Educación holista para la felicidad

En la educación holista buscamos que el principal factor educativo y lo que más define el aprendizaje sea el propio educador, el que ha tomado conciencia de su ser. Esta perspectiva pone el énfasis en el nivel de conciencia del docente más que en técnicas o métodos en el aula.

Dr. Ramón Gallegos
Dr. Ramón Gallegos

8 de febrero · 3141 palabras

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Educación holista para la felicidad - Educación

La educación holista es una disciplina que va más allá del humanismo y que se enfoca en la esencia multidimensional del ser humano, considerando lo trascendental, cultural y transversal.

Un profesional formado en educación holista se reconoce como un ser espiritual y es capaz de dar y practicar verdaderos valores.

En el aprendizaje sobre educación holística, es posible hacer un autoanálisis sobre aspectos internos que nunca antes fueron cuestionados, y se llega a comprender la integridad del ser humano y la conciencia humana.

Asimismo, esta disciplina ofrece herramientas para discernir y encontrar estados de conciencia que le dan sentido a la actividad profesional docente.

Además, se fomenta la conciencia de que como profesionales, aunque tengamos diferentes formaciones y características, somos uno mismo y formamos parte de un todo.

Por último, la educación holista enseña que el sufrimiento no define nuestra identidad y que liberarnos de los apegos y circunstancias dolorosas es esencial para descubrir nuestro potencial interno.

En conclusión, la educación holista proporciona una perspectiva integral y valiosa sobre el ser humano y ofrece herramientas para su desarrollo y crecimiento personal.

Fundación Internacional para la Educación holista

Maestría en Educación holista

Educación holista para la felicidad

Gracias a los estudios sobre educación holista pude conocer algunos aspectos de mi persona, de mi ser interior que jamás antes siquiera me había preguntado o me había enfrentado a dilemas como: ¿quién soy yo en relación a los demás? Los estudios me han permitido discernir sobre lo que es la integridad del ser humano, qué es la conciencia humana, así como el haber encontrado y dimensionado estados de conciencia que me han permitido dar mayor profundidad y que le han dado sentido a mi actividad profesional docente.

Me ha quedado claro que la educación holista no es lo mismo que el humanismo, que éste último está íntimamente relacionado con la racionalidad de la persona. No es el ser espiritual al que se estudia, sino la esencia del ser humano, que es un ser multidimensional. He aprendido y comprendido que las ciencias son reduccionistas: solo tratan de explicar el comportamiento del ser humano, su sociedad, su biología, su hábitat, su salud, etcétera, pero no lo consideran como una realidad inmanente y trascendente, cultural y transcultural.

En la maestría en educación holista, a lo largo de estos cuatro semestres con sus congresos y sesiones, han sido experiencias únicas para poder comprender que somos parte de un todo, que somos unicidad, que a pesar de que todos como profesionistas tenemos formaciones y características diferentes, al final somos uno mismo.

La educación holista es la base y el corazón de todos los aprendizajes de nuestra verdadera naturaleza y, una vez que nos hemos reconocido como seres espirituales, estamos llenos de nosotros mismos y somos capaces de ofrecer y practicar verdaderos valores.

La maestría me dejó, entre otras cosas, que el sufrimiento no es nuestra identidad; no tenemos que ser seres con historias de sufrimientos, eso solo debe estar en el pensamiento, porque a medida que nos vamos liberando de los apegos y de esas circunstancias que nos han provocado dolor, ponemos en juego nuestro desarrollo interior.

La educación se dirige a la vida para hacer a la vida mejor. No es algo que deba estar fuera de la vida como un instrumento con que empujan o levantan, sino que está dentro de la vida misma; es parte del proceso de la vida en tanto que la vida tenga valor. La educación rehace la vida y la rehace no solo ocasionalmente, sino deliberadamente y de modo continuo, de suerte que la educación es la reconstrucción continua de la ola en niveles cada vez más altos.

Parafraseando al Dr. Ramón Gallegos: el principal factor educativo, lo que más define el aprendizaje, es el nivel de conciencia del educador. Por eso es importante en educación holista trabajar con nuestra conciencia educativa. Lo que nosotros somos es lo que enseñamos. Nos relacionamos con lo que tenemos.

A la educación le interesa sobre todo desarrollar personalidades de modo que cuando sean mayores se hagan cada vez más adecuadamente autodirectoras. La base de toda la educación está en la actividad, o mejor, en la autoactividad realizada con sentido y entusiasmo.

En la educación holista lo que buscamos como principal factor educativo, y de hecho lo que más define el aprendizaje, es el mismo educador, el educador que ha tomado conciencia de su propio ser. Porque finalmente nosotros somos lo que enseñamos; nosotros somos los que estamos relacionados conscientemente con ese todo.

Ya la educación holista ha sido definida a lo largo de las antologías y en todos sus contenidos como el nivel de conciencia del educador, no se define en sentido mecanicista en el cómo en las aulas, ni tampoco con qué técnicas educativas; más bien se ha perfilado al nivel educativo. El educador holista debe pasar por un proceso de transformación interna en donde ha logrado una pacificación de conciencia, una pacificación de la mente y una pacificación del entendimiento de cuál es nuestra verdadera naturaleza.

La unicidad es el punto culmen del yo; no existimos separados de los demás, los seres humanos no estamos separados unos de otros. Nos hemos identificado sin egos; somos espíritus, somos como lo define el Dr. Ramón Gallegos, seres espirituales viviendo una experiencia material.

Otra de las experiencias que como docente fueron impactantes es que la educación holista tiene un común denominador: los educadores estamos conscientes de nuestro papel y misión por ser educadores. No nos regimos por ningún modelo convencional, no reflejamos ningún estilo filosófico de algún gran maestro; rompemos con el paradigma convencional de educación formal. No manejamos constructivismos ni conductismos. Dejamos el estilo mecanicista de educación y nos basamos en nuestro propio estado de conciencia, libre de condicionamientos y dogmas, pero al mismo tiempo entendiendo y comprendiendo la realidad circundante en términos de integralidad, es decir, conscientes de que los alumnos y demás seres humanos con los que interactuamos tienen necesidades culturales y afectivas diferentes a las nuestras, pero no por eso los excluimos.

Otra cosa que considero importante es que debo empezar por dar por terminado el hábito recurrente de buscar siempre la verdad o la felicidad fuera de mí misma, cuando en realidad la verdadera paz y la verdadera felicidad y perfección están dentro de nosotros mismos, de quienes somos en realidad.

La maestría me dejó, entre otras cosas, que el sufrimiento no es nuestra identidad; no tenemos que ser seres con historias de sufrimientos, eso solo debe estar en el pensamiento, porque a medida que nos vamos liberando de los apegos y de esas circunstancias que nos han provocado dolor, ponemos en juego nuestro desarrollo interior.

Si nosotros logramos alcanzar una paz, si logramos en realidad pacificar nuestra mente, nuestros pensamientos no permiten el sufrimiento; por tanto, podemos estar en un estado de paz profundo.

La experiencia que adquirí cuando fuimos a exponer los cursos de Principios de Educación holista y Educación holista y espiritualidad fueron vivencias muy especiales que me proporcionaron un grato placer, además de la gran aceptación e interés mostrado por los participantes a estos cursos y en especial por haberlos impartido en instituciones ajenas. Cuando mi compañera y yo explicamos la espiritualidad fue presentada como una vivencia total y directa del amor universal que establece un orden interno en nuestro espíritu y un sentido de compasión, fraternidad y paz hacia todos los seres. La espiritualidad es el corazón de la educación holista que lleva al educador a establecer una relación de amor con los estudiantes.

Fue todo un desafío impartir el curso de Educación holista en el CEBETIS 131, donde los maestros se mostraron ávidos por conocer el desarrollo de la inteligencia emocional. Por ejemplo, en este apartado mantuvimos un diálogo holista, aplicamos una dinámica de integración para conocer nuestra formación académica; en todo momento procuramos desarrollar una actitud compasiva más que de poder; y, conociendo y reconociendo a través del diálogo y la actividad fundamental que es la atención a los alumnos, coincidimos en que lo humano es el problema esencial y a partir de ahí podemos ser seres espirituales.

A través de nuestro diálogo con los maestros asistentes, se mantuvo un gran interés cuando se mencionó el triple entrenamiento que abarca la sabiduría, que es la recta opinión y el recto propósito. Nosotros, como líderes educativos, poseemos el efecto transformador en los grupos escolares y sociales y podemos provocar cambios profundos en la manera de irnos interiorizando, conocer cuáles son nuestras verdaderas necesidades para empezar a diluir los conflictos cambiando nuestras ideas y lograr una verdadera transformación.

Cuando tocamos el tema de la ética en la recta palabra, la recta conducta y el recto sendero, coincidimos todos en la gran importancia de que sobre todo los jóvenes conozcan y practiquen los valores universales. El recto comportamiento por el respeto a la vida, el no matar, el no hacer daño, el ser compasivo y caritativo, y el desarrollar la benevolencia y el amor fueron los principales valores comentados.

Del triple entrenamiento la atención fue otro punto importantísimo. Se explicó cómo el recto esfuerzo, la recta atención y la recta concentración son deseables en el educador; con la mente se vive, con la mente se agoniza. Es todo un gran misterio la mente; no tiene fondo y todo se vive en ella. De ahí la importancia de mantener una mente libre, no fragmentada ni dispersa, no débil, fuera de condicionamientos y procurar mantenerla fresca y sana para poder transmitir aprendizajes vitales. Explicamos un poco que la meditación Vipassana se estimula por el elemento meditativo y se cultiva a la luz de la atención consciente y ecuánime, donde la mente puede ser reeducada y reorientada. Estar siempre atentos y vigilantes hace surgir pensamientos saludables. De igual manera fue copiosa la participación.

La conclusión que experimentamos con nuestros hermanos espirituales es que los seres humanos estamos conformados por mente y espíritu. Como educadores estamos conscientes de que la inteligencia emocional nos permite sentir; con nuestra inteligencia intelectual pensamos y construimos, y con nuestra inteligencia espiritual somos.

Describiendo otro proceso educativo como formadora holista y como descubridora docente, fue cuando impartí junto con otra compañera el curso que se llevó a cabo en la Universidad Pedagógica Nacional. Iniciamos con la introducción a la Educación holista, para lo cual hubo mucho interés y, sobre todo, al final se empató con las actividades que ellos realizan en el aula con los niños de 3 a 6 años.

Hubo interés desde el principio en ver cómo esto beneficia al proceso educativo, pero sobre todo a la conciencia de las acciones que como seres humanos realizamos en el ámbito de desarrollo profesional y personal.

Fue una bonita experiencia, con compañeros maestros que saben de lo que se les habla y con ello se puede discernir al respecto, de una manera respetuosa y desde luego llena de aportaciones que enriquecen nuestro quehacer como estudiantes de la maestría en Educación holista.

De las presenciales que fueron más significativas para mí, fue cuando se trató el tema de la espiritualidad femenina y del código de ética de los educadores holistas. De este segundo tema, con el Dr. Ramón Gallegos, se expuso claramente y con una profundidad que solo él sabe hacerlo, sobre la filosofía budista, en donde explicó que en esta filosofía la moralidad comporta cinco abstenciones para los laicos: no matar, no robar, no fornicar, no mentir, cuidarse de las bebidas embriagantes y, para los monjes, se agrega una regla más exigente.

Una de las mejores enseñanzas que tuve en esta presencial es cómo romper el dolor y el sufrimiento: establecer la rectitud en nosotros mismos, rectificando nuestras concepciones, nuestras palabras, acciones, medios de existencia, esfuerzos, memoria, atención, poder de concentración y retiro. Pero para alcanzar todo esto tenemos que recurrir al Noble Óctuple Sendero, que a su vez se puede concentrar en moralidad, concentración y sabiduría.

Pero entonces, ¿cómo lograr desenraizar esta disonancia entre tiempo y conflicto? El Dr. Ramón Gallegos afirma que el conflicto se genera por desatención, o sea, cuando la conciencia no está percibiendo la totalidad del ahora, y el pensamiento, que es tiempo, enfrenta la vida del hombre con la información de la memoria, surgiendo así el conflicto.

Debo reconocer que esto para mí me era totalmente desconocido. Yo no pensé ni imaginé que se pudiera establecer esta correlación de variables. Reconozco que soy producto de un modelo educativo fragmentado; a pesar de que por la formación profesional y el análisis de los problemas de la ciencia económica, ni la dialéctica analizada a través de sus leyes me fueron suficientes y oportunos para generar esa idea remota. Nos hemos acostumbrado a observar y a analizar los fenómenos económicos y sociales que afectan la realidad circundante del hombre, pero nunca su problemática interna.

Ahora comprendo que a través de la meditación como recurso personal pude haberme ayudado en gran medida a pesar de la poca experiencia vivida por la cortedad de edad cronológica. Como dice el Dr. Ramón Gallegos, la raíz del conflicto es la desatención, dado que no se ha alcanzado ese grado de conciencia de percibir la realidad como un todo sino fragmentada y en el no ahora de la realidad; se continúa en el conflicto. Vivimos, en realidad, con mucha desatención; la vida moderna y de consumo se sigue apoderando de nuestra atención, haciéndonos mecánicos y automáticos en nuestra toma de decisiones.

Una grata experiencia fue la de haber reflexionado sobre la trilogía holista y el ambiente escolar del Instituto Tecnológico de San Luis Potosí. Reconocer la enorme tarea que como educadores tenemos para formar los mejores profesionales no solo en el campo de conocimiento tecnológico, que les proporciona las mejores herramientas para su colocación en el mercado laboral productivo, sino la capacidad y oportunidad de transformar el currículo holista escolar a través de nuevas propuestas que nos permitirán, en esa interrelación humana, conocer y compartir nuestra propia naturaleza humana, nuestra espiritualidad.

La nueva visión holista es la mejor alternativa para el desarrollo de las nuevas generaciones, que crecerán en ambientes sagrados plenos de reflexión que permitirán el diálogo para que la convivencia en general sea de respeto, de tolerancia, de crecimiento. Hacer de nuestros alumnos seres vivos que sean capaces de incidir en el desarrollo social y económico de nuestra localidad y de nuestro país; innovando y creando medios tecnológicos que coadyuven a un sano desarrollo social en beneficio de todos los seres humanos; que desarrollen esa sensibilidad para detectar las necesidades humanas y se solidaricen en sus aspiraciones. La educación holista ofrece una visión de futuro integral sin fragmentaciones, con una serie de valores universales de los cuales gozarán libremente las futuras generaciones y nosotros también. Al conformarnos como un equipo solidario de trabajo podremos lograr un éxito comunitario; es decir, transdisciplinariamente nuestros proyectos de trabajo serán íntegros.

Por otra parte, los fundamentos que nos ofrece la educación holista, conociéndonos y centrándonos en ella, son la filosofía perenne y la gran visión: primeramente manejar nuestra naturaleza íntima, es decir, conocernos en nuestra propia espiritualidad, reconocernos en nuestros miedos, condiciones, falsedades y todos aquellos pensamientos esquivos que nos llevan a tomar decisiones unilaterales apoyadas básicamente en normas y reglamentos que inhiben toda libertad y que, como seres humanos, nos vuelven teóricos y poco permeables a la sensibilidad, comprensión o atención a los estudiantes que atendemos.

Para el maestro espiritual, el Dr. Ramón Gallegos Nava, la educación holista es la educación del siglo XXI destinada a formar seres humanos con una conciencia planetaria; es una visión de paz, amor e inteligencia.

Pocos temas en la vida de la persona son aprendizajes tan significativos y profundos como los que marcan a la persona en su ser, en su sentir y en su actuar. Se pone en juego nuestra propia existencia cuando se interioriza, cuando se reflexiona con conciencia plena, cuando sabemos que nuestro ser es espíritu.

Si estamos conscientes de nuestra realidad, las circunstancias son complejas; los niveles de conciencia son muy diversos. En el diario convivir, el diario relacionarse socialmente nos genera situaciones de concordia y de conflicto, pero si estamos conscientes de nuestras circunstancias contamos con muchas posibilidades de solución.

Hay que llevar el amor siempre en el pensamiento educativo, con actitudes y posturas que asumimos frente a los alumnos y, en general, a todas las personas que nos rodean, ya que estamos asumiendo frente a los demás la naturaleza de lo divino. Pero para entender este verdadero amor a la educación tenemos que entender correctamente la naturaleza de nuestra relación con los demás, de cómo fluyó y fluye nuestro ser dentro de este mundo, y fluye precisamente ahí, en nuestro ser y misterio de nuestra propia existencia.

Hay muchos hombres y mujeres en este planeta que están en comunión por hacer de este mundo un mundo mejor, en donde se puede confiar en otros, en donde, a través de una conciencia espiritual primeramente, nos comprenderemos nosotros mismos para poder modificar y comprender lo que nos rodea. A lo largo de los cursos holistas he visto cómo la espiritualidad, que es una experiencia individual, es también la experiencia directa de nuestro ser universal y, a través de la cual, reconocemos la magnificencia de la vida. Una de las bases fundamentales del holismo es la conexión ciencia-espiritualidad, que es la manera como educadores podemos incidir formalmente en nuestro quehacer profesional y trabajar transdisciplinariamente para que realmente se pueda generar el aprendizaje consciente que tanto necesitan nuestras instituciones y nuestra sociedad.

Si nosotros logramos alcanzar una paz, si logramos en realidad pacificar nuestra mente, nuestros pensamientos no permiten el sufrimiento; por tanto, podemos estar en un estado de paz profunda.

Otra cosa que considero importante es que he empezado a dar por terminado el hábito recurrente de buscar siempre la verdad o la felicidad fuera de mí misma, cuando en realidad la verdadera paz y la verdadera felicidad y perfección están dentro de mí misma.

Me he identificado con la educación holista porque siempre he creído que el ser humano tiende a una espiritualidad que lo conecta internamente con su existencia. Y es que el verdadero corazón de la educación holista es el amor al mundo.

Conclusiones

En la educación holista lo que buscamos como principal factor educativo, y de hecho lo que más define el aprendizaje, es el mismo educador, el educador que ha tomado conciencia de su propio ser. Ya la educación holista ha sido definida a lo largo de las antologías y en todos sus contenidos como el nivel de conciencia del educador; no se define en sentido mecanicista en el cómo en las aulas, ni tampoco con qué técnicas educativas; más bien se ha perfilado al nivel educativo. El educador holista debe pasar por un proceso de transformación interno en donde ha logrado una pacificación de conciencia, una pacificación de la mente y una pacificación del entendimiento de cuál es nuestra verdadera naturaleza.

La unicidad es el punto culmen del yo; no existimos separados de los demás, las personas no estamos separadas unas de otras. Nos hemos identificado sin egos; somos espíritus, somos como lo define el Dr. Ramón Gallegos, seres espirituales viviendo una experiencia material.

La maestría me dejó, entre otras cosas, que el sufrimiento no es nuestra identidad; no tenemos que ser seres con historias de sufrimientos, eso solo debe estar en el pensamiento, porque a medida que nos vamos liberando de los apegos y de esas circunstancias que nos han provocado dolor, se pone en juego el desarrollo interior.

Si nosotros logramos alcanzar una paz, si logramos en realidad pacificar nuestra mente, nuestros pensamientos no permiten el sufrimiento; por tanto, podemos estar en un estado de paz profunda.

Me he identificado con la educación holista porque siempre he creído que el ser humano tiende a una espiritualidad que lo conecta internamente con su existencia... Y es que el verdadero corazón de la educación holista es el amor universal.

Martha Alicia Villalpando Raga

Fundación Internacional para la Educación holista

Maestría en Educación holista

Guadalajara, Jal. México. 2012

www.ramongallegos.com

Dr. Ramón Gallegos

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