Los presocráticos
Los primeros filósofos son materialistas porque plantean un principio (arjé) material capaz de explicar, más allá de los mitos, el origen y el fin de la naturaleza. El pensamiento mítico estaba ligado a la religión y a creencias transmitidas de generación en generación, mientras el pensamiento presocrático cuestiona ese marco y busca explicaciones racionales.
15 de mayo · 1591 palabras
El artículo discute las dos escuelas filosóficas principales en la antigua Grecia: los milesios (Tales, Anaximandro y Anaxímenes) y los pitagóricos.
Los milesios, incluyendo a Tales de Mileto, eran ingenieros y matemáticos, y se centraron en la idea de que la sustancia fundamental de todo era el agua o lo indeterminado, según la perspectiva de Anaximandro.
Ambos filósofos rechazaron la teoría de los cuatro elementos clásicos, y creían que todo estaba lleno de dioses. Anaxímenes, por su parte, propuso que el arjé, o sustancia fundamental, era el aire.
La escuela de Mileto se centró en la cosmología y no se planteó temas religiosos; por lo tanto, no tenían una visión ética o sociológica, al contrario de los pitagóricos.
Las principales contribuciones de los filósofos presocráticos incluyeron la idea de la unidad como causa explicativa, la noción de que el devenir es una transformación de un sustrato y la búsqueda de la causa.
Además, aunque los presocráticos eran ingenuos en algunos aspectos, como la equiparación entre el saber y el objeto de conocimiento, sentaron las bases para el pensamiento filosófico que los siguió.
Finalmente, los pitagóricos, un grupo más hermético, exploraron la noción de que los números fundamentan el universo.
Hay dos escuelas: los milesios (Tales, Anaximandro y Anaxímines) y los pitagóricos.
Tales de Mileto fue ingeniero y matemático, famoso por la predicción de un eclipse. El principio es el agua: “Todo es agua, nada está fuera del agua”. Lo destacable es que argumenta su principio con la observación (“las semillas son húmedas”). A nivel antropológico anunció que “todo está lleno de dioses”, lo que presupone que los dioses son hombres y los hombres son dioses.
Anaximandro dialoga con Tales y le pregunta: si el agua se sostiene en el agua, ¿dónde se sostiene el agua? Su principio es el apeirón (lo indeterminado, no concreto, invisible, amorfo, ilimitado). El apeirón es un nivel más alto de abstracción que el de Tales. Para Anaximandro los cuatro elementos míticos (fuego, tierra, aire y agua) son determinaciones del apeirón. Lo indeterminado sería lo más parecido al concepto de energía. Anaximandro reconoce un proceso regular:
“Principio y origen de todas las cosas es el apeirón. Donde las cosas tienen su origen, allí va también su perecer, según necesidad. Pues se paga recíprocamente castigo por injusticia según el orden del tiempo.”
Fue el primer pensador evolucionista (el hombre proviene del pez; aunque se basa en un presupuesto erróneo).
Anaxímenes, contemporáneo a Anaximandro, tiene como arjé el aire (un intermedio entre el agua y el apeirón).
La escuela de Mileto se sustenta en un monismo de la sustancia; son cosmólogos y no se plantean temas religiosos ni tienen una visión ética o sociológica. Hay cuatro puntos a destacar del logos de los presocráticos:
- La idea de explicar algo es reducir la multiplicidad a una unidad.
- El devenir se explica cuando se lo entiende como transformaciones de un sustrato.
- La búsqueda de una causa.
- Distinción entre esencia y fenómeno.
Son ingenuos:
- Desde el punto de vista racional, esencia es diferente de apariencia.
- No se distingue entre individuo y propiedad.
- Equiparación entre saber y objeto.
Los pitagóricos constituyen una especie de logia que guardaba celosamente sus conocimientos. Su arjé son los números (que son inmateriales, abstractos). Respecto a los milesios son dualistas: hay un paso del monismo de la sustancia al dualismo (día/noche, hombre/mujer). Tenían una clara influencia órfica y rendían culto a Dionisio (lo caótico, los placeres, las orgías, lo oscuro). Tenían creencias de tipo místico y propugnaban una vida sana para cultivar el espíritu.
Jenófanes de Colofón propone una teología constructiva: existe una divinidad no antropomórfica. Lo uno es Dios; señala la limitación del conocimiento humano.
“Un solo Dios, el mayor entre los dioses y los hombres, no semejante a los mortales ni en su cuerpo ni en su pensamiento”.
Los padres de la metafísica y la ontología son Heráclito y Parménides.
Heráclito entiende la filosofía como una totalidad (Aristóteles fue quien separó la filosofía de otras ciencias: la filosofía es el estudio del ser en cuanto ser).
Pensaba que la polis (ciudad-estado griega) es una oposición de contrarios, una lucha de clases, y percibe la lucha política (aristocracia-democracia).
“Es sabio convenir que todas las cosas son una”.
Distingue entre tres tipos de hombres: 1) los que han entendido el logos; 2) los que han oído el logos, pero no lo han entendido; 3) los que no lo han oído ni lo han entendido.
“El logos (verdad, método, fuego, ley, esencia, razón, lo común, la divinidad) es uno, pero los hombres viven fijándose en la multiplicidad”.
La verdad es aquello que está oculto: “la realidad gusta ocultarse”. Todos los conocimientos comienzan por los sentidos, pero deben ser interpretados: “todas las cosas ocurren según el logos”. La función del filósofo será buscar las leyes, las regularidades de la naturaleza: todo está sometido a un cambio según la oposición de contrarios. Lo que sucede en la realidad no es debido al azar; todo está sometido a una ley (no dictaminada por la divinidad)... las leyes no las crea nadie, están en la naturaleza.
“El logos es lo común y, sin embargo, los hombres tienen inteligencia particular”. El concepto de unidad forma parte de la realidad perceptiva: “todas las cosas se gobiernan a través de todas las cosas”.
“La guerra es el padre y el rey de todas las cosas”: el concepto de armonía no es estático ni uniforme; no es la medida entre dos extremos, sino la existencia de opuestos en todos los ámbitos de las cosas.
La necesidad no es el destino fijado por los dioses; la necesidad es aquello que sucede en el universo: “es necesario que el pueblo luche por la ley como la muralla de su ciudad”. Ley = divinidad.
A partir de Heráclito los términos filosóficos comienzan a ser polisémicos: en el mundo mítico las palabras tienen eficacia de cumplimiento; con Heráclito el logos representa el significado oculto de las cosas.
Parménides escribe su obra en hexámetros y la divide en dos partes: vía de la verdad y vía de la opinión. Novedosamente utiliza el concepto de ser como un sustantivo (“el ser”), lo utiliza como sujeto, como si fuera un nombre; antes sólo tenía el sentido copulativo. El concepto de ser se opone al devenir y al morir (“la existencia de los dioses es eterna”). Aunque parece una tautología afirmar que “el ser es”, enfatiza que el ser es la característica común a todas las cosas (Aristóteles afirma que “el ser se dice de muchas maneras, aunque en orden a una sola cosa” — sustancia, substare aquello que hay debajo). “El ser existe, el no ser no existe”. Tres interpretaciones:
- Jaeger. Atribuir los atributos de la divinidad al ser. Lo emparienta con Jenófanes.
- Burner. Emparienta con los milesios. Explicación material; pitagóricos importancia del número (para Platón importancia de lo formal).
- Colagero. Interpretación legista o formalista. Argumenta de una forma lógica porque era un legislador.
Proemio: escrito en lenguaje religioso. La verdad entendida como iluminación, descubrimiento que adviene después de un viaje:
- Está interesado en la racionalidad lógica.
- Verdad ligada al concepto de ser.
- Verdad opuesta a la opinión de los mortales.
- Verdad es racionalidad.
- El método se alegoriza con el concepto de camino.
Nos propone dos metáforas:
- Eliades (hijas del sol). La verdad tiene un carácter de iluminación.
- Puerta de día y de noche. Se necesita una metodología para alcanzar la verdad.
No es un poema religioso salvo desde el punto de vista formal, aunque se puede interpretar como una invitación a ir de la oscuridad a la luz. Tenía conciencia de la novedad que aportaba:
“Mi camino está fuera del trillado sendero de los hombres”.
Es consciente de que es una filosofía abstracta que se aparta de las filosofías anteriores y del sentido común. Afirma que es necesario conocer todas las opiniones para criticarlas. Como legislador entiende que la verdad es necesaria, no contingente, inmutable y redonda.
Vía de la verdad: explica los signos del ser y sus manifestaciones. El ser se fundamenta en el principio de no contradicción. Identifica el ser con el pensar, mientras el no ser no tiene ningún tipo de existencia. Al principio parece que propone tres vías: 1) la verdad (donde se comienza se llegará, la circularidad); 2) no ser; 3) la opinión. Después afirma que sólo existe una vía; la del ser. Su argumentación es circular y siempre utiliza el ser en singular.
Si el pensar y el ser son lo mismo, el no ser no puede ser pensado. ¿Cómo entiende el ser? Lo entiende como una esfera; si se refiriese al cosmos no podría existir el no cosmos. Tres interpretaciones:
- “Lo que puede decirse y pensarse debe ser.” Interpretación formalista.
- “Se debe decir y pensar lo que es, pues es posible ser mientras que la nada no es posible.” Interpretación realista.
- “Para el poner que reúne tanto como el percibir este es necesario: el ente en su ser.” Interpretación heideggeriana. El lenguaje es más abstracto que la complejidad del mundo y, por consiguiente, el lenguaje reúne; es más selectivo (Nietzsche es consciente de que al hablar despreciamos los decimales, redondeamos). Parménides intenta hacer una reunión esencializadora.
Vía de la opinión: el mundo sensorial no es absolutamente verdadero, sino verosímil. Sostiene que los mortales, basándose en la vía de la opinión, se equivocan cuando afirman que el ser es material, visible. Aunque, como sostiene Platón, Parménides es el iniciador del idealismo, tiene una teoría materialista del conocimiento: una cosa es cómo se genera y otra cómo se articula... el conocimiento se genera a través de la sensación, pero una vez asimiladas sus leyes no dependen de la realidad empírica. Esto podría interpretarse como un precedente de la crítica de la razón pura de Kant, que afirma que todo conocimiento comienza por la experiencia, pero no por ello todo procede de ella; se requieren conocimientos a priori que permiten dar orden a la experiencia sensible.
Sofistas:
En esta época surge la tragedia y las preocupaciones se centran en los temas humanos (justicia, valor...).
Protágoras: “El hombre es la medida de todas las cosas, en cuanto lo son y en cuanto no lo son”. El hombre es el criterio de verdad, pero es subjetivo, desligado de la divinidad o entidad exterior. Es una época de relativismo:
- Disolución de valores religiosos.
- Procesos de relativización histórica.
- La polis comienza a oponerse.
Gorgias: el hombre no es capaz de conocer con absoluta certeza la verdad y, si la hubiera, no podría ser perfectamente expresada por las palabras.
Antifonte: “Así como se siembra, se recoge”.
Los sofistas, a diferencia de los pitagóricos, para quienes la educación era fundamentalmente un sistema de selección, consideran la educación como abierta. El principal problema para los sofistas es la anomia (carencia de leyes), ya que sostienen que conduce a la tiranía.
Sobre el autor
Licenciado en filosofía y en psicología por la Universidad Central de Barcelona. Máster en psicoterapia humanista por el Instituto Erich Fromm.
36 artículos · 69.337 lecturas
Artículos relacionados
Nota Sobre Heidegger
El Ser y La Temporalidad: breve esbozo de algunas consideraciones personales, un intento...
Una virtud moral del ser: la humildad
Una paremia dice: “En silencio se realizan las grandes cosas”. De ahí...
El comportamiento valioso desde un punto de vista axiológico
La axiología es una rama de la filosofía que estudia los valores y los...
La ignorancia de la ignorancia y la conciencia de la ignorancia
La soberbia y la negación de las limitaciones humanas intrínsecas causan...
La Diana. filosofía para el buen vivir
Los pensadores, los filósofos, los que de la vida hablan con profundo misterio;...
Reflexiones del alba al ocaso. filosofía como estilo de vida
No importa cuánto dure la vida, sino lo que hacemos mientras estamos vivos. Suelta...