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Cuando el cliente te busca en el celular

Hace años, para posicionar una página, muchos pensábamos primero en directorios, metatags y uno que otro truco por ahí. Ahora el cliente local agarra el celular, busca lo que necesita y decide en minutos, de modo que la MiPYME que tenga bien acomodada su información, sus reseñas y su respuesta comercial lleva ventaja desde el primer contacto.

Juan Carlos Cervantes Garcia

8 de septiembre 2004 palabras

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Cuando el cliente te busca en el celular - Tráfico y Optimización SEO

Hoy el cliente local decide desde el celular, compara opciones, revisa reseñas, horarios, fotos y ubicación antes de contactar a una empresa. Por eso, las MiPYMES que cuidan su ficha en Google, sus datos de contacto y su respuesta al usuario tienen más posibilidades de recibir visitas y llamadas.

El artículo explica que el trabajo empieza por revisar cómo aparece el negocio en búsquedas reales, corregir errores de horario, teléfono o dirección, y completar la información con servicios claros y fotografías auténticas.

También insiste en mantener coherencia entre Google, redes sociales y otros canales, porque las diferencias generan desconfianza. Las reseñas, bien solicitadas y respondidas, influyen mucho en la decisión final.

A esto se suma una web o página de contacto rápida, pensada para móvil, con mensajes simples y útiles. En conjunto, una presencia digital ordenada puede marcar la diferencia entre perder clientes y convertir búsquedas locales en ventas.

Hace poco acompañé a un conocido a buscar un servicio de alineación y balanceo, porque su carro ya iba pidiendo auxilio y, para no hacerle tanto al cuento, decidimos buscar desde el teléfono. Tecleamos el servicio, apareció un mapa con varias opciones, leímos dos o tres reseñas, vimos horarios, fotografías del local y en menos de diez minutos ya habíamos escogido a quién visitar. Lo interesante del asunto no fue que Google nos mostrara negocios, eso ya todos lo sabemos; lo interesante fue ver cómo quedaron descartados, casi de manera automática, los negocios que tenían mal el horario, los que no contestaban, los que tenían tres reseñas de hace cuatro años o los que ni siquiera dejaban claro qué servicio prestaban.

Ahí es donde muchas micro, pequeñas y medianas empresas están perdiendo terreno sin darse cuenta. Tienen buen producto, trabajan bien, dan garantía y el trato al cliente puede ser hasta mejor que el de cadenas más grandes, pero digitalmente están mudos. Y el problema es que el cliente local ya cambió su manera de comprar. Antes preguntaba al vecino, veía un volante o caminaba por la calle. Ahora hace eso y además compara en el celular. Si nuestra empresa no aparece bien presentada en esa búsqueda, prácticamente le estamos regalando ventas a la competencia.

Conviene entender algo desde el principio. El posicionamiento general de una página web sigue existiendo, claro está, pero para un negocio local, una ferretería, un consultorio dental, una papelería, un despacho contable o un taller mecánico, la pelea diaria está en las búsquedas con intención inmediata. Me refiero a cosas tan concretas como dentista en Xalapa, papelería abierta cerca de mí, contador para declaración anual en mi zona o refacciones automotrices cerca. En esas búsquedas, Google ya no se fija solamente en qué tan bonito está un sitio web o cuántas palabras contiene; también observa la cercanía, la claridad de la ficha del negocio, la actividad reciente, las reseñas y la respuesta que el público da a ese perfil.

Primero que nada, antes de moverle a cualquier cosa, hay que hacer un pequeño diagnóstico. Yo recomiendo algo muy simple: búsquese usted mismo como si fuera cliente. Ponga el nombre de su negocio, luego ponga el servicio principal y la ciudad, y después pruebe con términos más reales, como los que utilizaría cualquier persona con prisa. Revise qué aparece. Si sale un horario incorrecto, si el teléfono está mal, si la ubicación manda a otro lado, si la competencia tiene mejores fotos o más opiniones, ahí mismo ya tiene usted un primer reporte de fallas. Haga la prueba también con tres personas ajenas a su empresa, mejor si son de diferentes edades, porque cada quien busca distinto. Uno pone el nombre comercial, otro pone el problema que quiere resolver, y otro solo escribe lo primero que se le ocurre. Ese ejercicio enseña bastante.

Una vez detectado cómo se ve el negocio desde fuera, sigue la parte operativa. La ficha o perfil del negocio en Google debe estar completa, y cuando digo completa, me refiero a completa de verdad. Nombre real del negocio, sin llenarlo de palabras de más; categoría correcta; horario exacto; teléfono que sí contesten; ubicación precisa; descripción breve pero clara de lo que se hace; servicios principales; área de cobertura si se atiende a domicilio, y fotografías reales del local, del producto o del trabajo realizado. Mucha gente sube un logotipo borroso y con eso cree que ya cumplió. Pues no. El cliente quiere ver si el lugar existe, si se ve serio, si está limpio, si vende lo que promete. En pocas palabras, quiere reducir su incertidumbre.

Pongo un ejemplo. Si una clínica dental solo dice servicios odontológicos, eso le ayuda poco al cliente. En cambio, si especifica limpieza dental, extracción, ortodoncia, valoración, atención a niños, horario, formas de pago y además muestra fotografías reales de la recepción, el consultorio y el equipo, ya transmite otra impresión. Lo mismo ocurre con una refaccionaria que aclara si maneja frenos, suspensión, afinación, baterías o lubricantes, o con una imprenta que indica si hace lonas, tarjetas, volantes y trabajos urgentes. La claridad ahorra llamadas inútiles y atrae mejores prospectos.

Por otro lado, un detalle que muchos descuidan es la consistencia de la información en todos los canales. Si en Facebook aparece un número, en Google otro, en el directorio local uno más, y en la lona del negocio un horario distinto, estamos generando ruido. Tal vez parezca poca cosa, pero al algoritmo y al cliente les genera desconfianza. Si el negocio se cambió de domicilio, cambió de teléfono o redujo horarios, hay que actualizar todo. También conviene revisar las fechas especiales. De nada sirve poner que abrimos a las ocho si el vecino llega a las ocho y media y todavía estamos levantando la cortina, porque esa visita perdida luego se convierte en una reseña negativa y esa sí se queda ahí bastante tiempo.

Las reseñas merecen párrafo aparte. Hace unos años el usuario promedio casi no opinaba; ahora opina para bien, para mal y a veces hasta para desahogarse. Por eso la empresa debe tomarlas en serio. No me refiero a comprarlas ni a inventarlas, porque eso tarde o temprano se nota. Me refiero a generar un proceso sencillo para pedirlas a clientes reales, en el momento correcto. Después de una compra satisfactoria, después de entregar un trabajo o después de resolver un problema, ese es el momento de solicitar una opinión breve. Si usted espera seis meses, el cliente ya ni se acuerda. Si las pide todas el mismo día y con el mismo texto, se ve raro. Lo mejor es hacerlo de manera natural y constante.

Además, responder las reseñas dice mucho del negocio. Cuando le ponen cinco estrellas, agradézcalas con educación, pero sin copiar y pegar siempre lo mismo. Cuando llega una crítica, hay que leerla con cabeza fría. Si el cliente tiene razón, reconózcalo y ofrezca solución. Si está exagerando, respóndale con respeto y datos. Si de plano es una opinión falsa, repórtela, pero mientras tanto conteste. El silencio da la impresión de abandono. He visto negocios buenos perder clientes porque tenían una sola queja visible, mal atendida, y la competencia al lado sí mostraba atención. A veces una respuesta profesional vale casi tanto como una buena reseña.

Ahora bien, mucha gente cree que con la pura ficha del mapa ya está del otro lado. Ayuda bastante, pero conviene respaldarla con una presencia digital ordenada. Si el negocio cuenta con sitio web, mejor. Si no tiene, al menos debe disponer de una página sencilla donde explique quién es, qué hace, dónde está, cómo contactarlo y qué zonas atiende. Aquí hay una práctica que funciona bien para empresas de servicios: crear una página por servicio principal y redactarla con palabras claras, como habla el cliente. Por ejemplo, un despacho contable puede separar contabilidad para personas físicas, contabilidad para pequeños comercios, declaraciones mensuales y asesoría para emprendedores. Una empresa de fumigación puede diferenciar casa habitación, negocio, jardín y control preventivo. Esto ayuda tanto al cliente como al buscador.

Redactar bien sigue teniendo peso. No hablo de llenar el texto con la misma palabra veinte veces, porque eso se siente forzado, sino de explicar con seriedad lo que uno hace. Si un taller automotriz escribe solamente somos los mejores, eso dice poco. En cambio, si describe que realiza diagnóstico, mantenimiento preventivo, cambio de aceite, revisión de frenos y afinación, y además aclara tiempos aproximados de atención y marcas con las que trabaja, ya está aportando información útil. Google entiende mejor el negocio y el cliente también. Recuerden aquello que ya he comentado en otras ocasiones: el contenido propio sigue contando, porque refleja conocimiento real del tema y del mercado que atendemos.

Otro aspecto muy actual es la experiencia móvil. La mayoría de estas búsquedas locales se hacen desde el teléfono y muchas veces mientras la persona va caminando, manejando o resolviendo otra cosa. Por eso conviene revisar si la página abre rápido, si el botón de llamada funciona, si el WhatsApp está visible, si el mapa carga bien y si el formulario pide solo lo necesario. Hay empresas que piden nombre completo, correo, asunto, giro, ciudad, mensaje y hasta captcha difícil de leer para vender una simple recarga de tóner o agendar una cita de revisión. El cliente se desespera y se va. A veces se pierde la venta por ponerle demasiadas piedras al camino.

También es sano medir. No hace falta montar un centro de inteligencia para empezar. Basta con anotar cuántas llamadas llegan desde la ficha de Google, cuántos mensajes de WhatsApp se reciben, qué preguntas repiten más los clientes y qué servicios consultan primero. Si un negocio detecta que ocho de cada diez mensajes son sobre un mismo producto, ahí ya tiene una pista para mejorar la descripción, subir fotografías, ajustar inventario o hasta crear una promoción específica. La información del entorno digital sirve para vender, pero también para administrar mejor la operación, y eso a las MiPYMES les conviene bastante.

Quiero mencionar algunos errores frecuentes que sigo viendo. El primero es querer engañar al sistema poniendo palabras de más en el nombre del negocio, como si fuera anuncio clasificado. El segundo es abandonar la ficha durante meses. El tercero es subir fotos que no representan el servicio real. El cuarto es responder tarde, o peor aún, nunca. Y otro muy común: abrir perfiles en todas partes y no mantener ninguno. Para una empresa pequeña resulta preferible tener pocos canales, pero bien cuidados, que una docena de cuentas llenas de telarañas digitales. Si no hay tiempo, empiece por lo que de verdad le trae clientes, mapa, teléfono, reseñas y una página clara.

Si alguien me preguntara por dónde comenzar esta misma semana, yo le diría lo siguiente, aunque sea en versión compacta. Día uno, búsquese como cliente y documente todo lo que ve mal. Día dos, corrija horarios, teléfono, dirección y categoría. Día tres, suba buenas fotografías reales. Día cuatro, redacte una descripción seria de sus servicios principales. Día cinco, pida reseñas a tres clientes satisfechos. Día seis, revise si su sitio o su página de contacto funciona bien en celular. Día siete, responda cada mensaje con rapidez y anote qué preguntó la gente. En una sola semana no se resuelve todo, pero sí se pone a caminar el asunto. Después vendrá el trabajo constante, que es el que da resultado.

La competitividad de una empresa también se está jugando en estos pequeños puntos de contacto. Precio, calidad, garantía y servicio siguen mandando, por supuesto; solo que ahora el cliente percibe esos atributos desde una pantalla antes de tocar la puerta del negocio. Si la pantalla le muestra orden, actualidad y atención, tenemos medio camino avanzado. Si le muestra abandono, información confusa o silencio, entonces la competencia nos gana la visita y tal vez también la recomendación.

El cliente local rara vez compra por casualidad. Primero compara, luego confía y después entra. Nuestra tarea es facilitarle ese recorrido.

Sobre el autor

Juan Carlos Cervantes Garcia

Catedratico de Universidad,Consultor Empresarial y Capacitador ExternoContador PublicoGobierno del Estado

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