Desempleo en el Perú
La problemática del desempleo en Perú y los hechos delictivos que provoca este problema social. Cómo actúan cientos de desempleados para agenciarse de dinero. Qué hacer para protegerse de nuevas formas de delito en los que los protagonistas son desempleados.
18 de abril · 1248 palabras
El desempleo en Perú ha llevado a que muchas personas se dediquen a delinquir para obtener dinero. Los desempleados ya no son aquellos que buscan trabajo de manera tradicional, sino que han surgido nuevas formas de buscarlo, como por ejemplo, por medio de agencias de empleo.
Aunque muchas de estas agencias estafan a los trabajadores, no se les puede arrestar porque cuentan con los permisos necesarios para su operación.
Este problema está afectando a muchas personas que están desempleadas y que son vulnerables a las estafas, lo que las lleva a tratar de buscar trabajos por su cuenta y a delinquir para obtener ingresos.
Es necesario que se tomen medidas para proteger a los trabajadores de estas estafas y para disminuir el desempleo en el país.
El desempleo en Perú ha creado toda una nueva gama de delincuentes, que se ejercitan todos los días en distintas modalidades para poder conseguir algo de dinero.
Los desempleados ya no son los de antes, que, periódico en mano, buscaban un trabajo visitando todas las ofertas disponibles en los medios.
La mayoría se les veía en las puertas del Ministerio de Trabajo, en unas colas de 300 m.
A otros se les veía en las puertas de empresas de servicios, en agencias de empleos que les cobraban 50, 60, 80 soles por una vacante de trabajo, que casi siempre no les daban.
Las agencias de empleos estafaban y estafan a miles de peruanos, especialmente a provincianos, a los que les dicen: “Tiene que pagar su derecho de colocación, 100 soles”, para poder darles su carta de presentación; el trabajo es de inmediato, ganará 800 soles, con todos los beneficios de ley.
Estas agencias, que están mayormente en el centro de Lima, tienen tres chicas y un matón en la puerta para realizar sus actividades.
Una chica, con pinta de mujer de la vida, de 'prostituta diplomada', coqueta, lo recibe, le da la mano y con gran elocuencia le habla de la importante vacante de trabajo en una empresa grande.
El cliente, un desempleado que no tiene ni para comer, desesperado por la ilusión de conseguir un trabajo, promete volver con el dinero en dos días, como máximo.
Estas pobres personas, luego de pagar, son enviadas a varias empresas donde los rechazan, los botan, les dicen que ya no hay vacantes, etc.
Es decir, son estafados.
La policía nada puede hacer, porque todas estas agencias tienen su permiso, su inscripción en el Ministerio de Trabajo.
Su actividad es legal: ellos buscan vacantes de trabajo para los desempleados, seleccionan personal, es lo que dicen, para otros. Por tanto, están en su derecho de cobrar por ser un servicio privado, legalmente organizado, con RUC, licencia municipal, autorización del ministerio del sector laboral.
Así las cosas, tenemos que estas personas desempleadas, estafadas, cansadas de tanto engaño, de tanta mecida, terminan trastornándose.
Conocí a una señora que me contó que había pagado ya a tres agencias de empleos para que le consigan trabajo, casi 250 soles, pero ninguna la había logrado colocar.
Me dijo:
- Voy a enviar mensajes de correo electrónico a las empresas que venden servicio y diré que quiero contratar sus servicios, que soy una gerente de una industria. Así lograré saber quién es el jefe, dónde quedan sus oficinas y podré estar todos los días cerca, para tratar de hablar con el encargado de personal y suplicarle que me dé una entrevista.
La señora se imaginaba que, si lograba que le dieran una entrevista y miraban su currículum vitae, ella podría tener más posibilidad de trabajar.
Lo mismo me comentó otro señor, ex policía retirado con grado de capitán, que caminaba desmoralizado y bebía aguardiente en un barcito, en Comas.
Me dijo:
- No entiendo por qué la sociedad es conmigo así. Yo he servido a mi país, he sido oficial, tengo arma, pero nadie me quiere contratar en seguridad, me rechazan, me citan para otra fecha, finalmente me devuelven mis documentos y me votan.
Le expliqué una cosa: que las empresas privadas no le dicen de frente a los postulantes:
1.- Las empresas privadas quieren jóvenes de 20 a 35 años porque consideran que las personas de más edad suelen tener enfermedades, vicios, familia numerosa y el sueldo que ellos pagan no les alcanzará para nada.
2.- Las empresas privadas creen que las personas mayores significarán atenciones médicas con el tiempo; además saben que ellos conocen sus derechos laborales y los reclamarán. En cambio, los jovencitos no saben nada de normas legales laborales y es fácil, palabrearlos, botarlos sin darles sus beneficios sociales, su liquidación, luego de tres años de trabajo.
3.- La empresa privada no quiere tener en sus filas a gente que pueda convertirse en un líder sindical, en un empleado enfermo con seguro social y prestaciones.
Hay, desde luego, empresas serias, responsables, que pagan todos los beneficios a sus trabajadores, pero son dos de 2,000.
Los desempleados, así las cosas, con este panorama negro, deciden entonces dedicarse a: “chantajear por correo electrónico, por teléfono, a pedir dinero a cambio de no secuestrar o atacar personas.”
Muchos desempleados participan en robos y asaltos, como “dateros”. Como todo el día están caminando por las zonas industriales y comerciales, mirando molestos las vitrinas de las tiendas porque nada pueden comprar, se dedican a recabar información para los delincuentes.
Ellos se dedican a ubicar empresas, recabar informes de los movimientos en sus locales, sobre la identidad de los jefes, etc.
Esa información la comparten con delincuentes, que luego roban las empresas 'dateadas', y le dan su pago al desempleado.
Son miles las empresas asaltadas de manera sincronizada, en minutos, por bandas que caminan por los locales como en su casa: “lo conocen y saben absolutamente todo”.
El desempleado peruano maleante envía correos electrónicos todos los días; se hace pasar por gerente, jefe, empresario, persona que está en el extranjero y que quiere una dirección para obtener mejor información.
Otra estrategia es llamar por teléfono y, en plena conversación, cortar la llamada para que sea la empresa la que lo llame a él y le dé los informes solicitados. Es decir, no quieren pagar ellos el costo de la llamada; quieren que lo pague la empresa a la que están 'tanteando, vigilando, para mandarla asaltar'.
Otros desempleados suelen pedir citas, entrevistas 'para una mejor coordinación'. Por lo general, estos son casi siempre militares viejos, sesentones sin trabajo, cincuentones que alguna vez pertenecieron a un instituto armado y que tratan de conseguir trabajo de ese modo.
En mi experiencia personal, hace 20 años recibía a distintas personas todo el día para darles entrevistas e informes.
Me halagaba que una persona me solicitara una entrevista o informes; me hacía sentir que estaba en el camino correcto, pero luego de 20 años observé que, en los tiempos actuales, trabajar así es peligroso.
Varios caballeros y algunas damas se ponían malcriados en mi oficina, levantaban la voz, me advertían, casi amenazaban.
Esto ocurría porque yo les decía que no me interesaban sus servicios, que no necesitaba personal, y les pedía que salieran de mi local porque iba a almorzar.
Ser franco es lo mejor; no jugar con las expectativas laborales de las personas es decente, lo correcto. ¿Para qué mentir, ilusionarlos con un trabajo que yo no podía darles?
Pero para otros mi franqueza les sonaba a menosprecio, a indiferencia, a maldad, porque ellos, al ver la elegancia de mi manera de vivir, de trabajar, mi personal y computadoras por todas partes, creían que: 'no les daba trabajo de puro malo'.
Los casos de ataques con petardos de dinamita se han registrado, hace solo unas semanas en Lima, contra una Sra. que es dueña de una empresa de transportes y que se negó a pagar un cupo. Cupo es una cantidad de dinero que le exigen los desempleados a los dueños de negocios exitosos.
Desempleados del sector construcción civil hacen lo mismo en las obras de construcción de edificios nuevos. Van en grupos de treinta, con revólver y amenazan al ingeniero jefe; le exigen pagar un cupo de 'solidaridad'.
Tenga cuidado con los desempleados; están la mayoría en Lima, en coordinación con delincuentes, esperando algún tonto que les dé una dirección, una entrevista, una cita, para 'una mejor información'.
Sonría y sea feliz.
Pedro A. Reyes Ramos
www.actiweb.es/alvisegperu
Sobre el autor
Instructor de Seguridad Publica y Privada inscrito en el Ministerio de Interior de Peru.Director de AASIPP PERUDirector de Alvisegperu
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