Marx vuelve. muy bien, pero quiero ser explotado

En la época de vacas gordas caímos en el simulacro de un discurso interesado del management moderno, que presenta al factor humano como un activo de valor (capital humano). ¿Actuamos de buena fe, o nos creímos que, mientras el excedente se repartía más generosamente—ICP más 1 o 1,5 cada año—la subida de los sueldos nos acercaba a un reparto más equilibrado?

Albert Perez Novell
Albert Perez Novell

15 de mayo · 967 palabras

Compartir: 𝕏 Twitter 📱 WhatsApp
Marx vuelve. muy bien, pero quiero ser explotado - Actualidad

El autor del artículo reflexiona sobre el valor del factor humano en las empresas y cómo esto ha sido visto en la época de vacas gordas.

En ese momento, se creía en la distribución equitativa del excedente, pero con la crisis económica, el poder en las organizaciones ha quedado en manos de la gerencia y se evidencia que el único interés es la repartición del excedente.

Antes se hablaba de empoderamiento, pero ahora esto no es posible debido a los tiempos neodikensianos en los que vivimos. El capital humano ha sido siempre una mercancía y actualmente no tiene mercado, lo que ha llevado a una desregulación del mercado laboral que obedece a intereses empresariales.

La conclusión del autor es que la crisis ha colocado las cosas en su sitio y que el discurso democrático en las organizaciones es cosa del pasado. Los progres deben volver a ejercer como tales y no como reformistas neoprogres-ejecutivizados.

El espectáculo de la desregulación del mercado laboral que está ocurriendo en España es una muestra de lo que no debería ser.

En la época de vacas gordas, algunos caímos en el simulacro de un discurso interesado del management moderno, que considera el factor humano de la empresa como uno de los activos de mayor valor (capital humano).

¿Buena fe, o nos creímos que, como el excedente se repartía más generosamente, ICP + 1 o 1,5 cada año, en la subida de los sueldos, habíamos encontrado el camino fácil hacia un cierto equilibrio en el reparto? ¿Olvidamos el ADN del sistema?

El reparto del poder del que algunos hablábamos y teorizábamos, e incluso contribuimos a su implantación, se evidencia como una ficción, lo único que importa es el reparto del excedente.

Defendíamos conceptos como empoderamiento, ceder poder a cambio de compromiso, es decir, la ficticia participación en el poder del empleado. Decíamos: los empleados deben encontrar formas de usar su conocimiento y habilidades para que sucedan cosas buenas, y añadíamos que el temor a la pérdida de poder por parte de la gerencia es la mayor barrera al empowerment de los empleados.

Pero qué empoderamiento, ni qué narices, en los tiempos neodikensianos a los que nos vemos abocados no caben frivolidades de este tamaño. Cómo vamos a pedir a los empleados tamaño dislate. Se acabó el chollo del discurso democrático en las organizaciones.

Los progres tendrán que volver a ejercer de progres, como antes, no de reformistas neoprogres-ejecutivizados.

La crisis está poniendo las cosas en su sitio y este capital humano se nos presenta como lo que en realidad ha sido siempre “una mercancía” (Marx vuelve). Una mercancía hoy excedente, que no encuentra mercado que la compre transformándola en empleo. Tan escaso es el empleo que quizás sorprendería a Marx alguna reacción en la línea del titular: prefiero ser explotado a vivir en la indigencia.

La evidencia: el lamentable espectáculo de la desregularización del mercado del trabajo que está introduciendo el gobierno de España, que solo obedece a los intereses espurios del empresariado más cutre y con menor proyección internacional de Europa.

Como, según dicen, no podemos devaluar el euro, devaluamos el país. Lo que se traduce, fundamentalmente, en una devaluación de las rentas del trabajo, entre otras cosas, como servicios sociales, cultura, etc. Así el país y sus empresas se vuelven más competitivos, porque los empresarios compran una mercancía más barata (mano de obra), para así obtener mejores plusvalías o mantener a las que están acostumbrados.

¿Dónde está la apuesta del empresariado español por marcar la diferencia competitiva?: ofreciendo un producto o servicio con alto valor añadido, que pueda resistir los embates de la competencia a través de fuertes barreras desarrolladas a partir de la generación de ventajas competitivas y la innovación.

Ni hablar, aquí la mejora de la competitividad solo se ha basado en el abaratamiento de la mercancía mano de obra y del despido para recambiar mercancía cara por barata, no en la innovación.

Lo demuestra el hecho de que no solo no se ha creado empleo, sino que lo ha destruido a una velocidad de vértigo. ¿Por qué? Pues muy sencillo: porque las empresas pueden ahora desprenderse más fácilmente de la mercancía humana cara (os acordáis de la de convenios anteriores, sí, con antigüedad y estas cosas tan molestas) y comprar o alquilar otra más barata, con sueldos de hace 20 años.

Esta destrucción de empleo hace que el ejército industrial de reserva de mano de obra (l@s parad@s, Marx dixit), retroalimente esta espiral a la baja del valor de cambio de esta mercancía. Os acordáis cuando nos quejábamos de los sueldos mileuristas; hoy parece que lo hemos olvidado; los mileuristas, milagros del neoliberalismo, se han convertido en los afortunados.

Ahora aparece Europa con el contrato único que apunta a más y peor de lo mismo. Faltan detalles, pero bajo la apariencia de romper con la dualidad española entre contratos fijos y temporales se presenta un único modelo, aparentemente fijo, pero con renuncias que nos retrotraen al sistema imperante antes de la Primera Guerra Mundial.

Directamente emprenderemos un viaje en el túnel del tiempo que, en cuanto a prestaciones sociales, nos llevará al siglo XIX.

Contrato fijo, y barato, pero despido sin indemnización, sin causa objetiva y sin límite; no hará falta ya poner coto a los ERE: ahora se podrá despedir colectivamente sin indemnización, ni costes para la empresa, ni para la Seguridad Social.

En paralelo se nos vende un New Deal europeo para combatir el paro juvenil, junto, según noticia de hoy, a una amenaza de tutela férrea por parte de Bruselas de la economía española, lo que hace presagiar los peores augurios de más intervención.

Pero no seamos pesimistas, quizá vienen a poner coto a la chapuza del gobierno y cambian el desaguisado del rescate a Bankia. Como la canción de Los Panchos: "Lo dudo, lo dudo, lo dudo." Premonitoria, por cierto: "hallarás mil aventuras, sin amor, pero al final de todas solo tendrás dolor."

¿Habrán entendido bien lo que supuso el New Deal de Franklin D. Roosevelt? Mucho me temo que no. Comienzan por destinar, a tan loable fin, una partida de 6.000 millones de euros, cifra irrisoria frente a la magnitud del problema. Según palabras de un portavoz de la CE, lo que se está haciendo es “reinventar la rueda cada pocos meses”. Lo que demuestra que, o no se sabe cómo atajar el problema, posible, o no se quiere, también posible.

No sé si Marx vuelve, pero quizá ahora lo que le diríamos es que no nos salve de la explotación, sino, por favor Sr. Marx, deje que alguien me explote, no pido nada más.
Albert Pérez Novell

Albert Perez Novell

Sobre el autor

Albert Perez Novell

Albert Pérez Novell Barcelona, Catalunya Director Ejecutivo de NVConsulting. Experto en Márketing Comunicacional, Consultor en planificación estratégica, comunicación y...

17 artículos · 18.950 lecturas

Comparte tu conocimiento con el mundo.

Publicar un artículo →