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Los ocho movimientos corporales de la psicosíntesis

Se trata de analizar la relación entre nuestros movimientos corporales y nuestra forma de ser y de relacionarnos con los otros. Tomar consciencia de esa relación permite comprender cómo expresamos necesidades afectivas y modos de vinculación.

Santiago Villar Pallás
Santiago Villar Pallás

11 de diciembre · 619 palabras

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Los ocho movimientos corporales de la psicosíntesis - Psicología

El lenguaje no verbal es una herramienta valiosa para determinar la personalidad y forma de relacionarse de las personas. Cuando existe una disonancia entre lo que se expresa verbalmente y el lenguaje gestual o postural, la comunicación no fluye.

Conocer y tomar conciencia de nuestros movimientos corporales y gestuales ayuda a entender cómo nos relacionamos con los demás. David Boadella, plantea ocho movimientos corporales que reflejan nuestra forma de relacionarnos con nosotros mismos y el mundo externo.

Estos movimientos se aprenden en la etapa prenatal y perinatal y se convierten en parte de nuestra personalidad. Los ocho movimientos son polaridades que permiten diferentes posiciones entre ambos cabos y el objetivo es vivenciar tanto la polaridad que nos define como la polaridad contraria.

Al reconocer y entender estos movimientos, es posible tener una mejor comunicación y establecer relaciones más sanas y efectivas.

El lenguaje no verbal, gestual o postural, nos proporciona más información sobre la forma de ser de nosotros mismos y de los otros que el lenguaje verbal. Así, podemos emitir palabras que no casan con nuestros movimientos corporales y gestuales. Cuando detectamos una disonancia, entre lo expresado verbalmente y lo expresado corporalmente, la comunicación no fluye. Así, tomar consciencia que nuestros movimientos expresan nuestra forma de ser y cómo esperamos relacionarnos con los otros es el primer paso de la psicosíntesis.

David Boadella plantea ocho movimientos corporales que expresan nuestra forma de relacionarnos con nosotros mismos y con el mundo externo. Estos movimientos corporales se aprenden en la época prenatal y perinatal. Una vez aprendidos forman parte de nuestro acervo personal y expresan nuestra personalidad.

Los ocho movimientos son polaridades, que como una cuerda tensada permiten diferentes posiciones entre ambos cabos. El objetivo es tanto vivenciar la polaridad que nos define como la polaridad contraria. Cuando somos conscientes que nuestros movimientos corporales expresan unas determinadas necesidades afectivas, cognitivas y volitivas podremos flexibilizar nuestras posiciones porque al vivenciar los opuestos podremos comprender diferentes maneras de relacionarse con el mundo.

Mientras en Oriente se asume las polaridades como algo consustancial a la existencia humana, en convivencia con las contradicciones, en Occidente se tiende a buscar un tipo de pensamiento más excluyente, que implica el principio de no contradicción. Ejemplarmente Hegel en su dialéctica propone una tesis (afirmación de una polaridad), una antítesis (la polaridad opuesta) y una síntesis (que incluye a ambas polaridades). No se trata de lograr un conocimiento absoluto, que es lo que pretende la dialéctica hegeliana, sino de tomar consciencia de cómo habitualmente nos situamos en una determinada polaridad y, a su vez, cómo podemos ser empáticos con las polaridades opuestas.

Las polaridades propuestas son:

a) Flexión-Extensión. En la flexión (la posición fetal) nos cerramos para guarecernos de las inclemencias del mundo exterior. Es una posición que expresa la necesidad de protegerse ante lo desconocido, que implica sentirnos seguros en nuestra guarida. La extensión es la otra polaridad que señala la necesidad de acoger todo aquello que provenga del mundo externo. La dialéctica entre la flexión y la extensión puede comprenderse tanto desde la necesidad de centrarse en lo que sucede en nuestro fuero interno como desde la de atender lo externo.

b) Atracción-Oposición. La atracción presupone atraer algo hacia mí. Es una forma de enganche, simbiótica. Esta forma expresa la necesidad desmesurada de apego, mientras la oposición es una forma de defender nuestro propio territorio. La atracción-oposición son dos cabos de la cuerda tensada entre la necesidad de vinculación y la necesidad de construir nuestra propia identidad personal.

c) Rotación-Canalización. La rotación es la capacidad de adaptarse, de abrirse a la experiencia. En sus extremos puede conducir a la dispersión, mientras la canalización, como opuesto, implica la capacidad de tener un foco, de tenerlo claro. En sus extremos más acusados podemos encontrar al obsesivo que canaliza en exceso y al disperso que no deja de rotar.

d) Absorción-Activación. La absorción nos permite digerir lo vivido, la quietud y el descanso (en lo patológico expresaría la pasividad, la hipotonía). La activación en su cabo más extremo es el movimiento absoluto (en lo patológico expresaría la hiperactividad, la hipertonía).

En las sesiones de psicosíntesis se trata de poner en práctica los distintos movimientos para analizar los sentimientos que se asocian a cada uno de ellos. Una vez vivenciados se trata tanto de conocerse a uno mismo (a través de los movimientos que le definen), como de experimentar movimientos de la otra polaridad.

Santiago Villar Pallás

Sobre el autor

Santiago Villar Pallás

Licenciado en filosofía y en psicología por la Universidad Central de Barcelona. Máster en psicoterapia humanista por el Instituto Erich Fromm.

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