El poder de las sectas
La presión manipuladora, o las artes persuasivas, no nos afecta a todos por igual. La vinculación a cualquier grupo depende tanto de nuestra forma de ser y del momento vital en que nos encontramos, como de las técnicas persuasivas o manipuladoras de ese grupo.
7 de julio · 641 palabras
La psicóloga Hannah Arendt ha reflexionado sobre la "banalidad del mal", es decir, la fuerza arrolladora de un medio social que aniquila la capacidad de pensar.
Muchos seres humanos, cuando cumplen con su supuesto deber o las órdenes de un líder, se parapetan en una cotidianidad que se inmuniza a toda crítica, defendiéndose en principios rígidos y empecinándose en su defensa, lo que los hace incapaces de "ver de otra manera".
El poder de las sectas puede ayudarnos a dilucidar cómo manejamos la incertidumbre de nuestra existencia.
Cuando se analiza el proceso de vinculación sujeto-secta, se pueden identificar cuatro condiciones que precipitan la conversión del sujeto: contactar en un momento de crisis de vida del sujeto, establecer vínculos afectivos, limitar los contactos con personas ajenas a la secta y una interacción continuada e intensiva con los adeptos.
De las cuatro condiciones, dos son necesidades del sujeto y dos son técnicas propias de las organizaciones sectarias. Por lo tanto, un proceso de vinculación requiere un sujeto predispuesto y un grupo sectario que le ofrezca una "forma de ver" que apacigüe sus ansiedades.
Además, se han descrito cuatro etapas para llegar a la conversión plena: atracción-seducción, conversión, consolidación y compromiso.
En conclusión, comprender cómo funcionan las sectas nos permite explorar la complejidad de la naturaleza humana y cómo las personas manejan la incertidumbre de su existencia.
Los vínculos afectivos y la interacción intensiva con los miembros de la secta son técnicas comunes utilizadas por las organizaciones sectarias para lograr la conversión.
Sin embargo, la clave para evitar la conversión en una secta es desarrollar habilidades críticas y de pensamiento independiente para resistir a la influencia de las masas.
Hannah Arendt ha reflexionado sobre la “banalidad del mal”, sobre esa fuerza arrolladora de un medio social que aniquila la capacidad de pensar. Una gran parte de seres humanos, cuando cumplen con su supuesto deber o con las órdenes de un líder, se parapetan en una cotidianidad que se inmuniza a toda crítica. Se atrincheran en unos principios rígidos y, empecinándose en su defensa, son incapaces de “ver de otra manera”. El poder de las sectas nos puede ayudar a dilucidar cómo manejamos la sustancial incertidumbre de nuestra existencia.
El proceso de vinculación
Se pueden describir cuatro condiciones que precipitan la interacción sujeto-secta hacia la conversión de éste: contactar en un momento de crisis de vida del sujeto, establecer vínculos afectivos, limitar los contactos con personas ajenas a la secta y una interacción continuada e intensiva con los adeptos. De las cuatro condiciones, dos forman parte de las necesidades del sujeto (crisis y vínculos afectivos) y las otras dos son técnicas propias de las organizaciones sectarias (aislamiento e interacción con los miembros de la secta). Así, un proceso de vinculación requiere un sujeto predispuesto y un grupo sectario que le ofrezca una “forma de ver” que, como un ansiolítico, apacigüe sus ansiedades.
Se han descrito cuatro etapas para llegar a la conversión plena. La primera es atracción-seducción, donde se busca impactar agradablemente en el ámbito emotivo-afectivo del sujeto para que se sienta querido y protegido. La segunda etapa es la captación, que, una vez más, se realiza por la vía emocional-afectiva más que por la vía racional. La tercera es la conversión, en la cual el sujeto adopta una nueva identidad en base a su compromiso con la secta. Por último, el adoctrinamiento pretende que el sujeto consolide su nueva identidad y profundice en la doctrina. Al final lo que se persigue es que el adepto adquiera una inquebrantable conciencia de que es un privilegiado por habitar en una verdad absoluta y que, finalmente, sienta que más allá de los límites de las creencias de su secta todo es caos y perdición.
Estrategias de abuso psicológico
Se ha categorizado una serie de estrategias:
a.- Aislamiento. De la familia, de los amigos, del trabajo, de las aficiones, del lugar de residencia. Para constituir una nueva identidad se requiere demoler todo aquello que nos sostenía, que nos proporcionaba una identidad.
b.- Control y manipulación de la información. El adoctrinamiento implica canalizar y focalizar toda la información pertinente para conseguir al adepto. La construcción de una verdad absoluta entraña socavar la capacidad de reestructurar nuestra cosmovisión con nuestras vivencias. El nuevo marco de pensamiento no puede contaminarse con informaciones que susciten dudas o exploración de nuevos territorios.
c.- Control de la vida personal. Cualquier atisbo de individualidad y de criterio personal entorpece el proceso de conversión del neófito en la estructura sectaria. Por ello, la organización sectaria se afana por controlar su economía, sus relaciones afectivas y su vida sexual, sus actividades, en definitiva su propia existencia.
d.- Abuso emocional. Es la estrategia más determinante. Desde la activación interesada de emociones positivas a la exigencia de una entrega afectiva y entusiasta. El abanico de estrategias es amplio: intimidación, desprecio, humillación, rechazo, sentimiento de culpa...
e.- Adoctrinamiento en una verdad absoluta y pérdida de la identidad personal. Reconstrucción del propio pasado para “verlo” con los ojos de la nueva verdad absoluta de su nueva identidad. Incapacidad para la crítica y exigencia de imponer la doctrina por encima de las personas y las leyes. Idealización de la doctrina y rechazo frontal de todos los grupos que amenacen su supervivencia.
f.- Imposición de un líder que tiene la autoridad legítima sobre la verdad absoluta.
Sobre el autor
Licenciado en filosofía y en psicología por la Universidad Central de Barcelona. Máster en psicoterapia humanista por el Instituto Erich Fromm.
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