Una virtud moral del ser: la humildad

Una paremia dice: “En silencio se realizan las grandes cosas”. De ahí la importancia de la reflexión crítica del ser. Sobre todo en un tema tan importante como la “humildad”.

Jaime Noé Villalta Umaña
Jaime Noé Villalta Umaña

8 de abril · 1633 palabras

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Una virtud moral del ser: la humildad - Filosofía

El artículo explora el concepto de humildad, que se deriva de la palabra latina "humus", que significa "lo oculto" y está relacionado con el suelo. Los filósofos, como Kant, consideran la humildad como una virtud central en la vida.

La teoría sugiere que una persona humilde no proclama sus resultados, sino que los guarda para sí mismo en su interior.

Desde un punto de vista bíblico, la humildad puede definirse como la capacidad de reconocer que nada de lo que hemos logrado proviene de nuestra habilidad personal, sino que es el Creador, Dios, quien nos da el conocimiento y la sabiduría.

Al abordar esta virtud, el artículo menciona también la importancia de reconocer que la honra y gloria son para Dios. En la vida cotidiana, la humildad implica reconocer que somos pequeños ante el poder divino y no buscar la grandeza.

Jesucristo es el mejor ejemplo, ya que no buscó la grandeza porque Él era y es grande. En resumen, la humildad requiere reconocer nuestra limitación y depender de algo o alguien mayor.

¿Qué es la humildad? ¿Cómo manifestarla en nuestros actos?

Esta palabra originalmente se traducía como lo oculto, y se relacionaba con uno de los elementos del suelo; me refiero al húmus.

Los filósofos se han expresado al respecto; por ejemplo, Kant la consideraba como una virtud central en la vida; en fin, el caso es que unos y otros se han expresado al respecto, al punto que se teoriza que una persona humilde no proclama sus resultados, sino que los guarda para sí, en su interior.

A medida que se vaya desarrollando el presente artículo, buscaremos juntos algunos puntos en común que nos permitan comprender el concepto y, por supuesto, su aplicación en la vida cotidiana; aclaro, no profundizaré en aspectos religiosos; sin embargo, desde un punto de vista bíblico, la humildad puede definirse así: “Capacidad de reconocer que nada que hayamos logrado proviene de nuestra habilidad personal, sino que es el Creador, Dios, quien nos da el conocimiento y la sabiduría”; así las cosas, la honra y gloria es para Jehová (algunos entendidos opinan que en el texto hebreo original no se utilizaban vocales, y las consonantes utilizadas para el nombre de Dios eran: Y H W H. De lo anterior algunos concluyeron que, para no cometer imprecisiones, lo mejor era llamarle Dios o Señor; sin embargo, la Biblia, dependiendo de la traducción, utiliza en el Salmo 83:18 los nombres Yahweh, Yahvé, Yavé, Jehová o Jehovah).

En relación a lo expuesto en el párrafo anterior, comparto con ustedes parte de la dedicatoria de una tesis de graduación: “Dedicado a la gloria y honra del Supremo Creador, Dios todopoderoso, quien me concedió la capacidad y fortaleza para vencer los obstáculos que se presentaron durante mi proceso de formación académica”.

Al hablar de esta virtud, llamada humildad, Jesucristo, el hijo de Dios, es el mejor ejemplo; pues jamás buscó la grandeza. ¿Por qué? Porque él era y es grande; en consecuencia no necesita demostrársela a nadie, mucho menos buscarla. En los seres humanos implica reconocer que somos pequeños ante el poder infinito del Creador, Dios (YHWH); sin importar cuánto dinero se posea, autoridad o títulos académicos se ostenten; Jehová está por encima de todos.

En lo secular (no relacionado con la religión), la humildad está íntimamente relacionada con la aceptación del ser, en lo positivo y negativo; reconocimiento de fortalezas, capacidades, habilidades, pero también defectos y debilidades. El que se reconozcan estas últimas no significa que no debamos luchar por cambiar. Cada día es una oportunidad que Dios nos da para que mejoremos.

Lo anterior implica que, para ser humilde, en un primer momento tenemos que conocernos; caso contrario, jamás se podrá practicar esta virtud. Todos los seres humanos tenemos defectos, cometemos errores; en fin, si no nos damos cuenta de ello, obviamente no podremos modificar; de ahí la importancia de que nos conozcamos.

El contrasentido de la humildad se expresa en aquellas conductas en que el individuo presume, se jacta o vanagloria. Obviamente el que presume, no es; el que es, es; y como se dijo anteriormente, no necesita demostrarlo, mucho menos decirlo.

Ahora bien, en un sentido teológico ser humilde implica negarse a sí mismo y entregarse. El vocablo hebreo que la origina, entre otras cosas, significa afligido, humillado, oprimido; de tal forma que la palabra ha sido traducida de diferentes maneras, entre ellas: humildad, mansedumbre, aflicción; asimismo suele asociarse con sometimiento o ponerse abajo. En este último caso debe entenderse que el ser humano debe someterse a Dios; humillarse a Él.

A manera de colofón, la humildad es “reconocer que somos seres dotados de capacidad e inteligencia, pero también que tenemos defectos y constantemente cometemos errores”.

En el diario vivir suelen darse algunas anécdotas relacionadas con esta virtud; narro a continuación algunas experiencias que, a lo mejor, permitan comprender mejor el concepto.

Hace unos días llegó a mi correo una historia muy bonita que deseo compartir, por supuesto, no sin antes poner mi ingrediente personal. La verdad me inspiró, no sólo a escribir, sino a realizar una reflexión crítica de mi ser.

De niño escuché tantas veces decir a la gente los siguientes refranes:

  • En boca cerrada no entran moscas.
  • Se hace más callando que hablando.

Bueno, lo que, por supuesto, tiene sentido; sin embargo, de un modo relativo.

Impartiendo clases, un estudiante me cuestionó, diciendo:

- De nada sirve lo que usted dice, porque a lo mucho logra llegar a nosotros y nuestra familia con sus ideas; yo por eso prefiero no emitir opiniones.

A lo anterior respondí que respetaba su opinión y que incluso la consideraba razonable, pues todos, en uno u otro momento, nos sentimos desilusionados e incapaces de no poder contribuir con los cambios sociales, porque no somos escuchados, mucho menos se nos toma en cuenta nuestra opinión; sin embargo, le hice ver que si los pensadores no dieran a conocer sus ideas, aún estaríamos viviendo en el oscurantismo de la Edad Media y bajo el sistema feudal.

Comentó lo anterior debido a la importancia que tiene en la sociedad expresar nuestras ideas; como slogan publicitario se oyó en El Salvador lo siguiente: “está prohibido guardar silencio”. Todos coincidimos en que debemos participar.

Otra anécdota importante me la comentó un carpintero, amigo mío; por respeto reservo su nombre, pues el mío lo doy a conocer y asumo el riesgo. Pues bien, este amigo me contaba que en una ocasión fue recomendado para trabajar con un alemán, y éste le inquirió de la siguiente manera:

- ¿Es usted carpintero?

Mi amigo respondió:

- Sí, medio carpintero.

El alemán contestó:

- No le puedo dar el trabajo, porque necesito un carpintero.

Mi amigo es uno de los mejores carpinteros que conozco; pues trabajó para una empresa que exporta muebles de fino acabado.

Las personas niegan su ser por temor a ser señaladas como jactanciosas.

Otra experiencia la viví de manera personal. En cierta ocasión, cuando me encontraba en el Palacio de Justicia en Santa Ana, me saludó una amiga, quien me preguntó:

- ¿Qué anda haciendo?

Mi respuesta inmediata fue:

- Aprendiendo.

El caso es que esta amiga me hizo perder un trabajo; pues no se le olvidó mi respuesta, por lo que advirtió a un cliente que yo no era abogado, sino que estaba aprendiendo.

Muchas veces las personas, su servidor se incluye, utilizamos expresiones como las señaladas anteriormente para no parecer arrogantes.

En la docencia, por ejemplo, constantemente insisto a mis alumnos que estoy aprendiendo día a día con ellos; no faltará alguien que piense que soy incapaz; lo digo de esa manera por no decir ignorante, porque en eso el estudiante tiene toda la razón; sé que ignoro muchísimas cosas; sin embargo, me dedico e investigo a fin de ir desarrollando mis capacidades. El lector sabe que día a día aprendemos algo nuevo, pero la especialidad está por encima del aprendizaje asistemático de la cotidianeidad. Yo soy Profesor Nivel I, especialista en Ciencias Sociales, y para ello no solo cursé estudios universitarios, sino que fui sometido a un examen que debía pasar con una nota mínima de 7, tal como lo establece la ley.

Hechas las reflexiones anteriores, comparto la historia que llegó a mi correo; la transcribo textualmente, excepto por algunas correcciones ortográficas que hice.

Caminaba con mi padre, cuando él se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:

- Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas alguna cosa más?

Agudicé mis oídos y algunos segundos después le respondí:

- Estoy escuchando el ruido de una carreta.

- Eso es —dijo mi padre—, es una carreta vacía.

Pregunté a mi padre:

- ¿Cómo sabes que es una carreta vacía si aún no la vemos?

Entonces mi padre respondió:

- Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por causa del ruido. Cuánto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace.

Me convertí en adulto y hasta hoy, cuando noto a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuna, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y haciendo de menos a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo:

- Cuánto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace.

La humildad consiste en callar nuestras virtudes y permitirle a los demás descubrirlas. Y recuerden que existen personas tan pobres que lo único que tienen es dinero.

Nadie está más vacío que aquel que está lleno del “yo mismo”.

Seamos lluvia serena y mansa que llega profundamente a las raíces, en silencio, nutriendo.

La historia anterior está llena de sabiduría; pues me hace recordar el axioma que escribí al principio y que repito como colofón: “En silencio se realizan las grandes cosas”. En silencio se formaron todos mis órganos internos; de la misma manera germina la semilla, se realiza la fotosíntesis; en fin, son miles de ejemplos que se podrían citar.

Ahora bien, el lector debe reflexionar sobre su comportamiento. De manera que la próxima vez que usted tenga que hablar sobre sus habilidades o capacidades, dígalas, pero no para tener de menos a alguien. Yo escribo, expreso mis ideas, y me identifico con nombre y profesión; pues es verdad que sí soy profesor y abogado. ¿Cree usted que alguien se interesaría en leer mis artículos si no especifico mi profesión? Aun así, pocos lo hacen. En Facebook, sólo 600 salvadoreños están interesados en cultura. Decir la verdad no es falta de humildad; incluso algunos pensadores asocian ambos conceptos en sus definiciones. En lo que a preparación académica se refiere, cito para énfasis las siguientes palabras: “La humildad, que no abunda entre los doctos, aún es menos frecuente entre los ignorantes” (Anatole France).

La reflexión final: poseer dinero o un título académico no es motivo para que veamos bajo nuestros pies a los demás; al contrario, brindemos nuestro servicio, no olvidemos que sobre cada profesional pesa una hipoteca social. Sirvamos a los demás con humildad.

Por Lic. Jaime Noé Villalta Umaña

Prof. y Abg.

Jaime Noé Villalta Umaña

Sobre el autor

Jaime Noé Villalta Umaña

Dios, familia y trabajo. Vivir con responsabilidad y honradez es mi lema. Me gradué como Profesor y posteriormente como Licenciado en Ciencias Jurídicas, autorizándome como...

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