No necesitas elevarte 30 metros
El bambú es una metáfora de paciencia y arraigo: pasa años fortaleciendo sus raíces antes de crecer de forma espectacular. Aquí reflexiono sobre esa lección y cómo se aplica a la formación de hábitos y al compromiso personal.
1 de marzo · 358 palabras
El bambú es un árbol de gran elevación y crecimiento rápido, utilizado como materia prima en Japón. Durante los primeros siete años, su crecimiento se concentra en expandir sus raíces, lo que le da fuerza y estabilidad.
Después de este periodo, crece hasta 30 metros mensualmente y puede seguir creciendo incluso después de ser cortado varias veces. La lección que se puede extraer del bambú es la paciencia como elemento de fortaleza y arraigo en cualquier emprendimiento.
La importancia de cultivar la paciencia para eliminar la desesperanza en el proceso de implementar un hábito nuevo. Implanta el cambio con acción y entusiasmo, asegura su permanencia con un buen motivo y mente abierta, introyectando el hábito a través de la constancia y actitud.
Comprométete a sembrar la paciencia para promover la formación de hábitos sanos y provechosos. En conclusión, el bambú nos enseña a ser pacientes y a tener confianza en que, aunque los resultados no sean inmediatos, con el tiempo podremos alcanzar nuestras metas.
El bambú es el árbol de mayor elevación de todo el planeta, quizás la criatura viva que más rápidamente crece, tanto así que en Japón se usa aún hoy como materia prima y se le da una importancia aún mayor que al cemento, acero o al silicio de los semiconductores.
Durante sus siete primeros años crece pero hacia abajo, expande sus raíces hasta lo más profundo, acumula más y más fuerza. Su vida reside en su raíz y aunque se corte el tallo, el bambú seguirá creciendo.
Se hace tan poderoso que después de los siete años, crece mensualmente hasta 30 metros y aun cuando lo cortes seis veces, seguirá creciendo los mismos 30 metros en un solo mes. Por eso es tan apreciado. Si la desgracia cae sobre él, sabe renacer de sus cenizas y llegar otra vez a lo más alto empezando casi desde cero.
El bambú nos ilustra la paciencia como un elemento de fortaleza y arraigo ante cualquier emprendimiento. El milenario árbol nos grafica la importancia de cultivarla, al demostrarnos la trascendencia de eliminar la desesperanza.
Si bien no necesitas elevarte 30 metros, sí requieres de una fuerte y arraigada paciencia para alcanzar la meta de implantar un nuevo hábito. Sin esta cualidad, podrías ser víctima de la desesperación, esa que te bloquea física y emocionalmente e impide la fluidez en tus acciones al generar rechazo natural hacia el hábito en desarrollo.
La implantación de hábitos no es tarea fácil. Debemos impulsar el cambio al administrar la acción y el entusiasmo. Asegurar su permanencia sustentándolo con un buen motivo y una mente abierta. Introyectarlo sinceramente a través de la constancia y actitud. Pero, sobre todo, comprometernos a sembrar la paciencia para promover la formación de sanos y provechosos hábitos.
“Ten paciencia con todas las cosas, pero sobre todo contigo mismo”
San Francisco de Sales
Por: Jaime Mora
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