El adolescente infantil y cómo tratar con él
Al adolescente se le pueden dar consejos y obligaciones, pero no condenarlo al estrecho camino de ser servidor de los padres y dueño de la verdad. Se está tratando con un niño que se encuentra transitando por dos mundos simultáneos; por ello se requiere una atención especial al trato que se le da.
23 de julio · 355 palabras
El artículo destaca las gratificaciones que busca el adolescente, tales como la libertad, la fusión con sus amigos y el entorno social, y las recompensas individuales que esto le brinda, como una buena autoestima y la posibilidad de desarrollar sus potenciales.
Se indica que el adolescente no es un autómata obediente, y que es importante entender sus comportamientos sin interrogarlos en exceso. Los padres deben ayudar cuando el adolescente está desdichado, derrumbado o agobiado, ya que algo está pasando, aunque él no pueda expresarlo completamente.
El artículo destaca la importancia de no encerrar al adolescente y de no hacerlo responsable de conductas reveladoras, sino de ver las motivaciones que hay detrás de ellas. Advierte sobre el riesgo de diagnosticar erróneamente trastornos psíquicos y la confusión que puede causar.
En resumen, tratar con un adolescente infantil requiere tiempo, paciencia y comprensión tanto de él como de uno mismo para entender las raíces de los problemas que enfrenta.
Las gratificaciones del adolescente son tener momentos de libertad, de fusionarse con sus amigos, con el entorno social y obtener de él gratificaciones individuales. Esto es obtener una buena autoestima, que es en el fondo poner en marcha adecuadamente sus aptitudes y vocaciones.
El adolescente no es un autómata capaz de obedecer y actuar por órdenes perentorias, sino que sería un muy grave enfermo (obediencia automática) que hace lo que le dicen sin estarlo viviendo.
Veamos muy bien lo que vive el adolescente, pues este se está formando, desarrollando y no haciendo una vida prestada por los demás. Puede agredir, puede seducir, despreciar, puede enemistarse, pero sus padres y hermanos mayores deben entender qué le está pasando sin interrogarlo excesivamente. Ayudarlo cuando está desdichado, derrumbado, pues algo le pasa, aunque este no lo pueda expresar (secreto adolescente), y a lo mejor en el futuro para él no sea más que una anécdota.
Lo que debemos hacer no es encerrarlo ni hacerlo responsable de conductas que él revela como descarga, para no realizarlas. Debemos ver las motivaciones de esas conductas. Ver bien sus déficits de identificación, de identidad, físicos, etc.
El adolescente infantil tarda un largo tiempo en evolucionar. Estos rasgos pueden persistir durante mucho tiempo y es necesario tomarlos con sumo cuidado. Pueden desembocar en trastornos psíquicos cuyos diagnósticos confunden a los padres.
No es lo mismo que el adolescente busque la infancia perdida, consciente o inconscientemente, y seguramente desee volver a ser niño, haciéndose el que necesita mimos, cariños, etc. Esto no es lo mismo que la regresión infantil en el sentir y en el vivir y el alejamiento de las cosas de la vida, que puede desembocar en una esquizofrenia. En definitiva, tratar con un adolescente infantil requiere darle tiempo a él y a uno mismo para entender las raíces de los problemas que presenta.
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