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Hoy decidí dejar de fumar

Lunes 28 de mayo, a las 3 de la madrugada me despierto tras dormir unas cinco horas; estoy algo mareado, me falta un poco de aire y me esfuerzo por respirar. Me pongo histérico por haber despertado intempestivamente, sin causa aparente, y eso me enfurece.

Juan Francisco Umeres
Juan Francisco Umeres

1 de julio · 853 palabras

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Hoy decidí dejar de fumar - Drogas y Adicciones

El autor describe su experiencia personal de insomnio y dolor de cabeza, lo que le lleva a reflexionar sobre su salud y el impacto de su hábito de fumar. Aunque fuma solo diez cigarrillos al día, se da cuenta de que esto sigue siendo perjudicial para su salud.

Además, se da cuenta de que su hábito de fumar se ha convertido en una rutina diaria, incluso antes de desayunar. El autor se siente mareado y su capacidad de atención se ve afectada. Si bien reconoce que fumar es una tontería, le resulta difícil romper su hábito.

Este artículo apunta a la importancia de tomar medidas para abordar los efectos perjudiciales del tabaquismo en la salud y la necesidad de abordar las causas subyacentes de los hábitos compulsivos.

Entonces pienso: es otro de mis malditos insomnios y comienzo a revolcarme en la cama para acomodarme lo más convenientemente y tratar de conciliar nuevamente el sueño, pero no lo logro; al contrario, estoy más despierto.

Hace cinco días que tengo un dolor de cabeza, por ratos algo fuerte y luego el dolor es tenue pero permanente; quizá se trate de una insolación o algún síntoma de resfriado como otras veces; pero cinco días nunca me había pasado. Tomo medicinas para el resfriado y el dolor de cabeza, pero no siento mejora; sigue el molesto dolor de cabeza.

En el maldito insomnio pienso: ¿por qué me siento algo débil anímicamente y nuevamente tengo el dolor de cabeza? ¿O quizá sea un problema cardíaco? Si siempre he sido tan sano y fuerte, no creo; pero... ¿por qué no, si ya tengo cincuenta y dos años y pronto cumpliré un año más? Sé que a partir de los cincuenta todas las personas tenemos problemas cardíacos, principalmente aquellos que fumamos; pero si yo no fumo mucho, apenas llego a los diez cigarrillos diarios. Sin embargo, otros fuman dos veces más o quizá cinco veces más; ellos deben cuidarse pero yo no, porque no fumo mucho. Trato de ser estúpido y ubicarme en la lista de los «poco fumadores» quizá para justificar mi defectuosa costumbre de fumar, y que no lo considero un vicio, sino que lo considero... sino lo considero... sino lo considero... ¡una estupidez!

Cada mañana, al levantarme y «antes de desayunar», me meto al baño para cumplir mi rigurosa costumbre: sentado en el wáter prendo mi primer cigarrillo como si fuera una costumbre sagrada. Si no lo cumplo, me siento malhumorado y como un idiota más del montón.

Luego llega el momento del desayuno: me tomo una taza de café algo cargado y otro cigarrillo más; entonces me siento algo mareado, mis ideas no están tan claras y todavía tengo que salir al trabajo. Antes de salir me fumo otro cigarrillo más... Quizá esto me haga bien, pero al contrario me siento embriagado y hastiado; en una hora me he fumado tres cigarrillos sin motivo, sin necesidad, simplemente por mi maldita costumbre tempranera de fumar, renunciando al bondadoso desayuno que es el primer alimento que ingerimos en el día, o mejor dicho, que ingieren los que no fuman, los que sí se quieren y cuidan su salud.

Los siete cigarrillos restantes «que debo fumar» en el transcurso del día los haré por la tarde o en cualquier momento, cuando se me ocurra; no cuando realmente lo necesite debido al problema de la adicción. Pienso que si no existiera la ley de prohibición de fumar en lugares públicos, fumar sería un desastre: yo ya no fumaría mis diez cigarrillos sino quince o quizá veinte y quién sabe hasta más... Sigo pensando que soy muy estúpido.

Pero... ¿por qué la maldita costumbre de fumar? Si estoy consciente de que es dañino para la salud, además de producir cáncer, todo el rato pierdes tu lucidez; eres un imbécil por provocar tu propio mal. Y peor aún cuando sabes que tu acompañante está siendo contaminado indirectamente por el horrible humo, además de que tu ropa y tu cuerpo huelen a tabaco, lo que es repugnante. Entonces hoy he decidido dar el primer paso: me levantaré y cambiaré mi asquerosa costumbre, pero con una condición, le digo a mi esposa: ustedes (mi familia) me apoyarán y comprenderán mi malhumorado genio, que creo que será pasajero mientras dure mi tratamiento voluntario; en vez de fumar en la mañana como siempre, ingeriré el primer alimento; no deben faltar vegetales ni frutas y algunos dulces que suplirán al asqueroso tabaco.

Y, a la hora de levantarme de este memorable e histórico día, ¿saben qué hice? Me levanté media hora más tarde; destruí la reserva de cigarrillos que tenía guardada por costumbre para el día siguiente. No entré al baño; lo hice después de tomar el desayuno. Sentado en el wáter pienso que soy otro sujeto y, mirando mi mano vacía sin el inquilino humeante, digo sonriente: «Por fin te desalojé, maldito; ya no estaremos juntos todas las mañanas; te cambiaré por un buen amigo... la lucidez.»

He impreso este pequeño examen de mi conciencia con letras grandes y un estilo de edición agradable a la vista, y ¿saben qué hice? Lo puse en un cuadro como si se tratara de un diploma y está colgado precisamente frente al wáter de mi baño privado. Han transcurrido treinta días y me siento perfectamente: ya no tengo el dolor de cabeza, respiro mejor, tengo mejor físico y me siento ágil; ya no huelo a humo de tabaco. ¡Ah, he mejorado mi sistema urinario! Creo que ahora sí me animaré a terminar el libro que estuve escribiendo hace algunos años... pero eso es otra historia. Chao.

Dejar de fumar es volver a vivir.

Un nuevo amigo: Juan Francisco Umeres R.

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