Leyendas mexicanas
Hola amigos, les vengo a contar una historia real que me pasó a mí y a un amigo mío. Todo sucedió en la casa de la abuela de mi amigo Juan, cuando él me invitó a pasar unos días durante las vacaciones y ocurrieron hechos extraños en el quinto piso.
31 de julio · 676 palabras
En la casa de la abuela de un amigo llamado Juan, un grupo de niños se quedó jugando videojuegos mientras los adultos fueron a un bar. La casa era grande, con 5 pisos y muchas habitaciones, pero el último piso no tenía luz.
A la medianoche, escucharon un ruido en el quinto piso y no le prestaron mucha atención, pero luego volvieron a escuchar golpes y se preocuparon. Decidieron investigar con una linterna y al llegar al quinto piso, encontraron una serie de puertas cerradas.
Cuando intentaron entrar al tercer cuarto, la puerta del quinto piso se cerró. La abrieron y continuaron, pero la puerta se cerró de nuevo. Uno de los primos sugirió que alguien se quedara para impedir que la puerta se cerrara, pero los demás rechazaron la idea y siguieron.
Cuando estaban en el tercer cuarto, sintieron un viento frío y aterrador que los hizo salir corriendo de la habitación. Luego, la puerta del último cuarto se cerró misteriosamente y quedaron encerrados sin poder salir.
Después de intentar abrir la puerta, notaron que la cara de Juan estaba completamente blanca. No se sabe cómo lograron escapar de la casa, pero el terror que vivieron en esa noche los dejó marcados para siempre.
Hola amigos, les vengo a contar una historia real que me pasó a mí y a un amigo mío.
Todo sucedió en la casa de la abuela de mi amigo que en esta historia se va a llamar Juan. Juan, en las vacaciones, me invitó a mí a pasar unos días en la casa de su abuela y yo acepté; aparte de estar nosotros dos, habían unas 15 personas más, contando a los 5 primos, sus tíos y abuelos. Ellos, como estaban festejando la reunión, se fueron a un bar y todos nosotros, al ser niños, nos quedamos jugando videojuegos.
Hay que mencionar que la casa era muy grande, tenía cinco pisos y en cada piso cuatro o cinco habitaciones, pero en el último piso no había luz porque los abuelos de Juan la habían quitado en ese piso. Era como la medianoche cuando, mientras nosotros jugábamos, escuchamos que algo se cayó en el quinto piso; la verdad, no le pusimos atención pensando que era algo mal acomodado. Después de unos 15 minutos se escuchó otro golpe y esta vez sí nos causó curiosidad.
Entonces todos tomamos una linterna y subimos a mirar qué era lo que estaba ocurriendo. Fuimos subiendo muy despacio; cuando llegamos al pasillo del quinto piso todos observamos las seis puertas que había y una por una investigamos. Hasta llegar a la tercera, antes de entrar, ese cuarto se cerró la puerta de entrada al quinto piso. Todos nos devolvimos a abrir la puerta y continuamos, pero otra vez ocurrió lo mismo.
Entonces un primo de Juan sugirió que alguien se quedara para que no se cerrara la puerta, pero los demás no estuvimos de acuerdo y dijimos que si se volvía a cerrar no nos íbamos a devolver otra vez. Entramos al tercer cuarto y se cerró la puerta otra vez, pero esta vez no hicimos caso. Mientras todos miraban alrededor sentimos que algo había pasado por la puerta y había producido un viento que en ese momento me heló hasta los huesos. Todos salimos rápido del cuarto y vimos cómo la puerta del último cuarto se cerraba. Todos fuimos a ver quién o qué era eso.
Y al momento en que entró la última persona la puerta se cerró y se aseguró con pasador sola, nosotros habíamos quedado encerrados. Después de tratar de abrir la puerta noté que la cara de Juan estaba completamente pálida y con la mirada fija en el techo y al voltearlo yo supe por qué; suspendidos en el techo, dos ojos de un color amarillento, parecían brillar, pero al colocar la linterna no se veía nada. Tan solo nos descuidamos un momento y los ojos ya no estaban, y una ventana que había en el cuarto se abrió a tope y se escuchó un grito desgarrador que yo creo que todos tuvimos ganas de desmayarnos del miedo.
No todos fuimos a mirar la ventana y lo que vimos nos asustó aún más: la ventana estaba clavada con unas seis puntillas y todas estaban rotas. Luego nos asomamos por la ventana y vimos cómo la copa de los árboles se abría como si una persona estuviera caminando en medio de ellas, pero estábamos a unos 12 o 14 metros de altura. Nos devolvimos a la puerta y aún estaba asegurada.
Uno de los primos de Juan, el más joven, empezó a llorar del miedo; en ese momento el seguro se quitó y pudimos salir del cuarto y bajamos hasta el primer piso esperando a que llegaran todos los adultos. Cuando llegaron todos nos fuimos a dormir y al otro día le contamos a la abuela de Juan lo que había sucedido y ella lo único que nos dijo: "tranquilos, lo único que pasó es que en ese cuarto se suicidaron dos personas".
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