Ikea: bienvenido a la metáfora independiente de mi yo

Recientemente he visitado Ikea y he rememorado la sensación que tuve en la primera visita. Ikea es como una metáfora de la vida; este comentario que quedó entre mi mujer y yo lo expongo impúdicamente en este diario íntimo que es un blog.

Albert Perez Novell
Albert Perez Novell

27 de julio · 370 palabras

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Ikea: bienvenido a la metáfora independiente de mi yo - Filosofía

El artículo compara la vida con un intrincado laberinto de decisiones, algunas tomadas libremente y otras impulsadas por presiones externas. El autor reflexiona sobre su visita a Ikea, describiéndola como una metáfora de la vida.

En Ikea, los clientes compran cajas en lugar de objetos, lo que les permite ser co-productores de muebles en la republica independiente de sus hogares, lo que le da una sensación de construcción del sujeto consumista autónomo.

El artículo relaciona el almacén final de Ikea con el macizo almacén que es mostrado al final de Citizen Kane y en En busqueda del Arca Perdida, como una metáfora de la apropiación de los objetos de deseo y la falta que se busca llenar en la vida.

En resumen, el artículo destaca la complejidad de la vida y la tendencia del consumidor a buscar satisfacer sus deseos y llenar sus faltas, lo que en última instancia, impulsa el motor del consumo.

La vida se asemeja a un intrincado laberinto, la misma es una sucesión de decisiones, algunas de ellas tomadas libremente, otras resultado de la presión de las circunstancias, del inconsciente o del apremio del tiempo. Para poder salir o encontrar el centro del laberinto, que es nuestro propio centro, se requiere un esfuerzo inmenso.

Mientras tanto nos entretenemos.

Recientemente he visitado Ikea y he rememorado la sensación que tuve en la primera visita: Ikea es como una metáfora de la vida, este comentario que quedó entre mi mujer y yo, ahora lo expongo impúdicamente en este diario íntimo que es un blog.

La primera vez que entré en Ikea, hace unos años, me sorprendió la estructura intrincada de la tienda. No compré nada, pero al final del laberinto me aguardaba, no el minotauro, ni Breivik (minotauro de las sociedades avanzadas de occidente), sino el paraíso, un inmenso almacén lleno de cajas listas para que te las lleves a casa. De hecho la gente en Ikea compra cajas, no objetos; ahí radica parte de su éxito, en que permanezca oculta la mercancía hasta que la abras y la reconstruyas en la república independiente de tu casa. Te conviertes en coproductor de muebles y así gozas del simulacro de construirte como sujeto consumista autónomo.

Recuerda este almacén final del laberinto Ikea al plano final de la película Citizen Kane, el mismo inmenso almacén que contiene todo lo que había amasado, sin criterio, el personaje Kane que encarna Orson Welles, buscando el objeto de deseo perdido, su Rosewood (¿trineo?, ¿madre?, ¿madre sublimada en trineo?) y que Spielberg retomó al final de "En busca del arca perdida" (otro oscuro objeto de deseo).

En Ikea todas las cajas del almacén no son nuestras, al contrario de las de Kane que sí le pertenecían. Pero es igual, sabemos que están allí y siempre podremos volver a conseguirlas.

Este es el motor del consumo, el Rosewood particular de cada sujeto consumidor, la falta que todos queremos llenar.

¡Buenas vacaciones!

Albert Pérez Novell

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Albert Perez Novell

Sobre el autor

Albert Perez Novell

Albert Pérez Novell Barcelona, Catalunya Director Ejecutivo de NVConsulting. Experto en Márketing Comunicacional, Consultor en planificación estratégica, comunicación y...

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