Leyendas mexicanas
Comenzaron las aves a discutir unas con otras sobre el concurso y cada una exaltó sus virtudes, pretendiendo ser merecedora de tal distinción. La rivalidad y la vanidad llenaron el lugar mientras esperaban la decisión.
17 de agosto · 706 palabras
En esta historia, se relata cómo en una época del pasado las aves vivían en constante disputa por demostrar quién era la más importante. Para solucionar esta situación, el Gran Espíritu convocó a una asamblea para elegir a una ave que gobernara a todas con nobleza y elevación.
Las aves comenzaron a discutir y exaltar sus virtudes para ser merecedoras de tal distinción. Algunos creían que el ave con el canto más dulce debía ser la elegida, mientras que otros creían que debía ser la ave más fuerte, con carácter y rigidez para poner orden donde nunca lo había habido.
Sin embargo, Dzul-Cutz, el Pavo Real, se sintió inhibido por su escaso atractivo y lleno de envidia hacia las otras aves. Entonces, se acercó a su amigo Puhuy, el mensajero de los caminos, y le explicó su preocupación.
Al final, Puhuy lo convenció para que participara en el concurso y aprovechara sus habilidades únicas. Con su ayuda, Dzul-Cutz se convirtió en el Rey de las Aves demostrando que todos tienen algo que ofrecer.
La historia puede interpretarse como una alegoría sobre la importancia de valorarnos a nosotros mismos y reconocer nuestras habilidades únicas.
Hubo una época en la que las aves no eran como las vemos ahora. Entre ellas había constantes riñas porque todas creían que tenían mayor importancia que las otras, algunas por lo bello de su canto, otras por sus llamativos plumajes.
En ese entonces, el Gran Espíritu que todo lo sabe y todo lo ha creado convocó a una asamblea para elegir a una que pudiera gobernar a todas las aves, con la nobleza que requería tan elevado cargo.
Comenzaron las aves a discutir unas con otras sobre el concurso y cada una exaltó sus virtudes, pretendiendo ser merecedora de tal distinción.
- Seguramente será elegida el ave con el canto más dulce - dijo Xkokolch, el ruiseñor, desde la rama de un grueso árbol - así podrá lograr el consenso de todas y su voz será una caricia para las que se encuentren apesadumbradas.
- Te equivocas - replicó Cutz, el Pavo Montés, mientras se posaba en otro árbol - eso no es lo que necesitamos. Quien gobierne a las otras aves debe ser fuerte, con el carácter y la rigidez que el puesto requiere, para poner orden donde nunca lo ha habido - y con sus garras rompió la rama en la que estaba posado.
- ¡Estoy en desacuerdo! - contestó Chac-dzibdzib, el Cardenal, mientras desplegaba sus alas - no hay otra ave que sea más capaz que yo para gobernar aquí. Mi trayectoria es impecable, y todo el mundo se admira de mi plumaje color escarlata.
Dzul-Cutz, el Pavo Real, escuchaba a las otras aves que trataban de exaltar sus características. Pero él, como en ese entonces no tenía un plumaje muy bello, se inhibía por su escaso atractivo y se llenaba de envidia. En un momento le vino a la mente su Puhuy, el mensajero de los caminos, quien por estar ausente no se había enterado de que las aves discutían quién debía ganar el concurso.
Dzul-Cutz, el Pavo Real, se encaminó hacia la casa de éste último y le comentó de la convocatoria:
- Yo sé que no soy capaz de concursar con este plumaje para este concurso, y en tu caso tú tienes un plumaje hermoso, pero eres demasiado pequeño para ser el Rey de las Aves, y tal vez te pueda faltar la elegancia y gracia que yo poseo. He venido a proponerte algo: si tú me prestas tu plumaje yo podría ganar el concurso y entonces compartiría mis riquezas y honores de mi reino.
El pájaro Puhuy al principio desconfió, pero después de que Dzul-Cutz le insistió, quedó convencido y le prestó sus plumas, que al principio fueron pocas pero después se reprodujeron para cubrir el cuerpo del Pavo Real con un estupendo vestido, con una larga cola con el color turquesa del mar y los colores cálidos del atardecer.
Dzul-Cutz, el Pavo Real, se dirigió al elegante edificio donde se habían reunido las aves a elegir al Rey de las Aves, y al entrar contoneándose y con el cuello erguido causó exclamaciones; las aves más bellas, que habían pensado ser merecedoras del primer lugar, movieron la cabeza con incredulidad al contemplar la galanura con la que se adueñaba Dzul-Cutz del evento, mientras entonaba un melodioso gorjeo.
El Gran Espíritu, maravillado ante la imagen del Pavo Real, no dudó en proclamar al Pavo Real como monarca de las aves, y entonces ordenó difundir la noticia por todos los alrededores.
Sin embargo, Dzul-Cutz no devolvió a Puhuy sus plumas, y después de unas semanas apareció este último tapándose debajo de un arbusto y con frío. Al haber ganado riquezas y honores, el Pavo Real se había olvidado del favor que le había hecho su amigo. Todas las aves hicieron saber al Gran Espíritu que el Pavo Real había logrado ese bello plumaje por medio de la traición que había hecho a Puhuy y exigieron que fuera castigado.
Desde entonces, cada vez que el majestuoso Pavo Real abre el pico, no sale más un bello canto de su garganta, sino un sonido desagradable que causa risa en las otras aves, en castigo a su mala acción.
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