paradigma soft, actuando de acuerdo con las demandas en tiempo real del entorno y menos con su propia lógica interna, podrán mantener su posición representativa, ejerciéndola más eficazmente, aunque con menor independencia.
Al neoliberalismo del Hombre de Hojalata sin corazón debe anteponerse un neoindividualismo responsable como forma nueva, no vinculada a formas tradicionales periclitadas, de relacionarnos y construirnos como sujetos.
Una nueva forma que fundamente su fuerza en el individuo-responsable, que, partiendo de la resolución adecuada de lo cotidiano, se oriente hacia la producción de lo social con una mayor involucración del yo-responsable, que no se esconda en la irresponsabilidad de un difuso nosotros.
Presentar el nuevo escenario que justo iniciamos como distópico es un error; advertir de sus riesgos, un acierto.
Albert Pérez Novell
Sobre el autor
Albert Pérez Novell Barcelona, Catalunya Director Ejecutivo de NVConsulting. Experto en Márketing Comunicacional, Consultor en planificación estratégica, comunicación y...
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