Bullying en Argentina
Para entender el nivel de violencia escolar que hay en nuestros días, primero debemos estudiar qué significa la agresión y la violencia en sus distintos tipos. Luego entraremos en los factores que conducen al clima que se vive en el ambiente escolar.
6 de junio · 7711 palabras
La violencia y agresión escolar son fenómenos complejos que requieren una definición precisa. La agresión se define como un comportamiento socialmente destructivo o afrentoso, que puede ser hostil o instrumental.
La violencia, por otro lado, es una acción intencional que causa daño físico, psicológico o moral a una persona o grupo. En la actualidad se busca entender cuáles son los factores que contribuyen al clima de violencia en el ambiente escolar.
A menudo las formas de violencia son sancionadas por la ley o la sociedad, pero en algunos casos no son percibidas como tales debido a que falta la inscripción psíquica que permite discernir lo permitido de lo prohibido.
La comprensión adecuada de estos conceptos es crucial para abordar el problema de la violencia en las escuelas y desarrollar estrategias efectivas de prevención y solución.
Es necesario trabajar en la promoción de valores y habilidades sociales en los estudiantes y fomentar la participación activa de los padres y la comunidad educativa en la prevención de la violencia escolar.
Introducción
Para entender el nivel de violencia escolar que hay en nuestros días, primero debemos hacer un estudio de lo que significa la agresión y la violencia en sus distintos tipos, para luego entrar en los distintos factores que conducen al clima vivido en el ambiente escolar.
Definiciones de agresión
Comportamiento socialmente definido como afrentoso o destructivo. Se diferencia la agresión hostil, que tiene como propósito infligir deliberadamente un daño o sufrimiento a otra persona, de la agresión instrumental, que persigue otro objetivo, que puede ser una recompensa de cualquier tipo (monetaria, adquirir un puesto, etc.) y que no se refuerza con el sufrimiento del otro sino que se es indiferente ante el mismo.
Ataque no provocado o un acto belicoso, y también la práctica o hábito de ser agresivo o belicoso. Para la psicología es una tendencia o conducta hostil o destructiva. Dollard afirma que es cualquier secuencia de conducta cuya respuesta de meta es el daño a la persona a la que se dirige.
Definiciones de violencia
La violencia es una acción ejercida por una o varias personas, en donde se somete de manera intencional al maltrato, presión, sufrimiento, manipulación u otra acción que atente contra la integridad tanto física como psicológica y moral de cualquier persona o grupo social.
Es un comportamiento deliberado que provoca, o puede provocar, daños físicos o psíquicos a otros seres, y se asocia, aunque no necesariamente, con la agresión, ya que también puede ser psíquica o emocional, a través de amenazas u ofensas. Algunas formas de violencia son sancionadas por la ley o por la sociedad, otras son crímenes. Distintas sociedades aplican diversos estándares en cuanto a las formas de violencia que son o no aceptadas.
Acto violento: “es aquel que se ejecuta contra el modo regular o fuera de razón y justicia”. Entendemos por legalidad a la inscripción psíquica, exquisitamente humana, que permite situar y discernir aquello que sí se nos está permitido hacer y/o decir de aquello que de ninguna manera lo está.
Esta dimensión se vive a través de una ley simbólica interna, que permite a las personas orientarse, establecer lazos regulados con los otros y, en definitiva, llegar a convertirse en un ser humano plenamente.
La ley simbólica se internaliza entre la temprana niñez y el final de la adolescencia.
Fases de la violencia
Fase de tensión creciente: Esta fase está dada por la acumulación diaria de tensiones causadas por situaciones conflictivas, las cuales son reprimidas o minimizadas bajo sentimientos de desesperanza, disgusto y depresión.
Fase de explosión: En esta fase la acumulación y represión de tensiones se concentran en un solo momento, cuando la persona estalla emocionalmente por medio de actos violentos o agresiones físicas, verbales, emocionales o sexuales.
Fase de remordimiento: La culpa consume al victimario, al darse cuenta de la agresión perpetrada; en un primer momento se excusa por sus actos, causándole un daño irreparable a su autoestima, facilitando el inicio de estas tres fases cíclicas.
Tipos de violencia
Violencia directa: Llamamos violencia directa a la violencia física, aquella que tiene por objetivo destruir o neutralizar (herir o matar). Está referido a «agresiones físicas» (y otras formas). Se puede generar por muchos factores (múltiples formas de discriminación, intolerancia, competencia, territorialidad, nacionalismos, adicciones, etc.).
Violencia estructural: Consiste en agredir a una agrupación colectiva desde la misma estructura política o económica. Así, se consideran casos de violencia estructural aquellos en los que el sistema causa hambre, miseria, enfermedad o incluso la muerte a la población. Serían ejemplos aquellos Estados o países que no aportan las necesidades básicas a su población. Si nos remitimos a la definición de violencia como la aplicación de métodos fuera de lo natural a personas o cosas para vencer su resistencia, hablaremos de un abuso de autoridad en el que alguien «cree» tener poder por sobre otro. Generalmente se da en las relaciones asimétricas, el hombre sobre la mujer o el padre sobre el hijo, para ejercer el control. Si bien la más visible es la violencia física, manifestada a través de golpes, que suelen dejar marcas en el cuerpo (hematomas y traumatismos).
Violencia cultural: Se refiere a los aspectos de la cultura que aportan una legitimidad a la utilización de los instrumentos de la violencia que hemos nombrado anteriormente. Así, por ejemplo, se puede aceptar la violencia en defensa de la fe o en defensa de la religión. Dos casos de violencia cultural pueden ser el de una religión que justifique la realización de guerras santas o de atentados terroristas, así como la legitimidad otorgada al Estado para ejercer la violencia.
Violencia juvenil: Se refiere a los actos físicamente destructivos (vandalismo) que realizan los jóvenes y que afectan a otros jóvenes (precisemos, aquí, que los rangos de edad para definir la juventud son diferentes en cada país y legislación). En todos los países, los principales actores de este tipo de violencia son los hombres, y la educación social es tal que el joven violento lo es desde la infancia o temprana adolescencia. Sin embargo, la interacción con los padres y la formación de grupos, parches, galladas o pandillas aumenta el riesgo de que los adolescentes se involucren en actividades delictivas, violentas y no violentas (acción directa).
Violencia física: Se relaciona con el uso de la fuerza humana para deteriorar las condiciones de otro ser, objeto o sí mismo, abarcando golpes, cachetadas, empujones, patadas, heridas por armas de fuego o blancas, y todas aquellas que van en detrimento de la vida.
Violencia verbal y emocional: Son todos aquellos actos en los que una persona lastima psicológica y moralmente a otra, por medio de agresiones, gritos, desprecios, insultos, mentiras, irrespeto a la privacidad, irrespeto a sus creencias e ideas, comentarios sarcásticos y burlas que exponen a la víctima al público.
Violencia sexual: Abarca desde los ataques sexuales directos como violaciones, hasta la incitación a realizar actos de índole sexual sin el consentimiento de la otra persona, pasando por la violencia verbal dirigida al sexo, piropos obscenos, propuestas indecentes, entre otras.
Como vemos, la violencia directa es clara y visible, por lo que resulta relativamente sencillo detectarla y combatirla. La violencia cultural y la estructural, en cambio, son menos visibles, por lo que suponen más problemas a la hora de reconocerlas propiamente, como su origen, y combatirlas.
Podemos encontrar que la violencia en la escuela es síntoma principal de una problemática severa que relaciona tanto al Estado como a la educación, además de una proliferación de conductas violentas en la sociedad.
Este grave nivel de violencia es un indicador fundamental en nuestra sociedad, ya que señala la combinación de grupos marginales, jóvenes, niños y barrabravas con la adicción a diferentes sustancias toxicomanígenas en las que se destaca principalmente el paco, y se extiende en diferentes segmentos sociales que de a poco van afectando a las nuevas generaciones. Encontramos que la difusión de las armas en la sociedad también incide en el problema.
La cuestión de la violencia radica en el valor y en el sentido de respetar las normas de convivencia, que actualmente se encuentran olvidadas.
Actores responsables
Como responsables de este turbio clima social encontramos responsabilidad en la acción de diversos actores:
Los padres como agentes socializadores primarios son los que tienen mayor responsabilidad con respecto a la educación de sus hijos; todo comienza desde el núcleo familiar, en la vinculación de valores y metas honorables para el buen desarrollo del niño. Es fundamental que el niño crezca en un ambiente social sano, estable, limpio de violencia y agresión familiar, respetándose sus derechos, y formando, de esta manera, a un buen ciudadano.
Los padres deberían, en el límite de sus posibilidades, pasar más tiempo con sus hijos, tratar de entender su nueva forma de hablar, escuchando sus problemas que, aunque parezcan menores, los inundan de temor; así como también fijando nuevas normas de convivencia y estableciendo límites para acompañarlos y estar más cerca de ellos.
La escuela como institución de carácter público o privado, teniendo como objetivo principal la formación de jóvenes dignos, con valores, virtudes y buena convivencia, necesita poseer un cuerpo de docentes capacitados para poder instruir a los alumnos en los distintos temas establecidos en el plan de educación. Es fundamental que los educadores logren establecer una buena relación docente-alumno para poder escucharlos y ayudarlos.
La Ciudad de Buenos Aires cuenta con 440 escuelas primarias de gestión estatal distribuidas en 21 distritos escolares; en las cuales encontramos por cada distrito un gabinete psicopedagógico, cada uno de ellos se encarga de brindar apoyo y asesorar realizando entrevistas con directivos, niño y familia.
Cuando la situación lo amerite se realizan derivaciones al EOE (Equipos de Orientación Escolar), que dependen de la Dirección de Salud y Orientación educativa.
Misión y funciones de los EOE
Realizar tareas de prevención de problemáticas psicológico-pedagógico-sociales en el ámbito educativo y de promoción de la salud integral de la comunidad escolar.
Orientar, asesorar y apoyar al conjunto de los actores de la comunidad educativa en situaciones problemáticas a nivel grupal e institucional en el ámbito escolar.
Proveer el apoyo técnico-profesional en intervenciones diversas de carácter interdisciplinario e intersectorial, orientadas a la consecución del ingreso y permanencia de los alumnos en el sistema educativo, su promoción a niveles superiores de escolaridad y el mejoramiento de la calidad de la oferta educativa.
Desarrollar acciones que posibiliten la convivencia democrática en los establecimientos escolares y la promoción de vínculos cooperativos con el conjunto de la comunidad educativa.
Los equipos son interdisciplinarios, están compuestos por profesionales de las áreas de Psicología, Ciencias de la Educación, Psicopedagogía y Servicio Social. Hay un equipo por distrito escolar que atiende escuelas primarias y el nivel inicial; dos de Adolescentes y Adultos y uno para el nivel medio que abarca escuelas normales y artísticas.
Los medios de comunicación, en reiteradas oportunidades, transmiten mensajes que hacen creer que lo correcto es lo incorrecto; eso influye en la pérdida y la degradación de valores fundamentales.
También pueden transmitir malos ejemplos como conductas violentas o destructivas (a través de programas, series y noticieros que muestran ese tipo de imágenes desvalorizando la vida humana).
Hallamos también en varios programas destinados a chicos la excesiva discriminación que provocan al intentar “dar un ejemplo” incorrecto, e incitan a realizar conductas inadecuadas cuando salen de ese contexto y se instalan tanto en el ámbito escolar como en su vida cotidiana. Los mismos provocan que los niños adopten esas conductas y quieran “imitar” a sus ídolos. Un claro ejemplo de esto es el actual programa “Patito Feo” difundido en todo el país; a pesar de aparentar ser una simple emisión televisiva para jóvenes, se convierte en un mal ejemplo al mostrar distinciones entre las distintas “chicas” del colegio, donde claramente notamos la discriminación que se realiza entre feas, divinas, lindas, populares o como se las quiera llamar; constantemente se están agrediendo y nunca se trata de llegar a una buena relación entre ambas. En realidad eso es lo que vende el mercado y la gente compra.
Cada vez tenemos mejores y más medios para comunicarnos; cada día se nota más el analfabetismo funcional, el desinterés por el otro, la pérdida de la compasión, el aislamiento, el fraccionamiento de las luchas sociales y el “yo me ocupo de mi vida”, como si esta estuviera ajena a la interrelación social y cultural con la vida de los demás.
Con respecto a la televisión notamos que se le ha dado una ponderación desproporcionada a un instrumento y esto está generando muchos problemas sociales porque estimula y profundiza la confusión y la pérdida de valores humanos ya existentes.
El Estado constituye una función indelegable de brindar educación y establecer un control oportuno de los institutos educativos a nivel público y/o privado, además de brindar una capacitación gratuita para dichos educadores.
Según la ley de educación 26.206 no brinda soluciones y ni siquiera plantea capacitar a los docentes para encarar el problema de la violencia escolar.
A su vez sería necesario un control estatal más efectivo con respecto a los medios de comunicación.
Internet: se denomina ciberbullying o e-bullying a una forma de acoso que se produce a través de Internet, mediante el uso de teléfonos móviles u otros medios tecnológicos como cámaras fotográficas o de video digitales; es decir, usando las nuevas tecnologías al alcance también de nuestros niños y adolescentes. Una forma de violencia que nos hubiera parecido imposible años atrás.
En los últimos tiempos se da con frecuencia este fenómeno, siendo común que los adolescentes sean capaces de unirse y empiecen a pegar, insultar y humillar a sus compañeros, grabando esas imágenes en teléfonos móviles o con cámaras y después las enseñen y divulguen por la web, con la finalidad de someter a otros o de divertirse en una forma distorsionada y morbosa.
Muchos de los videos subidos retratan lo que realmente sucede entre los estudiantes.
Estadísticas
Cabe destacar que según lo analizado el 15% de los chicos del nivel primario tienen problemas psicológicos serios.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el desarrollo humano depende de la salud positiva de las comunidades, especialmente en cuestiones asociadas a la salud mental. Casi la mitad de los chicos que van a la primaria tienen algún problema psicológico.
Para conocer el estado de salud mental de los chicos argentinos, el Ministerio de Salud encargó un estudio a las universidades nacionales; los datos obtenidos fueron los siguientes:
- 15,3% está en situación de alta vulnerabilidad psicológica. (El 4,3% en muy alta vulnerabilidad).
- 28,3% en vulnerabilidad mediana.
- 46% tiene algún nivel de agresividad.
- 43% ansiedad y depresión.
- 41% problemas sociales y de atención.
Por otra parte, en una encuesta realizada por el Ministerio de Educación en el 2006 en las principales ciudades del país, se reveló que los niños y adolescentes de entre 6 y 16 años tienen anualmente —en promedio— unas mil horas de clase, pero en ese periodo pasan poco más de 1.500 horas frente a una pantalla de televisión o frente a una computadora.
Casos puntuales
Villa Gesell: Una tragedia ocurrida en un colegio en la que un chico de 17 años mató a un compañero de 18.
Un adolescente de 15 años apuñaló y asesinó a otro, de 16, durante una discusión que mantuvieron cuando salían de la escuela.
Según fuentes policiales se produjo un forcejeo hasta que la víctima y el otro menor cayeron al piso. El chico de 15 años sacó un cortaplumas y apuñaló en el pecho al compañero.
Las Toninas: Un chico de 13 años llevó a la escuela una réplica de una pistola con el objetivo de amenazar a un compañero; fue detenido por la policía y luego devuelto a sus padres.
Córdoba: Sus compañeros lo amenazaban para que se “rateara”. Un chico contó que en el aula algunos compañeros lo insultan y lo basurean todo el tiempo.
El joven, desde que comenzaron las clases, comenzó a estar más nervioso y ahora no quería volver porque tenía miedo. No hubo violencia física, pero sí amenazas verbales para que no entrara a clase.
Masacre de Carmen de Patagones: En Carmen de Patagones, un alumno de 15 años mató a tres compañeros e hirió a otros cinco; les disparó en su aula con una pistola calibre 9 milímetros de su padre (muerto unos meses antes) que era suboficial de la Prefectura Naval; este hecho causó dolor y consternación en la ciudad. Se determinó su inimputabilidad debido a su edad.
Le decían "Pantriste". Así lo habían bautizado las chicas del curso inspirándose en el personaje principal de una película de dibujos animados de Horacio García Ferré, estrenada a mediados de 2000.
Flaco, desgarbado y retraído, como el personaje de la película, Romero era centro de las burlas de sus compañeros.
Odiaba su sobrenombre y, de acuerdo con los investigadores, las constantes cargadas y bromas sobre su forma de ser fueron el detonante del crimen.
La duda sobre el estado mental del acusado se origina en las discrepancias entre dos pericias psiquiátricas ordenadas por la Justicia. La primera consideró que tenía una personalidad "pobremente estructurada" pero sabía perfectamente lo que hacía. La segunda concluyó que había obrado "fuera de sí".
En una celda, Javier Romero pasó los siguientes siete meses, hasta que lo trasladaron a Sierra Chica, un establecimiento de máxima seguridad. Para protegerlo, los otros 29 menores que comparten el lugar no saben quién es ni qué hizo.
Conclusión
La violencia es una conducta que afecta a todos en la sociedad. Está destruyendo valores sociales que son necesarios para la convivencia en armonía.
Es por esto que se hace necesario que se manejen de manera adecuada cada una de las particularidades de las familias envueltas en un ambiente de violencia. Es necesario que se intervenga de inmediato en el manejo del conflicto y que se realicen planes de mejoramiento de convivencia familiar, tanto para la víctima como para el victimario, pues ambos sufren las consecuencias del acto violento.
También es necesario que el Estado tome acción en la erradicación del mal de la violencia, poniendo en verdadero cumplimiento las leyes que existen al respecto y no dejando su aplicación como letra muerta. Es necesario que la comunidad denuncie al victimario y no se haga parte de un silencio extenso que lleve a consecuencias fatales como la muerte.
Este mal no se arregla removiendo menores de sus hogares ni llevando a la prisión al que comete la violencia; es necesaria una educación de valores cívicos y morales y un buen sistema de ayuda a la salud mental de la sociedad en general.
Una mirada al interior de las instituciones nos permite dar cuenta de que lo que sucede en ellas no es ajeno a lo que pasa afuera; la escuela es un reflejo de la sociedad, y esto lo reconocemos todos y cada uno de los miembros que trabajamos en ella. Las desigualdades sociales, culturales y económicas; la lucha por el poder y la fuerza del sometimiento hasta llegar a la reducción, nos afecta y no podemos dejar de creer que es posible que cada uno desde su lugar pueda lograr un cambio.
Las distintas instituciones entraron en crisis. Las experiencias vinculares del entorno familiar se alteraron. La familia como espacio de contención y de formación ha sufrido cambios y perdió significatividad. Los padres no acompañan a sus hijos, no asumen sus deberes como formadores y guías. Son comunes las situaciones familiares conflictivas y desarticuladas, con niveles importantes de violencia en dicho entorno. Entonces el chico reproduce muchas veces lo que ve en su hogar, o actúa por todo lo que no tiene, especialmente si carece de lo afectivo.
Se diluyó el rol docente relacionándolo con lo específicamente pedagógico, para pasar a ser de forma constante mediador, contenedor y árbitro en la resolución de conflictos.
De esta manera, la violencia se engendra fuera del ámbito escolar, pero sus efectos están adentro de la escuela.
Como hemos podido ver, la violencia escolar abre un espectro muy amplio de conductas: desde la agresión verbal, la falta de respeto mutuo entre distintos integrantes de la institución, el atropello a los derechos del otro, el desprecio y el hostigamiento hacia el más débil o el diferente, la discriminación y la segregación dentro de los grupos, hasta reiterados actos que parecen sencillos pero que por acumulación degradan la calidad de vida de todos los actores del sistema educativo, alterando el ánimo.
La violencia, para ser diluida, necesita de una práctica diaria y constante por parte de los adultos, que escuchen a los chicos y que tengan una mirada valorativa, considerándolos "sujetos de derecho, sujetos de palabra". Aunque podemos ver en el aspecto legal que esto se está considerando y hasta legislando, distamos mucho de una aplicación práctica que la sociedad necesita con gran urgencia.
Bibliografía
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La Educación en Nuestras Manos: Revista Pedagógica de los Trabajadores de la Educación. Año 6. Nº 48.
FREIRE, Pablo. La educación como práctica de libertad. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.
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http://orgf.freeservers.com/panmuerto.htm (pantriste).
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Artículos de La Nación, Clarín, de diversas fechas.
Definiciones de www.wikipedia.org.
Primer aproximación a la violencia escolar en la Argentina
Por Cecilia Lavena
Introducción
Son muchas las evidencias registradas en el mundo de las nuevas formas que adopta la violencia física en el ámbito de la escuela. Vale la pena mencionar algunas a modo de ejemplo de su grado de extensión.
En Estados Unidos, en abril de 1999, 15 alumnos y profesores perdieron la vida en manos de dos alumnos armados en la Columbine High School del estado de Colorado. El Departamento de Justicia norteamericano junto con el Departamento de Educación elaboró un informe que sirviera de guía para reducir la violencia en la escuela, una que incluye la detección de los signos que relacionan violencia con comportamientos perturbadores y las formas de acción para prevenirlos.
En Francia, el problema adquirió tal magnitud que dio lugar a la creación, en 1998, del Observatorio Europeo de la Violencia Escolar, centro de investigaciones para el estudio del fenómeno de la violencia escolar y urbana. Recientemente, en Le Monde de l'Éducation, Rémi Barroux (2001) constata que la violencia continúa siendo un desafío permanente del sistema escolar francés; 6.240 agresiones graves denunciadas por trimestre por los liceos y colegios a la justicia, 17% de los establecimientos declaran un hecho grave y 6% dos hechos graves.
La Argentina no escapa a estas realidades. Desde 1997 los medios de comunicación comenzaron a registrar los hechos de violencia ocurridos en las instituciones educativas de la Argentina. Alumnos que llevan armas a la escuela y las usan dentro de sus límites. Robos de computadoras, televisores o reproductores de video y aulas incendiadas por los propios alumnos. Alumnas que se cortan la cara con trinchetas. Profesores que atan con cinta adhesiva a sus alumnos o abusan sexualmente de ellos. Un adolescente que acuchilla a una profesora causándole la muerte. Actos que van desde el robo de bienes materiales a la agresión física de las personas que forman parte de la institución escolar también son parte del día a día escolar. Tanto en establecimientos públicos como privados, alumnos y docentes se ven envueltos en incidentes que culminan en agresiones verbales y en lesiones físicas. Aquello que durante muchos años ha sido bromas pesadas entre alumnos y pequeños actos de indisciplina hacia los profesores ha dado paso a lo que hoy se describe como violencia escolar.
Las manifestaciones de la violencia en las instituciones educativas en la Argentina se insertan en el debate de los últimos años acerca de la falla de la escuela en cumplir con una de sus funciones primordiales: la socialización e incorporación de los individuos a la vida social activa. Como espacio de contención a la vez que normalizador de los individuos como futuros ciudadanos, la escuela enfrenta nuevos desafíos. Después de décadas de fortísima expansión y democratización educativas, mantener y afianzar el carácter "inclusivo" de la escuela parece ser prioritario (Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación 2001). Así, las medidas de atención a la diversidad, el aprendizaje de la convivencia y la educación en actitudes y valores se muestran como acciones irrenunciables para la educación institucionalizada.
Indagar acerca de las situaciones que viven las instituciones educativas en la Argentina de hoy significa tratar de comprender las modalidades en que éstas son impactadas por la violencia que atraviesa a todas las instituciones que forman parte de la sociedad. ¿Estamos en presencia de una violencia brutal? ¿Qué es lo novedoso de la violencia escolar actual? ¿Dónde sucede? ¿Quiénes son los actores involucrados? ¿Qué formas adopta?
Son múltiples las definiciones y enfoques a los que ha dado lugar el término “violencia”. La literatura consagrada al análisis de la violencia en las instituciones de la educación no le asigna un significado unívoco. La inquietud de los actores sociales alimenta el fenómeno al igual que las manifestaciones mismas de los hechos de violencia.
Adoptamos como primera definición de la violencia escolar en la Argentina aquella que considera todo acto por el cual un individuo o grupo utiliza la fuerza física, armas o la coacción psíquica o moral en contra de sí mismo, de objetos o de otra persona o grupo, provocando como resultado la destrucción o daño del objeto y la limitación o la negación de cualquiera de los derechos establecidos de la persona o grupo dentro de la comunidad escolar (Abraham y Grandinetti 1997). La misma aborda los aspectos específicos que definen la presencia de las manifestaciones de los hechos de violencia registrados a partir de la descripción de: su ámbito de ocurrencia (Neufeld 2001); las características en términos de sexo, edad y rol en la institución de los actores involucrados (Moreno Olmedilla 1998, Fernández 1999 y Olweus 1998), el tipo de fuerza ejercida en el acto violento y sus consecuencias en términos del daño ocasionado (Lolas 1991, Debarbieux 1996 y Dupâquier 1999).
La investigación acerca de la violencia en las instituciones educativas llevada a cabo en Estados Unidos y en Francia se ha basado en las estadísticas provenientes de encuestas que indagan el “clima escolar” (Debarbieux 1996) y el fenómeno de victimización. No existen en la Argentina relevamientos estadísticos equivalentes, sólo fuentes indirectas del fenómeno. Los estudios realizados hasta el momento están destinados a probar instrumentos o a indagar formas de expresión de la violencia en la escuela. Esto indicaría un incipiente desarrollo en el estudio de dicha temática y la ausencia de registros oficiales acerca de la extensión y las formas del fenómeno de la violencia escolar en la Argentina. Consecuentemente, los hechos registrados por la prensa escrita valen como una primera aproximación al estudio de la violencia escolar.
En el presente artículo presentaremos los resultados producidos al indagar la magnitud y modalidades que viene adoptando la violencia escolar en el país desde 1997 a partir del estudio del registro producido por los diarios La Nación y Clarín acerca de los hechos de violencia en las instituciones educativas en la Argentina del último quinquenio.
Marco conceptual
Las experiencias de violencia escolar ocurridas en las escuelas argentinas sugieren que el concepto de la escuela como santuario se ha desdibujado. No se trata de hechos aislados sino que reflejan la violencia que la sociedad en general y las instituciones educativas en particular venían detectando como un fenómeno preocupante. Se trata de situaciones de violencia en las que un individuo o grupo utiliza el poder que detenta con el fin de vencer o alienar la voluntad y de borrar la legalidad propia en que se funda la autonomía del otro.
En la mayoría de los casos resulta difícil negar que estemos en medio de una situación así definida, debido a la fuerza con que se expresa la violencia, a los efectos que produce en quienes la sufren y por las actitudes que impone a quienes la ejercen. Más allá de que el modo en que se presente la violencia sea brutal, salvaje o sin piedad, o que lo haga como un desarrollo más o menos visible y paulatino, o sutil y silenciosa, su génesis siempre es compleja y confusa.
La violencia escolar se define por las características objetivas del hecho violento, así como también por cómo es percibida por los sujetos involucrados. En tanto hecho objetivo, consideramos violencia escolar a todo acto por el cual un individuo o grupo utiliza la fuerza física, las armas o la coacción psíquica o moral en contra de sí mismo, de objetos o de otra persona o grupo, provocando como resultado la destrucción o daño del objeto y la limitación o la negación de cualquiera de los derechos establecidos de la persona o grupo dentro de la comunidad escolar. La representación social de la violencia como hecho objetivable (Michaud 1986) supone una concepción de la noción de violencia en dos sentidos: como ataque físico y como transgresión o violación a las normas.
El estudio de la violencia en este sentido centra la mirada en la forma de los hechos violentos y concibe a la violencia como “el empleo deseado de agresividad con fines destructivos: agresiones físicas, peleas, conflictos” (Jurandir Freire Costa 1984, en Neufeld 2001, p. 67-68). La misma se expresa en la brutalidad de la acción ejercida y en las consecuencias materiales que esta adopta.
En estos términos, Chesnais (1978, en Michaud 1986, p. 10) identifica la violencia cuando: “en una situación de interacción, uno o muchos actores actúan de manera directa o indirecta, en masa o distribuidos, atentando contra uno o muchos otros en grados variables, sea contra su integridad física, moral, posesiones, o en sus participaciones simbólicas o culturales”.
Esta noción tiene en cuenta diversas cuestiones. Inicialmente considera el carácter complejo de las situaciones de violencia en las cuales pueden intervenir múltiples actores, y distingue la cantidad de actores involucrados en la interacción. La violencia no es un enfrentamiento entre adversarios sino el efecto de una empresa en la cual están implicados uno o varios sujetos.
Luego menciona la magnitud de la fuerza utilizada en las modalidades más o menos directas de producción de la violencia. No es lo mismo acuchillar, fusilar, firmar una orden de ejecución o bombardear una ciudad.
También tiene en cuenta la distribución temporal de la violencia, de golpe (masas) o lentamente (distribuida). Finalmente, señala que existen distintos tipos de ataques: atentados físicos más o menos graves, atentados psíquicos o morales más difíciles de circunscribir pero reales, atentados a los bienes que pueden poner en riesgo la capacidad de supervivencia (material) y a las pertenencias culturales.
En la percepción de los sujetos involucrados, la violencia dependerá de cómo dicho acto es decodificado como tal por una víctima o por un observador que interpreta el hecho (Debarbieux 1996). La violencia, según este criterio, no es un conjunto de hechos objetivables totalmente describible por un observador exterior según una taxonomía fija. La violencia es, antes que nada, una representación social dependiente de las condiciones sociohistóricas determinadas.
Siguiendo este criterio, Debarbieux (1996) conceptualiza la violencia como: “la desorganización brutal o continuada de un sistema personal, colectivo o social que se traduce en una pérdida de integridad que puede ser física, psíquica o material” (Debarbieux 1996, p. 45-46). Esta desorganización puede operarse por agresión, uso de la fuerza, consciente o inconsciente, pero puede existir violencia, desde el punto de vista de la víctima, sin que exista necesariamente agresor ni intención de perjuicio. La violencia es dependiente de los valores, los códigos sociales y las fragilidades personales de las víctimas. Puede actualizarse en los crímenes y delitos (contra la humanidad, contra las personas, contra los bienes individuales o colectivos), en las incivilidades o en el sentimiento de violencia que abolen los límites protectivos de los sujetos individuales y sociales que las padecen.
Tal como lo mencionamos con anterioridad, en la Argentina no existen relevamientos estadísticos basados en encuestas que indagan el “clima escolar” y el fenómeno de victimización, sólo fuentes indirectas del fenómeno. Consideramos al registro de los hechos de violencia escolar de la prensa escrita como una primera aproximación al estudio de la violencia escolar.
Los datos que se presentan a continuación tienen la intención de arrojar luz sobre la magnitud y características de los hechos de violencia ocurridos en las instituciones educativas en la Argentina desde 1997 hasta la actualidad, con el propósito de poder contribuir a pensar políticas educativas preventivas acordes con la realidad de dichos hechos.
Principales hallazgos
¿Qué podemos aprender de una mirada a los registros producidos por La Nación y Clarín acerca de los hechos de violencia ocurridos en las escuelas durante el quinquenio 1997-2001? ¿En qué medida ha cambiado la frecuencia y modalidades de la violencia entre alumnos y entre alumnos y docentes en los últimos años?
Aunque los delitos en el medio escolar aparecen en menor cantidad que lo previsto, no podemos ignorar la emergencia de una toma de conciencia de su presencia por parte de la opinión pública. A diferencia de la percepción que se tiene socialmente, los resultados no evidencian un aumento considerable en los hechos de violencia escolar año tras año, aunque sí señalan estacionalidad en su ocurrencia.
Las fluctuaciones en la frecuencia de ocurrencia de los hechos de violencia escolar podrían relacionarse con otros indicadores que hacen al entorno socioeconómico en el que está inmersa la escuela. Es decir, el aumento o la disminución de la violencia intraescolar podría deberse a las variaciones en las condiciones del entorno escolar y a la porosidad de los límites entre estos dominios: la escuela, el hogar y el barrio. El riesgo de ocurrencia de violencia en la escuela, ya sea por factores ambientales (familiares y comunitarios), personales o conductuales, es mayor en la primera parte del año. Este dato resulta de especial importancia a la hora de llevar adelante políticas de prevención en torno a esta problemática. Podríamos conjeturar que esto se debe al extenso período de vacaciones de verano que antecede el comienzo de las clases. Muchas veces resulta difícil para los docentes establecer normas de convivencia y de disciplina luego de un extenso período de ocio.
Aspectos micro-sociales: Algunos autores sugieren que la violencia escolar está vinculada fuertemente a la violencia de las zonas urbanas. Esta característica se ha encontrado con mayor frecuencia en los países donde se ha desarrollado la mayoría de la investigación en la materia. En Estados Unidos, la cantidad de estudiantes urbanos asesinados dentro o cerca del espacio escolar es nueve veces mayor que aquélla de las pequeñas ciudades o comunidades rurales. En la Argentina, la violencia escolar ocurre preferentemente en las jurisdicciones con mayor cantidad de población (Provincia de Buenos Aires, Provincia de Córdoba y Ciudad Autónoma de Buenos Aires), dado el alto intercambio social que propician estas zonas.
Aspectos micro-institucionales: Existe el supuesto generalizado de que la violencia escolar afecta las instituciones que han sufrido más directamente el deterioro económico de los últimos años. Consecuentemente se tiende a asociar el descenso de la calidad de las escuelas públicas con el aumento en la ocurrencia de los hechos de violencia escolar en las mismas. Sin embargo, los diarios no apoyan este supuesto, evidenciando que aparentemente la violencia vernácula o delictiva en la escuela ocurre en ambos sectores y no es exclusiva del sector público.
El sistema educativo, desde sus inicios, ha asumido diversas formas y transformaciones en función del significado y rol que el mismo ha jugado en cada sociedad en momentos históricos diferentes. No ha sido ajeno al modo en que la cuestión social se plantea en cada sociedad, ya que las instituciones educativas aparecen con la función de impartir conocimientos a sectores restringidos de su población. La emergencia de comportamientos violentos en el contexto de la escuela resulta relevante como un nuevo problema social, y es en el sector público de enseñanza donde se ha señalado la emergencia del fenómeno, al menos con sus características más visibles y preocupantes. Esto no implica que, asumiendo otras formas y gestionada con otros recursos, la misma no se haga presente en los centros de gestión privada de enseñanza. La similitud entre la distribución de los hechos de violencia y la distribución de los establecimientos escolares según sector sugiere que la pertenencia a uno u otro sector no incide sobre una mayor o menor ocurrencia de la violencia escolar. Consecuentemente, el fenómeno de la violencia escolar parece ser independiente del sector al que pertenecen las escuelas.
Dentro de la escuela la violencia reaccional se manifiesta más abiertamente en el nivel medio de enseñanza y en el espacio del aula. El pasaje de la escuela primaria a la secundaria produce la inscripción de la conducta disruptiva (incivilidad) en los jóvenes. Podría pensarse que la mayor ocurrencia de los hechos de violencia en la escuela media constituye la transgresión o ruptura de normas sociales de la vida en comunidad, la incivilidad. La violencia presente en la escuela media posee un carácter depredador cuyo sentido es la destrucción del otro, de los objetos del mobiliario, etc. Se trata de la resistencia juvenil a las normas dominantes bajo la forma agresiva y violenta. Esta resistencia es más frecuente, en la Argentina, en los espacios internos a la escuela que han mostrado ser el ámbito privilegiado de conflicto con la autoridad. De esta manera, la relación pedagógica se ve vulnerada generando una ruptura del sistema de enseñanza e imposibilitando la creación de un clima de convivencia en el aula.
Una de las interpretaciones posibles para explicar la ocurrencia de los hechos de violencia en el espacio áulico puede sugerirse en este punto. La presencia de estas conductas disarmónicas podría deberse a la pérdida de autoridad del docente respecto de las sanciones a aplicar frente a los actos de indisciplina. En la actualidad la escuela parece vivir en un estado de non-droit en el cual la sanción resulta inoperante. La institución escolar está impedida de reglar internamente sus problemas de disciplina. Cabe entonces preguntarse cuáles son las formas de “civilidad” de la escuela, en especial teniendo en cuenta que la relación pedagógica implica siempre una relación de fuerza.
De los autores y las víctimas de los hechos de violencia escolar. Los registros de los diarios demuestran que se trata de victimarios y víctimas individuales involucradas en los hechos de violencia intraescolar, lo cual permite descartar la presencia del fenómeno de pandilla (gang).
La pareja victimario-víctima de violencia escolar está compuesta frecuentemente por hombres, aunque las mujeres no están exentas. Se trata en la mayoría de los casos de agresiones entre alumnos, que tienen entre 13 y 18 años de edad.
Los resultados de las investigaciones realizadas en Francia desde 1994 mostraron que el 70% de los victimarios y el 60% de las víctimas son varones. Una encuesta suministrada a 1.032 jóvenes entre 13 y 18 años del área metropolitana de San Salvador, El Salvador, que cursaban entre 7° grado y 3° año del bachillerato, arrojó resultados similares: son mucho más agresivos los hombres que las mujeres. En Estados Unidos, el 83% de las víctimas de homicidio o suicidio en la escuela fueron de sexo masculino.
En la Argentina, los hechos registrados por los diarios año tras año evidencian que los actores involucrados en los hechos de violencia escolar son mayoritariamente varones (53% de los casos entre 1997-2001). En el mismo período, sólo en un 16% de los casos la pareja de actores está compuesta por miembros de diferente sexo y en un 15% de los casos por mujeres. Si tenemos en cuenta que, tal como lo registran los diarios, la mayor frecuencia de los hechos violentos sucede en la escuela media (31% de los casos) y entre los varones adolescentes, podríamos suponer que se trata de un conflicto relacionado con el uso de la fuerza como forma de reafirmar la personalidad.
Respecto de las conductas antisociales vinculadas al rol de alumno podríamos conjeturar que estamos en presencia del fenómeno de bullying: situaciones en las cuales uno o varios escolares toman como objeto de su actuación injustamente agresiva a otro/a compañero/a y lo someten, por tiempo prolongado, a agresiones físicas, burlas, hostigamiento, amenazas, aislamiento, etc., y se aprovechan de su inseguridad, miedo y dificultades personales para pedir ayuda o defenderse (Fernández 1999, p. 47). Suponen un tipo particular de interacción desviada entre niños y jóvenes en la que un actor es protagonista de actos de agresión y crimen, y el otro se encuentra, a pesar de él, en el rol de víctima y de perseguido. Esto es lo que Olweus (1998, p. 25) define como victimización: “un estudiante es victimizado cuando está expuesto repetidamente, y por un cierto período de tiempo a acciones negativas por parte de uno o más estudiantes. Tales acciones negativas pueden ser realizadas con contacto físico, palabras, o de otros modos, como gestos o muecas y una intencional exclusión por parte de un grupo. Existe desequilibrio de fuerzas; una relación asimétrica de fuerzas por la que el estudiante que está expuesto a acciones negativas tiene dificultades para defenderse”.
Un alumno es agredido o se convierte en víctima cuando está expuesto, de forma repetida y durante un tiempo, a acciones que lleva a cabo otro alumno o varios de ellos. Por acción negativa entiende cuando alguien causa intencionalmente un daño, hiere o incomoda a otra persona. Lo mencionado destaca la repetición en el tiempo, aunque en determinadas circunstancias se puede considerar agresión intimidatoria a una situación más grave de hostigamiento. En el contexto de las intimidaciones entre escolares, el objetivo suele ser un alumno individual. Puede ser un caso de acoso directo, ataques abiertos a la víctima, y acoso indirecto, ataques en forma de aislamiento social y de exclusión deliberada de un grupo.
Por otra parte, es importante considerar que los hechos violentos no excluyen a los docentes; los conflictos entre docentes y alumnos, si bien son poco frecuentes, están presentes desde 1997 en el marco de las instituciones escolares en la Argentina.
Dos cuestiones resultan esenciales. Por una parte, el desarrollo de las violencias dirigidas hacia los docentes en el aula pone en discusión la relación pedagógica hasta la posibilidad misma de enseñar. La pérdida de credibilidad didáctica de los docentes es uno de los indicadores sin duda más inquietante. Por otra parte, los actos de delincuencia han cambiado de naturaleza. Parecen más violentos, más duros de ser vividos por las víctimas.
Los hechos de violencia ocurridos en la Argentina entre 1997-2001 son los signos de violencia antiescolar cuya consecuencia se observa en los daños físicos infringidos tanto a las víctimas personales como a aquellos daños materiales producidos contra la propiedad escolar. Se trata de hechos calificados por el lenguaje jurídico como delitos contra las personas y contra la propiedad.
Las consecuencias de este tipo de violencia interpersonal pueden ser altamente nocivas para los agentes involucrados. Para la víctima, puede convertirse en motivo de trauma psicológico, riesgo físico, causa de profunda ansiedad, infelicidad, problemas de personalidad y, en definitiva, un sinfín de insatisfacciones y riesgos innecesarios y lesivos para el desarrollo de cualquier individuo. También tiene implicancias escolares tales como el fracaso escolar y la pobre concentración, ausentismo, sensación de enfermedad psicosomática debido al estrés, que se manifiesta al llegar la hora de ir al colegio. Para el agresor puede ser la antesala de una futura conducta delictiva, una interpretación de la obtención del poder a base de la agresión que se perpetúa en su vida adulta, una supravaloración del hecho violento como socialmente aceptable y con recompensa.
Algunos toman parte de la victimización de forma activa y en ocasiones la actitud y comportamiento intimidatorio se convierte en una parte esencial de la relación entre iguales, lo que les coloca en una posición de desarrollar estrategias abusivas como medio de relación con otras personas.
Características del acto. El registro de los diarios señala la existencia de consenso en la descripción de la forma que adoptan los hechos de violencia en los últimos cinco años. El uso de la fuerza se materializa a través de la utilización de un arma blanca o de fuego. La presencia de armas en el ámbito escolar constituye el rasgo más novedoso tanto para las investigaciones realizadas en el plano internacional como para aquéllas producidas en el ámbito nacional.
Esto no sólo evidencia la entrada de los códigos de violencia delictivos a la escuela sino una especialización y tecnificación en el uso de la violencia. La violencia visible de la delincuencia constituye una respuesta a la violencia invisible de las condiciones de vida inaceptables.
La gravedad de los hechos de violencia ocurridos en la Argentina en el último quinquenio se evidencia no sólo en el medio utilizado para perpetuar la agresión sino en el daño producido como consecuencia de los actos violentos sucedidos en la escuela. En la mayoría de los casos de violencia registrados existió algún tipo de daño. En el caso de los daños físicos la materialización de la violencia se observó en las heridas y la muerte de la víctima, el consumo de droga y el suicidio. Las agresiones también se manifestaron bajo la forma de daño moral a través de insultos, amenazas, pintura de cruces esvásticas en los establecimientos escolares, actos obscenos de exhibicionismo.
Finalmente, la violencia antiescolar tuvo como consecuencia el daño material por medio de los robos perpetuados a las instituciones escolares o al personal docente y no docente de la misma, las roturas de edificio, la destrucción de documentos y material didáctico, las tentativas y efectivización de los incendios y las deposiciones fecales.
De lo dicho hasta aquí se desprende que en absoluto puede hablarse de “la” violencia escolar y de su aumento como categoría homogénea de conducta. Sabemos que el concepto de violencia se configura a partir de múltiples criterios y de modo diferente para cada sociedad. La incivilidad escolar es la prueba de la desorganización del mundo escolar. Es el mejor signo de esta crisis de sentido que toma al sistema de enseñanza y va más allá de las prácticas educativas. La masificación es una de las causas de esta crisis de sentido. Puede ser que la incivilidad de algunos jóvenes sea una incivilidad reactiva, la expresión de un amor decepcionado por una escuela incapaz de mantener sus promesas de inserción.
La presencia de “conductas disarmónicas” o “desviadas” con relación al orden social general y a las instituciones escolares en particular constituye un fenómeno socialmente repudiado, que agrava la imagen pública de la escuela. Probablemente, esto conspire contra la visibilidad de los hechos de violencia escolar en su totalidad y, consecuentemente, amenace la validez de los resultados inferidos. Los datos representan sólo una pequeña fracción de la criminalidad escolar real quedando excluidos un cierto número de delitos no detectados o no denunciados por los medios de prensa escrita. Sin embargo, la mirada de los diarios coincide con el retrato de la violencia escolar encontrado en otras sociedades a partir de un registro sistemático e intencional.
Aunque la situación está lejos de ser catastrófica, la degradación del clima escolar resulta suficientemente preocupante. Nuevos son los desafíos que enfrenta el sistema escolar como instrumento de cohesión social y de integración democrática de los ciudadanos. Es tiempo de pensar políticas educativas preventivas y asistenciales a fin de evitar tanto la caída de las personas en situaciones de violencia extrema como su permanencia en ellas y los efectos que estas situaciones provocan.
Bibliografía adicional
Abraham, Claudia y Grandinetti, Rosalinda. 1997. Curso anual de especialización interdisciplinaria en violencia familiar. “Violencia escolar”. Mar del Plata.
Barroux, Rémi. 2001. “Violence: dans l´attente de signes forts”. Paris: Le Monde de l´éducation. Enero.
Debarbieux, Éric. 1996. La violence en milieu scolaire. 1- État des lieux. 3ª edición. Paris: ESF éditeur.
Debarbieux, E. 2001. "Harcelés au quotidien". Le Monde de l´éducation. Dossier Incivilités: le ras-le-bol. Enero de 2001.
Devine, John. 1996. Maximum security: The culture of violence in inner-city schools. Chicago: University of Chicago Press.
Dupâquier, Jacques. 1999. La violence en milieu scolaire. 2ª edición. Paris: Presses Universitaires de France.
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