Los mercados no atacan, huyen. 1ª parte
Este post va dirigido a los amigos más o menos paranoicos, a los periodistas reiterativos y poco imaginativos, y, especialmente, a los tertulianos del todo a cien de los medios. Describe la transición del capitalismo industrial-comercial al capitalismo informacional-financiero y plantea por qué los mercados actúan huyendo antes que atacando, con algunas claves para entender la crisis.
20 de septiembre · 2720 palabras
El artículo habla sobre cómo la transición del capitalismo industrial-comercial al capitalismo informacional-financiero nos tiene a todos un poco descolocados.
En este momento, el dinero se ha convertido en el objeto de los intercambios alejándose de su condición originaria de instrumento para facilitar el comercio y las transacciones comerciales.
El autor menciona una anécdota en la que jugando con su sobrino, éste le propuso jugar a "mercados y españoles" demostrando así la influencia que tienen los mercados financieros en la sociedad.
Además, el autor aclara que los mercados financieros no atacan como los indios a las caravanas en las viejas películas del far west, sino que huyen y más deprisa cuanto más débil te perciben.
El artículo también habla de la teoría de la mano negra tras los movimientos generadores de crisis, pero el autor aclara que en lo que concierne a los mercados financieros ni la mano invisible de Adam Smith es capaz de equilibrarlos, debido a que se trata de mercados muy imperfectos que no obedecen fielmente a las leyes de la oferta y la demanda.
En resumen, el artículo ofrece una perspectiva diferente sobre la crisis actual y cómo los mercados financieros se han convertido en un tema recurrente en el discurso informativo y social, sin embargo, el autor hace hincapié en la necesidad de comprender mejor el funcionamiento y las imperfecciones de los mercados financieros para poder entender ciertos movimientos y situaciones.
Este post va dirigido a los amigos más o menos paranoicos, a los periodistas reiterativos y poco imaginativos, pero especialmente a los tertulianos del todo a cien de los medios.
La transición del capitalismo industrial-comercial al capitalismo informacional-financiero que estamos viviendo nos tiene a todos un poco descolocados. En este momento, el dinero se ha convertido en el objeto de los intercambios alejándose de su condición originaria de instrumento para facilitar el comercio y las transacciones comerciales.
Estas vacaciones, jugando con mi sobrino Biel, un chaval muy espabilado, me propuso jugar a "mercados y españoles". «¿Cómo es esto?», le pregunté. "Fácil", me respondió, "los mercados nos atacan y nosotros nos defendemos".
Intenté explicarle que los mercados no atacan como los indios a las caravanas, en las viejas películas del far west, sino que huyen y más deprisa cuanto más débil te perciben. De todas formas, me dijo, "mejor huyamos nosotros, por si acaso".
Una amiga me confesó, muy convencida, que detrás de todos estos movimientos generadores de crisis y tensiones existía una "mano negra". Le dije que en lo que concierne a los mercados financieros, ni la mano invisible de Adam Smith era capaz de equilibrarlos, al tratarse de mercados muy imperfectos que no obedecen fielmente a las leyes de la oferta y la demanda. Lo que sí existe es que hay muchas manos sucias que actúan según su conveniencia y sin ninguna reglamentación ni control.
No triunfé con mi sobrino, ni con mi amiga, que sigue convencida de que el club Bilderberg, generador de paranoias conspirativas por excelencia, (los amigos de la D de Cospedal), es el culpable.
En Google, si hacéis la prueba, encontraréis casi 28.000.000 de resultados si buscáis: "El ataque de los mercados". Los lugares comunes, los slogans, se pegan al discurso informativo y social de una manera formidable.
No soy un experto en la materia, pero siguiendo la línea de este blog intentaré aportar alguna luz y otro punto de vista, sin dilatar demasiado, sobre la crisis y demostraré que el sistema báscula sobre elementos muy frágiles, aleatorios y poco o nada regulados.
Es urgente un cambio de rumbo y retomar las riendas desde las instancias políticas que, pese a ser cómplices en el entramado político, mediático y financiero, como mínimo hemos votado a sus miembros. A los señores de Standard & Poor's, Moody's, Fitch, etc., ni siquiera les conocemos (excepto un amigo mío que tiene un primo lejano en Moody's, pero no se hablan).
S&P y Moody's dominan el 80% del mercado y, si incluimos a Fitch, alcanzan una cuota del 90%. La existencia de estas agencias es imprescindible para que la red de los mercados funcione, pero acumulan un poder inmenso que puede, como hemos visto este agosto, desestabilizar economías de países como España; además, los expertos indican que no hacen pública la metodología que emplean (como la fórmula secreta de Coca-Cola, pero menos digestiva).
Además, según parece, son los que marcan no solo la agenda política y el devenir económico, sino el contenido de las constituciones y, lo más grave, los políticos se apresuran a hacerlo sin consultarnos; creo que acabaré votando al primo de mi amigo.
Redes y nodos
Desde el punto de vista de las redes, que es el que da sentido a este blog, lo que se está produciendo en el sistema es su real conversión a una gran red financiera global tejida en todas las direcciones planetarias: norte-sur-este-oeste. Red que converge en nodos centrales: EE. UU., Europa, Japón y ahora China.
Una gigantesca red con presencia en más de 200 países, con sus correspondientes sistemas económicos productivos y sociedades de consumo nivelados en un mismo sistema operativo y en un único "programa" "capitalista" que se operan desde unos pocos nodos (los centros comerciales-financieros: Londres, New York, Tokio...).
La existencia de esta red (fácil de comprobar investigando los sistemas económicos-productivos-financieros y los comercios exteriores de los países centrales y periféricos) se superpone a cualquier reflexión macroeconómica o calificación filosófica que hagamos, a priori, sobre el sistema capitalista que hemos construido.
Las transiciones de los sistemas socioeconómicos generan dinámicas propias que obedecen a múltiples causalidades, que generan tendencias y construyen modelos. Así pasó cuando se construyeron las bases del capitalismo industrial, y está pasando cuando se construyen las del capitalismo global financiero. Estas tendencias no son productos de manos negras sino el resultado de lógicas multifactoriales aplicadas.
Mi rol de profesor me impone ordenar y contextualizar los conceptos; mi alma bloguera me incita a ser un poco más, digamos, apasionado y radical. Intentaré encontrar el equilibrio:
Lo haré en varias entregas, para no aburrir al personal o aburrirlo lentamente. La crisis actual gira fundamentalmente en torno a los siguientes conceptos: el mercado de cambios de capitales, los tipos de interés, la deuda soberana y los paraísos fiscales, amén de otras particularidades de cada país, como es el caso de España.
Me propongo un ejercicio complejo, porque parte de paradojas bastante difíciles de dilucidar:
- ¿Por qué el problema de la deuda se pretende corregir endeudándose más en EE. UU. y se impide por decreto constitucional en la UE? Estados Unidos puede aumentar el techo de su deuda y calmar a sus acreedores más notables, como el Banco Popular de China, que tiene activos financieros por 2.1316 billones de dólares, que es el mayor endeudamiento soportado por una institución de finanzas públicas en la historia del mundo.
- Este aumento no debe generar déficit porque el presupuesto aumenta. ¿Maquillaje? No, porque el compromiso va en este caso acompañado de un programa de reducción del déficit a diez años. Europa se niega a aceptar este desafío, técnicamente complejo de ejecutar; la UE no es un país y comprime aún más a las economías deficitarias obligándolas a privatizar numerosos servicios públicos y a adoptar planes de austeridad draconianos.
- La posición republicana de no subida de impuestos a los ricos contrasta con la posición de Warren Buffett, representante de la egofilantropía americana, que declara estar dispuesto a que le aumenten los impuestos; ahora cuatro ricos europeos (los propietarios de L'Oréal, Société Générale o Air France) también se han manifestado en esta línea. ¿No debería ser así como método democrático y no como excepción egofilantrópica? A posteriori, los gobiernos se han puesto a hacer los deberes: Obama propone la ley Buffett y Sarkozy y Merkel también abogan por la subida, mientras en España el PP dice que el incremento que propone Rubalcaba es un engaño.
- ¿Por qué los mercados financieros se comportan como bancos de sardinas, que a la menor incidencia en su camino cambian de dirección, huyendo a veces de situaciones irreales, como ha sucedido este agosto con Francia?
- ¿Por qué las instituciones que pretendían eliminar las crisis, como el FMI o la OMC, no solo no lo han conseguido, sino que en parte coadyuvan mediante recetas ultraliberales, con excusas de equilibrio necesario, a endeudar y tensionar socialmente a países, especialmente del tercer mundo?
- ¿Por qué se dice públicamente, desde los gobiernos, que los paraísos fiscales deben desaparecer y, por otra parte, se consolidan las bases de su perpetuación?
Despropósito global
No resulta fácil, pero es necesario reflexionar sobre un despropósito global de cuya construcción somos todos un poco culpables. Espero que mi sobrino Biel no tenga que recordarnos como la generación que sumió al planeta en las tinieblas de una crisis económica y medioambiental permanente.
Globalización y mercados
La globalización se hace patente en la integración de los diversos mercados financieros domésticos en un único mercado financiero internacional, lo que en principio permite a las instituciones de cualquier país buscar fondos sin limitarse a localizarlos en su propio mercado doméstico.
El mercado de cambios es una red que no está localizada materialmente en un lugar preciso; toma la forma de una red electrónica internacional (que se ha vuelto posible por los progresos en las telecomunicaciones), que funciona continuamente 24 horas (esto gracias a que la Tierra gira, de momento) y cinco días a la semana.
El mercado de cambios es solo una interconexión electrónica: esto lo aprendí en Agencia Efe cuando en los 80 analizamos al proveedor de referencia, que es y era Reuters, a la que queríamos ingenuamente emular, y cuyo producto consiste en conectar mesas de arbitraje en todo el planeta (una mesa de arbitraje es el sitio donde los operadores, los cambistas, o brokers, trabajan en un banco).
El volumen diario que se negocia en la red global del mercado de capitales es el equivalente a 2,75 veces el PIB español… cada día, o, lo que es lo mismo, 1.000 Españas en un año. En apenas tres jornadas y media se hacen en él transacciones por un importe equivalente al PIB de Estados Unidos. En un año tiene tiempo para dar 25 veces la vuelta al PIB mundial.
Todo eso no lo decide una élite de poder, ni un grupo político, sino una lógica estructural difusa y deshumanizada que busca en todo momento el máximo rendimiento. Por lo tanto, la tendencia que tienen quienes la rigen, que son tecnócratas (brokers), es a huir de donde no existan garantías de rentabilidad (Son muchos pero cobardes, Biel).
Los fundamentales
Estos operadores se basan en lo que los técnicos denominan "los fundamentales": éstos se componen de informaciones diversas sobre el estado de salud económica del país en cuestión (inflación, balance comercial, deuda pública...).
Pero los comportamientos están también condicionados por influencias más psicológicas generadas por el entramado mediático, mediante noticias gestadas en laboratorios de grandes gabinetes de relaciones públicas, grupos de presión como el Club Bilderberg, el G8, etc. De ahí la leyenda conspirativa de la mano negra (Haberlas, haylas).
Las pantallas de Reuters y de otros operadores combinan siempre el dato en tiempo real con las noticias relativas a este dato de cada país o sector. Especialmente definen los fundamentales las agencias de calificación de riesgos de las que he hablado anteriormente y que, como he indicado, son elementos poderosos e influyentes para la interconexión de los mercados financieros. Estos organismos privados, mediante la calificación de títulos y, a menudo, de economías nacionales o países según unas normas propias de estimación aceptadas, establecen, por su cuenta y riesgo, unas normas de referencia para los operadores y los mercados mundiales que representan el ejercicio de un poder por encima de los Estados.
En ocasiones, la publicación de esas valoraciones desencadena oleadas de idas o venidas de cuantiosos fondos en los mercados, que condicionan el rumbo de los movimientos de capitales e incluso el crédito y capacidad de endeudamiento de los países. Un ejemplo ilustrativo de las consecuencias de estas calificaciones se ha sufrido en España a raíz de las sucesivas rebajas en la calificación de la deuda española por la agencia de calificación Standard & Poor's en abril de 2010 y, más recientemente, en agosto de 2011.
Los efectos de red se producen fácilmente en estos entornos y el contagio de un cambio producido en un hub de referencia, Wall Street, Londres, París o Tokio, por un actor importante, Soros, por ejemplo, o por una calificación negativa del riesgo, empujan a una multitud de accionistas a seguir su comportamiento. El dinero es cobarde y huye de donde no percibe rentabilidad; a la mínima señal de peligro los gestores de fondos retiran sus inversiones de una zona determinada, cambian la moneda local por dólares u otra moneda refugio y reinvierten su dinero en economías estables.
El comportamiento de estas redes se asemeja al de los enjambres, las bandadas de pájaros o los bancos de sardinas. Cuando por algún input de peligro uno de los componentes cambia de dirección, todo el grupo le sigue, arrastrando en estos cambios hasta el mercado secundario menos especulativo de la Bolsa. (Que la explosión de una recesión dependa de sujetos que se comportan como las sardinas da que pensar).
Cada nodo establece conexiones con otros nodos, intercambia información, aparece y desaparece, y acaba por formar una red dinámica de complejo comportamiento, la bandada. Que no es una organización jerárquica que obedece consignas generales (de la mano negra), sino descentralizada, dado que ningún nodo determina el comportamiento global de la misma, y se muestra con las propiedades de un organismo individual por la aparición por contagio de un comportamiento grupal.
Este proceso de globalización financiera ha tenido, entre otros, según los expertos, los siguientes efectos (según fuentes del Instituto de Estudios Fiscales):
- Aumento de las dificultades para mantener la libertad de los flujos comerciales ante la magnitud y la volatilidad de los movimientos financieros.
- Problemas para continuar con el Estado de bienestar como elemento de legitimación y mayores oportunidades, al extenderse los procesos desreguladores para la evasión de impuestos de los que necesariamente se nutre dicho Estado.
- Amenazas a la autonomía de la política económica, en el sentido de que quienes controlan la movilidad de los fondos financieros (gestores de fondos de pensiones y de inversión, empresas multinacionales y organismos bancarios) tienen un creciente poder para influir indirectamente en el uso de los diversos instrumentos financieros según sus preferencias.
- Explosivo crecimiento de las transacciones sobre instrumentos derivados; crecimiento que supera con creces tanto al de los flujos de capital como a las inversiones exteriores directas. Las transacciones han crecido como consecuencia de la búsqueda de sistemas de protección de las inversiones financieras frente al aumento de los problemas de volatilidad, tanto en el terreno de los cambios en los tipos de interés como en las paridades, y también por la posibilidad de flexibilizar los plazos de vencimiento de tales inversiones.
A partir del crash del 29 se regularon este tipo de mercados, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial y en los acuerdos de Bretton Woods. Pero, desde la ruptura de dichos acuerdos internacionales, la complejidad del modelo se ha multiplicado exponencialmente generando cambios estructurales en el sistema financiero de enorme calado, sin que todavía aparezcan rasgos característicos en las nuevas estructuras financieras que sean capaces de ofrecer financiamiento estable y a largo plazo, imprescindible para la ampliación de las capacidades productivas de los países.
Como he descrito, se trata de un poder metarreal, hecho de circuitos electrónicos automáticos que responden a turbulencias de información impredecibles. Hemos creado un gólem: el mercado financiero global que resulta difícil de controlar por los estados soberanos. Lo que no quiere decir que no existan mecanismos para conseguirlo.
Pero estoy convencido de que la visión determinista imperante en los mass media solo favorece a los beneficiarios de la situación y a quienes aspiran a refundar desde el origen el capitalismo. Mecanismos como la tasa Tobin ayudarían a que la especulación que conlleva la desregularización se frenara. Eso sí, siempre que se aplicara globalmente, no en unos mercados sí y en otros no, porque entonces las consecuencias serían nefastas; sería como legalizar drogas duras en un solo país. Sarkozy y Merkel han realizado una propuesta en esta línea, pero tan difusa que realmente parece una cortina de humo para aparentar un liderazgo sobre una situación que les ha sobrepasado.
En el sistema financiero, más del 90% de las operaciones son puramente especulativas (es decir, no destinadas a inversiones productivas). Se ha estimado además que el 80% de las operaciones en el mercado de cambios corresponden a una duración inferior a cuatro o cinco días (muchas corresponden a una duración todavía más corta, a veces algunas horas). La tasa Tobin tiene así como objetivo reducir los beneficios de los especuladores a corto plazo, sin afectar a las operaciones a más largo plazo ligadas al comercio internacional.
Pero lo importante, la solución del problema, no radica solo en frenar la especulación, como testimonialmente han hecho Francia y España este agosto, sino en un cambio de modelo que, especuladores aparte, no resulta lo bastante estable y fiable para garantizar una salida de la crisis real y con futuro.
Esta transición del capitalismo industrial-comercial al capitalismo informacional-financiero que estamos viviendo producirá con una velocidad y frecuencia nunca vista el paso de situaciones de crecimiento a recesión que generarán tensiones para las que no estamos preparados. En esta vorágine entrópica en la que hemos entrado es necesario que situemos nuevas marcas de referencia social, quizás distintas de las vigentes hasta ahora (progreso, solidaridad, aspiración, valores...), pero sin ninguna duda es un trabajo pendiente que debemos afrontar.
Próxima entrega: Los paraísos fiscales y sus cómplices neoliberales
Fuentes: Instituto de Estudios Fiscales
Resulta irónico que la fuente utilizada sea gubernamental.
Albert Pérez Novell
Sobre el autor
Albert Pérez Novell Barcelona, Catalunya Director Ejecutivo de NVConsulting. Experto en Márketing Comunicacional, Consultor en planificación estratégica, comunicación y...
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