Consejos para una comunicación eficiente
A la hora de comunicarnos existen diversas variables que guían el curso de las conversaciones y que, a su vez, determinan las características de nuestras relaciones. ¿Querés aprender a reconocer y tener en cuenta esas variables?
21 de diciembre · 562 palabras
Las conversaciones son llevadas a cabo por diferentes personas, cada una de ellas con su propia perspectiva. A menudo, caemos en el error de suponer que el otro piensa como nosotros, lo que puede llevar a malentendidos en la comunicación.
Es importante recordar que somos todos distintos y vemos el mundo a través de nuestros propios filtros de educación, cultura, sexo, nacionalidad y profesión.
Para evitar confusiones, es importante confirmar lo que la otra persona está entendiendo y mostrar lo que nosotros entendemos de lo que nos dice. No debemos dar por obvio lo que pensamos y sentirnos cómodos con la aclaración en el momento oportuno.
Además, es esencial tener en cuenta las diferencias en los diferentes ámbitos de la vida y adaptar la conversación a ellos. Finalmente, es importantísimo tener claros los objetivos de la conversación para poder alcanzarlos con éxito.
En resumen, para tener una buena comunicación, es necesario adaptarse a las diferentes perspectivas, aclarar dudas en el momento oportuno, tener en cuenta los diferentes ámbitos y objetivos de la conversación.
Empecemos por el principio: una conversación es llevada a cabo por dos o más personas, es allí donde comienza todo: a veces, aún sabiendo que todos somos diferentes, obviamos este detalle conduciéndonos como si todos pensáramos igual y viéramos lo mismo ante una situación. Vivimos en mundos interpretativos, miramos el universo con los filtros de nuestra educación, cultura, sexo, nacionalidad, profesión…
Reflexión: Somos diferentes personas, pensamos, actuamos y entendemos cosas diferentes, le damos a los sucesos el color de nuestros anteojos; cuando hablemos con otros, recordemos que son otros.
Un hecho frecuente es dar por obvio que el otro entiende lo que queremos decir, o suponer que sabe en qué estamos pensando cuando decimos lo que decimos. El paso siguiente: un malentendido que podría evitarse adquiriendo el hábito de cotejar y confirmar qué es lo que el interlocutor está entendiendo de lo que digo, y mostrarle qué entiendo de lo que me dice.
Reflexión: Dar por obvio y suponer tienen como posible consecuencia la pérdida de tiempo y probablemente algún incumplimiento a pedidos. Una aclaración en el momento indicado es una aliada inapreciable.
Para continuar, habrá diferencias si hablamos con una pareja, con un jefe o un compañero de trabajo, el panadero o el gerente del banco.
Con todos nos estamos comunicando; sin embargo, desde la predisposición a hacerlo, pasando por el tema a tratar y el objetivo que procuramos con nuestro diálogo, así como el ámbito en el que éste se lleve a cabo, todo varía.
Reflexión: Diferenciar cada ámbito, generar el contexto acorde a las personas, tipo de relación y lugar facilitará el logro del objetivo de la conversación. Confundir terrenos puede llevarnos a fracasos o malentendidos.
Llegamos a un punto crucial, y es el objetivo. Cuando se inicia una conversación, tenemos un propósito, una intención para compartir palabras y pensamientos. Será un objeto laboral, pasar un buen rato con amigos o decidir un color para pintar la casa, siempre hay un fin. La cuestión radica en que a veces dejamos de lado el objetivo y nos enfocamos en tener razón, reclamar o cobrarnos viejas historias, ganar la partida o simplemente en divertirnos; este es el punto en el cual se pierde el foco, y la conversación comienza a cambiar de tono.
Reflexión: Tener presente el objetivo o volver a él será una clave fundamental para encaminarnos hacia el resultado buscado.
Desde el enfoque del coaching ontológico, el ser humano es un ser "lingüístico", es decir que se crea a sí mismo a través del lenguaje, y éste no solo describe la realidad, sino que la genera. Es desde allí que tenemos la capacidad de reinterpretar y generar nuevas posibilidades para nosotros y para nuestras relaciones.
En este mismo contexto, nuestras emociones y corporalidad hacen lo suyo a la hora de mantener una conversación. Considerar las emociones, así como percibir el estado de ánimo de nuestro interlocutor, influirá sobremanera en un diálogo productivo; contemplar la disposición corporal podrá afectar a la hora de transformarse nuestro enlace en una lucha o en una danza.
Ahora te invito a reflexionar: ¿Cómo son tus conversaciones? ¿Qué sería lo mismo que preguntarte: cómo son tus relaciones? Y, por último, ¿cómo querés que sean?
Ilana Ventura | Coach ontológico | www.nimah.com.ar
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