Influyente y humanitario, mi experiencia con Leandro Viotto Romano
Tiene 28 años; a los 23 creó la Fundación Internacional de Jóvenes Líderes y, a los 26, ya había recibido las llaves de la ciudad de Miami y la medalla de bronce al mérito de la Universidad de Italia, entre otras distinciones. Influyente y carismático, comparto mi experiencia en una de sus conferencias.
23 de junio · 541 palabras
El argentino Leandro Quiroga tiene 28 años y fundó la Fundación Internacional de Jóvenes Líderes a los 23 años.
Ha sido reconocido por numerosas instituciones en diferentes países, pero lo más admirable es su capacidad para inspirar y liderar a personas de todas las edades y ámbitos de la vida.
Un ejemplo de ello fue su discurso en el encuentro juvenil internacional en Querétaro, México, en el que habló sobre la pobreza y lo que los estados deben hacer para erradicarla.
Según Quiroga, la pobreza es el resultado de una compleja combinación de factores éticos, económicos, sociales y políticos que atraviesan la historia de una sociedad.
No se trata de quitar a los ricos para dar a los pobres, sino de generar políticas públicas que no solo integren, sino también equiparen los derechos de todos.
Su capacidad para liderar y motivar a las personas lo hacen un ejemplo a seguir en lo que a responsabilidad social y oportunidades para jóvenes se refiere.
Tuve la oportunidad de conocerlo durante una gira que realizó por México y que lo llevó a recorrer gran cantidad de universidades y alcaldías del país.
Tiene 28 años, a los 23 creó la Fundación Internacional de Jóvenes Líderes y a los 26 ya había recibido las llaves de la ciudad de Miami y la medalla de bronce al mérito de la Universidad de Italia, entre otras distinciones.
Sin embargo, no es esto lo que más me llamó la atención. A su corta edad, Leandro es admirado no solo por los jóvenes que lo escuchan en sus conferencias sino también por artistas, ministros, alcaldes, presidentes y un sinfín de empresarios que, si bien para el común de los mortales acceder a ellos resulta casi inaccesible, en este caso hacen fila para reunirse con él.
Podría decir que es un “encantador de serpientes”, pero siento que sería injusta. Evidentemente su trabajo es tan importante que resulta indispensable tomarlo de guía a la hora de pensar en oportunidades para jóvenes y responsabilidad social. Recuerdo a una joven que, al escucharlo, dijo: «habla como cubano, tiene acento argentino y se viste como italiano».
Apenas subió al escenario del encuentro juvenil internacional "Todo es posible", organizado por el gobierno de Querétaro, un tumulto de silbidos invadió el teatro. Y era lógico. El 80 por ciento de los asistentes eran mujeres que ni superaban los 27 años y no faltaba una que no viera en él a un muy guapo e imponente argentino. Su conferencia se basó en un tema central: la pobreza.
Entre otros conceptos expresó: "La pobreza y el hambre son el resultado de un cúmulo de procesos complejos relacionados a falencias éticas, económicas, sociales y políticas que atraviesa una sociedad a través de su historia. No se trata aquí de quitarles a los más ricos para darles a los pobres y volverlos un rato más adinerados. Los estados deben esmerarse por generar políticas públicas que no vuelvan a nadie más pobre sino a todos cada vez más ricos."
Que integren, pero por sobre todo que equiparen derechos. Que el hijo del pobre tenga las mismas posibilidades de desarrollarse que el hijo del rico. Su intervención duró una hora y tan impactante resultó que, al finalizar, lo único que podían verse eran muchachas con su maquillaje corrido por el llanto y dos conductores que no sabían cómo volver el auditorio a la normalidad.
Era todo pura conmoción. La conferencia había terminado y, como una verdadera estrella de rock, a Leandro no se lo pudo ver más hasta pasada la noche en que el alcalde Loyola ofreció un cóctel en la alcaldía. Allí, sobre las puertas de acceso, se encontraban por lo menos 200 jóvenes que aguardaban para tomarse una foto con el CEO de jóvenes líderes.
Luego de vivir esta experiencia única, he quedado convencida de que a la juventud nos espera un período lleno de reflexión, tolerancia y virtuosidad. Se nota, se siente, que no todo está perdido.
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