Terapia sin choque
Lo cotidiano, lo que nos pasa día a día a veces carece de trascendencia para algunos y pesa mucho para otros. Aquí y ahora no sirven los pendientes: si los hay, es urgente resolverlos; no voy a decirte que alcanzarás paz y felicidad absoluta, solo que te vas a tomar la vida de otra manera.
18 de agosto · 599 palabras
En este artículo, se resalta la idea de que la ayuda externa no siempre es efectiva en cambiar la conducta de una persona. Aunque hayas buscado terapias, grupos de apoyo y amigos, la salvación es personal y depende de la decisión del individuo de cambiar.
El autor argumenta que, aunque alguien pueda tener experiencia en un tema, no puede colocarse en los zapatos de otra persona y sentir lo mismo que sienten ellos. El arrepentimiento puede ser un paso importante en la recuperación, pero debe ser seguido por acciones que respalden ese cambio.
El autor cree en algo superior, pero no en castigos. En lugar de eso, cree en las consecuencias del aquí y ahora y en la formación y conciencia personal. El autor reflexiona sobre la idea de ser sublime sin interrupción, algo que le preocupa, ya que no cree que sea posible.
Prefiere lo que es bello a lo estéticamente perfecto. En general, el autor sugiere que cada persona tiene un mundo propio y que nadie puede determinar nada absolutamente.
Pueden ayudarte de mil maneras, pero si no estás decidido a cambiar no sirve nada: ni grupos ni asociaciones, ni amigos, etc.
La salvación es personal. Nadie, por más experiencia que posea, puede ponerse en tus zapatos; y aunque así lo haga, el pisar es distinto: no va a sentir lo mismo que vos, yo o usted.
10 años de terapia no justifican ni cambian al violador; un crimen no se puede borrar, ni siquiera apaciguar con terapia o arrepentimiento. Lo hecho, hecho está.
Lo importante, lo vital, es el antes; todos somos seres neuróticos, tenemos nuestras morbosas fantasías, pero de ahí no pasan; el problema es cuando esas fantasías son recreadas.
No soy agnóstica, creo en algo superior, no en sus castigos, sí en las consecuencias del aquí y ahora, en la conciencia, en la formación, en la entraña con la que venís; en eso creo. Creo en el arrepentimiento siempre que sea seguido de actos que lo respalden.
Pero, sobre todo, creo en mí. Hay que ser sublime sin interrupción (frase de Baudelaire), lo cual me preocupa.
¿Cómo lograr ser sublime?
Hablo de mí, humano que habita el planeta Tierra. Ser sublime, no quisiera serlo; esa palabra sola suena bonita, pero acompañada de 'sin interrupción', no.
No puedo escribir sublimemente a las 8 de la mañana; generalmente me quedo pegada a la luna y ella es quien me relata historias interesantes. Qué despropósito pedirle a la inspiración ser sublime.
Hay un tratadito por ahí de Immanuel Kant que trata sobre lo sublime y lo bello, y hasta el complicado Kant me da la razón.
Prefiero lo bello, no lo estéticamente perfecto; solo bello a los ojos de quien lo mire, lo cual es otro punto de controversia. Para mí es bello cuando mi hija sutilmente me extorsiona con ingenio, presionando sobre mi lado vulnerable; para otros puede ser mala crianza. Es bello cuándo alguien deja un comentario en mis sitios; para otros puede ser egocentrismo. La soledad a veces es bella; no lo es estar sola. Nadie puede determinar nada: cada quien tiene su mundo propio. Algunos habitamos desprevenidos y vulnerables, otros acartonados y a la defensiva ante todo. Prefiero transitar suavemente, vulnerable a todo; es tan gratificante cuando aún todo te sorprende. A veces recibes cachetazos, pero todo vale en el proceso de ser, sentir.
Me provoca alergia la gente demasiado correcta; en el fondo debe ser solo temor a sufrir, pero eso es lo que implica vivir: sufrir, reír, querer, no querer, aprender... pero no para estar acondicionado para la próxima situación, sino para entender a los demás. Si nos detuviéramos a pensar en las necesidades ajenas, tal vez notaríamos que las propias no son tan indispensables.
No pido lástima al mundo, solo interiorizarse. Según psicólogos no es aconsejable interiorizarse, ya que uno puede terminar involucrándose demasiado con su paciente. ¿Y qué problema habría en involucrarse en la vida de alguien que así lo necesita? Es solo una excusa egoísta. Tampoco proclamo que nos arrastremos por el mundo como buenos samaritanos; todo en su justa medida: la medida suya, la mía, la tuya, ninguna cantidad establecida. No hay reglas para amar, dar, aconsejar. No aconsejo eso de 'piensa mal y acertarás'; piensa bien y, si te equivocas, da otra oportunidad.
Quién sabe, mañana o pasado, seas tú quien deba necesitar otra oportunidad.
Claudia Stáffora
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