Vivir en tiempos posdemocráticos (catálisis sistémica)

En el siglo XXI, especialmente desde la crisis iniciada en 2008, he observado la puesta en marcha de mecanismos que he descrito como generadores del capitalismo gaseoso. En este texto explico cómo ese proceso, catalizado por el capital y el neoliberalismo, ha transformado las reglas políticas y sociales hacia una fase posdemocrática.

Albert Perez Novell
Albert Perez Novell

14 de abril · 610 palabras

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Vivir en tiempos posdemocráticos (catálisis sistémica) - Política

El artículo describe cómo el capitalismo ha evolucionado en el siglo XXI, especialmente después de la crisis financiera global del 2008.

Se ha generado lo que el autor llama "capitalismo gaseoso", caracterizado por la sublimación del sistema y la capacidad del capital para circular y replicarse a la velocidad de la luz, convirtiendo al planeta en un solo mercado que debe operar mediante las nuevas reglas marcadas por este modelo.

El capital es el componente catalizador inalterable en este proceso, y está amparado ideológicamente en el contexto hegemónico neoliberal.

En este modelo, el capital financiero domina el sistema a través de los bancos transnacionales y su preponderancia sobre el productivo, y el FMI, el BM y el BCE trazan las políticas económicas y monetarias-financieras.

El neoliberalismo ya no es solo una forma de relacionarse con el mercado, sino que se ha convertido en el núcleo básico en el que gira todo el sistema económico, político y social.

Las instituciones estatales y los mecanismos políticos que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial, como el Estado del Bienestar, son obstáculos para esta nueva forma de capitalismo.

En este siglo XXI, especialmente a partir de la crisis iniciada en 2008, se ha catalizado, es decir se ha precipitado, la puesta en marcha de diversos mecanismos que, en algún post anterior, he descrito como generadores del capitalismo gaseoso (el sistema se sublima y ya no pasa por la fase líquida que describe Bauman).

En los procesos de catalización química existe un componente (el catalizador) que siempre permanece inalterable, mientras que el resto reaccionan y se precipitan hacia un cambio rápido.

El elemento catalizador inalterable es, sin duda, el capital, que, por una parte amparado ideológicamente en el contexto hegemónico neoliberal, y por otra, liberado de sus corsés físicos, transmutado en pura información, es capaz de circular y replicarse a la velocidad de la luz, convirtiendo al planeta en un solo mercado (24/365), que debe funcionar con las nuevas reglas que marca el capitalismo gaseoso.

Detalle de las características:

  • Orientación de los flujos de capitales en la dirección Norte-Norte.
  • Dominio absoluto del sistema por el capital financiero, a través de los bancos transnacionales.
  • Arquitectura financiera donde la dirección es ejercida por el FMI, el BM o el BCE en Europa, que trazan las políticas económicas y monetario-financieras.
  • Preponderancia del capital especulativo sobre el productivo.
  • Utilización de la deuda externa como mecanismo e instrumento de negociación e imposición de las políticas de ajuste neoliberal.
  • Lo político al servicio de lo económico.
  • Descrédito de los políticos, corrupción y crisis de la representación.
  • El neoliberalismo, en este escenario posdemocrático, ha dejado de ser solo una forma de relacionarse con el mercado, de regularlo o desregularlo, y se ha convertido en el núcleo básico, en el único modelo, sobre cuya lógica gira todo el sistema, en lo económico, en lo político y en lo social.

En este modelo, las instituciones estatales y los mecanismos políticos que gestaron después de la II Guerra Mundial, lo que en Europa se ha llamado el Estado del Bienestar, son obstáculos que necesariamente deben desaparecer para que la catálisis del sistema funcione y se adapte a este nuevo orden mundial.

Si nos fijamos, todo esto afecta a lo micro del comportamiento político; vemos cómo se presentan las situaciones en esta fase de transición posdemocrática, en la que aún conviven formas de representación clásicas con otras formas de ejercicio que distan mucho de lo que hasta ahora entendíamos como reglas del comportamiento político.

¿Qué pasa?:

  • Cuando los partidos políticos han perdido su base social y parecen más “expertos en marketing” que otra cosa.
  • Cuando la tendencia en el mundo occidentalizado es a la generalización del zynikerpolitik, el “cinismo político”, como la única forma de ejercer la política.
  • Cuando democracia y corrupción se nos presentan, interesadamente, como las dos caras de una misma moneda.
  • Cuando asistimos a la transmutación del debate político por el scoop en prime-time de la televisión (debate Congreso de los Diputados / Esquerra Republicana, expulsión).
  • Cuando la crisis de la representación es más evidente que nunca.
  • Cuando los cómicos son capaces de igualar o superar resultados de los partidos de amplia tradición (Beppe Grillo).
  • Cuando hasta las monjas contemplativas nos transmiten más credibilidad y las percibimos como más representativas que los políticos al uso (mejor dicho, al desuso).

Lo que pasa es que ya no estamos en el modelo anterior; la catálisis ha terminado y, sin darnos cuenta, hemos traspasado la puerta de Alicia y el hombre de hojalata, sin corazón, nos aguarda.

Recomiendo leer a Colin Crouch, cuyo libro Post-Democracy ha inspirado este post.

Albert Pérez Novell

Albert Perez Novell

Sobre el autor

Albert Perez Novell

Albert Pérez Novell Barcelona, Catalunya Director Ejecutivo de NVConsulting. Experto en Márketing Comunicacional, Consultor en planificación estratégica, comunicación y...

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