Sea buen emprendedor
Ser buen emprendedor se basa en la ética empresarial, en el auténtico líder, en escoger a los integrantes del viaje y en olvidarse del pasado; solo así podremos afrontar este escenario global que se caracteriza por un mercado como si estuviera minado.
12 de julio 1326 palabras
Ser un buen emprendedor implica tener ciertas actitudes y rasgos para enfrentar y mantenerse en el largo camino de sacar adelante la familia y el país. La ética empresarial y contar con un auténtico líder empresarial son fundamentales para lograr el éxito.
Además, es esencial elegir bien a los integrantes del equipo y deshacerse del miedo al fracaso. Los verdaderos emprendedores del país surgen de las provincias y pueblos modestos, situaciones difíciles y precarias que han sido azotadas por la pobreza y el terrorismo.
Es el caso de los Añaños de Ayacucho y los de Gamarra de Ayacucho, Puno y Cusco, quienes aprendieron valores éticos y morales de sus ancestros para realizar negocios limpiamente. Sin embargo, en la actualidad, algunos parecen haber olvidado estos valores y morales.
Piensan que acudir a juegos delictivos es la única forma de mantenerse en carrera y ganar más dinero. La honestidad es un valor absoluto y no deberíamos aceptar las medias tintas o actuar sin considerar nuestros valores.
Debemos condenar el robo, el fraude, el maquillaje de cuentas o la malversación de fondos, pues solo así se puede construir empresas y una economía sostenible.
Sea buen emprendedor.
Ser buen emprendedor es tener ciertas actitudes, rasgos, etc., para afrontar y mantenerse en el largo camino de sacar adelante a la familia y al país. La valentía de hombres y mujeres del país se basa en la ética empresarial, en el auténtico líder empresarial, en elegir a los integrantes del viaje y en deshacerse del fantasma del fracaso.
La ética empresarial.
Los verdaderos emprendedores de nuestro país surgen de las provincias y de pueblos modestos, de situaciones difíciles y precarias azotadas por el terrorismo y la pobreza; ejemplo de ello los Añaños de Ayacucho y los de Gamarra de Ayacucho, Puno y Cusco. Allí, en la serranía, comenzaron a realizarse fuertes, pujantes, capaces de dar todo lo mejor de sí mismo en la difícil batalla de la existencia, pero también aprendieron valores éticos y morales de sus ancestros para realizarse limpiamente y emplear ciertos valores aprendidos en el mundo de los negocios.
Sin embargo, en la actualidad parecen olvidar los valores y la moral; el crecimiento material pareciera que es más importante que el crecimiento psicológico. Algunas personas y empresas acuden a juegos delictivos con tal de conseguir su interés personal y económico. Piensan que apelar a juegos malintencionados y malévolos es la única forma de mantenerse en carrera y ganar más dinero. El camino puede ser tentador y atractivo, pero el fracaso y el derrumbe pueden estar a la vuelta de la esquina por actuar inconscientemente y firmar contratos infructuosos.
Antiguamente, algunas sociedades primitivas como los incas tenían la cultura de que la honestidad era un valor absoluto y no existían las medias tintas; hoy, la sociedad supuestamente educada y la sociedad industrializada parecen estar al revés.
Pero la conciencia está ahí, es como una bitácora que conecta con nuestros actos y valores; el problema radica en que actuamos y hacemos sin considerar nuestros valores bajo el argumento de que todo el mundo lo hace.
Hay que condenar el robo, el fraude, el maquillaje de cuentas o la malversación de fondos. Los que fomentan de cierta manera esa cultura negativa contra la sociedad nunca llegan demasiado lejos; cuando encuentran su caída, esta es dolorosa, penosa y duradera.
Es necesario construir una cultura empresarial que fomente valores éticos, que permita a los hombres y mujeres de negocios conseguir el camino perfecto y no desviarse de él. El ingrediente para el éxito es coraje, visión de futuro, constancia, riesgo, sacrificio, disciplina y honestidad.
El auténtico líder empresarial.
Un barco navega de Tailandia a Perú cargado de mercaderías valorizadas en 100 millones de euros, entre ellos televisores y autos; viaja con 120 colaboradores. En el trayecto surgen algunos percances: aparecen olas gigantescas en medio del mar que intentan virar y hundir al barco. Hay desesperación y gritos, el capitán tranquiliza a los marineros, mantiene la calma, toma precauciones y el viaje es largo; el mar se apacigua poco a poco después de 12 horas, y se acerca al destino sin pérdidas. El liderazgo no es como algunos piensan; el líder es como un capitán del barco que tiene ciertas actitudes para mantener sereno a los compañeros y emprender el largo viaje. Aquí algunas recetas para ser buen emprendedor con un estilo de liderazgo diferente y adaptarse con facilidad a este escenario global.
Motivación. El auténtico líder motiva porque es esencial para incentivar a los equipos de trabajo y conseguir así que se cumplan los objetivos y metas.
Firmeza. El auténtico líder es exigente, pero no alza la voz.
Acuerdo mutuo. Hay constante diálogo, comunicación y negociación con los colaboradores (empleados), con el objetivo de llegar a las metas sin desviarse del camino.
Experiencia. El liderazgo requiere de personas idóneas, capaces, con voluntad, actitud y experiencia para formar parte de esa piedra angular.
Mostrar interés. En el mundo empresarial el líder tiene que mostrar interés, lealtad y afecto por sus colaboradores o las personas que están a su responsabilidad.
Riesgo. El auténtico líder empresarial surge cuando asume los riesgos de emprender un negocio y, a pesar de los obstáculos, sigue firme en su camino.
Errores. El auténtico líder ve detrás de cada error una oportunidad; el error no es una contrariedad, sino parte de la carrera empresarial. Hay algunas personas que dedican la mayor parte de su tiempo a criticar los errores de los otros: ¿será que ellos no han tenido obstáculos en la vida? ¿O será que no han arriesgado nada para ser algo en la vida?
Coraje. Para afrontar los retos y situaciones difíciles. Tiene que ser batallador y guerrero en el sentido empresarial.
Confianza en sí mismo. La confianza es vital: mantener la mente positiva y los pies bien puestos sobre la tierra para no desviarse del camino. No dejarse influenciar por las emociones negativas del momento; el auténtico líder maneja y controla sus emociones, genera energía, optimismo y eleva la moral de sus colaboradores.
Humildad. Escuchar los consejos y aportes de los colaboradores y de las personas con experiencia para encontrar alternativas que solucionen dificultades. El auténtico líder se caracteriza por escuchar humildemente antes de tomar decisiones.
Sinceridad. El líder auténtico es sincero y franco con su equipo de trabajo; cuenta la verdad con naturalidad y responsabilidad, sin esconder información adversa, y no da por perdido, analiza alternativas bajo la manga.
Compromiso. El líder auténtico está comprometido con el bienestar de su equipo de trabajo y de sus familias y, luego, con la rentabilidad de la empresa.
Respeto. El auténtico líder es quien recibe a su empleado en la puerta de la empresa con un saludo afectuoso.
Comunicación. El auténtico líder debe estar a la altura de los percances que puedan tener los equipos de trabajo en su vida personal y demostrarles que está con ellos.
Elegir a los integrantes del viaje.
El éxito depende del esfuerzo de los integrantes del equipo de trabajo; hay que escoger cuidadosamente personas idóneas, leales, que tengan capacidad y habilidad.
Hay que asegurarse de que ellos darán lo mejor en los peores momentos. Los elegidos tendrán que adaptarse a la cultura empresarial que se quiere emprender, como una pieza clave interrelacionada con otras. La fortaleza, la valentía y el carácter de ellos es elegir los caminos correctos y actuar con ética. Si el carácter del seleccionado no es suficientemente activo y honesto, su debilidad y su desesperación nos contagiarán y es posible que nos arrastren al abismo.
No importa qué tan brillante sea su currículo; nos importa su actitud, la valentía, el coraje, el compromiso, la humildad y la inteligencia. Solo así lograremos ubicar quién irá a nuestra derecha e izquierda para emprender este camino minado.
El fantasma del fracaso.
Hay líderes que se fueron al abismo con su negocio por culpa de personas ineptas o por la competencia que les tendió alguna trampa para sacarlos del mercado. Estos se aferran a la venganza por lo que les hicieron, analizando tal o cual alternativa para cobrar revancha; sin embargo, el tiempo y la competencia avanzan. El fantasma que nubla su mente y su espíritu altera las emociones, perturba la actitud de las personas, las convierte en intratables y desconfiadas y puede generar alguna enfermedad. Es absurdo seguir cargando esa cruz; hay que olvidar el pasado, olvidar el dinero perdido, aceptar lo ocurrido para seguir adelante con una actitud digna y positiva.
Pensar de forma positiva y creativa para no caer en lo mismo, asumir con voluntad el seguir adelante y olvidarse del pasado oscuro que solo nos lleva al despeñadero.
“No temas, yo te redimí: cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; cuando pases por las aguas no te ahogarás, y si por los ríos no te anegarán.” “La clave del cambio es liberarse del miedo…” Jesús. No tengamos miedo; nunca es tarde para volver a formar una familia y emprender un negocio. Debemos imaginar una nueva vida, creer en ella y empezar de nuevo.
Bueno, amigos, espero que los apoye en algo. Sigan adelante.
Artículos relacionados
El auténtico emprendedor
El auténtico emprendedor tiene ciertas actitudes únicas para afrontar y...
10 grandes errores que cometen los empresarios exitosos
Breve análisis sobre los errores que no se deben cometer en el mundo de los...
Programación mental para la riqueza y éxito
Te identificas como verdadero emprendedor cuando empiezas a analizarte y vas conociendo y...
El miedo a emprender: el miedo a no ser capaz
Brillantes ideas de emprendedores se frenan por falta de ayuda de empresarios...
Breve comportamiento organizacional de los negocios pymes
Los rudimentos arcaicos que mantienen a las organizaciones hoy en día no determinan...
Yo no puedo, no puedo
Yo no puedo, no puedo más, no puedo con esto. A menudo nos dejamos influenciar y...