Leyendas mexicanas
Pero, ¿cuáles fueron los crímenes cometidos por Don Tomás Treviño? He aquí una breve descripción de ellos.
29 de junio · 532 palabras
Don Tomás Treviño y Sobremonte, nacido en Castilla la Vieja, siguió la tradición familiar impuesta por su madre, quien fue relajada en estatua por judaizante en la Inquisición de Valladolid.
Fue apresado por el Santo Oficio a finales del siglo XVII, acusado de realizar ceremonias judaicas, cubrirse la cabeza al momento de comer, iniciar la comida con un plato de buñuelos cubiertos con miel, degollar las gallinas con un cuchillo diciendo una oración con la vista hacia el oriente, y de haberse circuncidado.
Aunque fingió arrepentimiento, fue condenado a la hoguera. Durante su vida en Guadalajara, tuvo una tienda con dos accesos, bajo una de las puertas había enterrado un Cristo, y vendía más barato a aquéllos que entraban por ahí.
Además, se rumoreaba que en las noches azotaba a un Niño Dios de madera, lo cual se consideró como milagroso venerándose en la Iglesia de Santo Domingo. Fue nuevamente hecho prisionero al regresar a México, y aunque fingió arrepentimiento, fue condenado a la hoguera por sus crímenes cometidos.
Don Tomás Treviño y Sobremonte es considerado un ejemplo de la lucha contra la Inquisición en la Nueva España.
La leyenda del judío
En lo que podría ser el acto de fe más sobresaliente, fue relajado al fuego Don Tomás Treviño y Sobremonte, nacido en Castilla la Vieja. Su madre, Doña Leonor Martínez de Villagómez, fue relajada en estatua por judaizante en la Inquisición de Valladolid.
Se ignora cuándo Don Tomás pasó a la Nueva España, pero continuó con la tradición familiar impuesta por su madre y fue apresado por el Santo Oficio a finales del siglo XVII; como fingió arrepentimiento fue reconciliado y puesto en libertad. Poco tiempo después se casó con María Gómez, procreando dos hijos llamados Rafael de Sobremonte y Leonor Martínez, quienes, fieles a la familia, también cayeron en las prisiones de la Inquisición.
Pero ¿cuáles fueron los crímenes cometidos por Don Tomás Treviño? He aquí una breve descripción de ellos.
Cuando vivía en Guadalajara tuvo una tienda con dos accesos. Bajo una de las puertas había enterrado un Cristo, y se cuenta que a todos aquellos que entraban por ahí les vendía más barato que a los que entraban por la otra. Comentaban también que en las noches azotaba a un Niño Dios de madera, el cual conservaba las marcas de los azotes y por esto se consideró milagroso, venerándose en la iglesia de Santo Domingo.
Cuando regresó a México fue nuevamente hecho prisionero por el Santo Oficio con la respectiva incautación de bienes; nuevamente fingió arrepentimiento y fue puesto en libertad.
En el nuevo proceso que se le siguió en donde fue condenado a la hoguera, los cargos fueron los siguientes:
- Realizar ceremonias judaicas
- Cubrirse la cabeza al momento de comer
- Iniciar la comida con un plato de buñuelos cubiertos con miel
- Degollar las gallinas con un cuchillo diciendo una oración con la vista hacia el oriente
- Se le acusó de obligar a su mujer y a su cuñada a denunciarse al Santo Tribunal porque ya estaban presos sus cuñados y su suegra
- De haberse circuncidado
- De no oír misa
- Cuando le decían buenos días o buenas tardes, él respondía «beso las manos de vuestras mercedes» en lugar de «alabado sea el Santísimo Sacramento»
- De que su mujer lo llamaba «Santo de su Ley»
- De maldecir al Santo Oficio y a sus ministros
La sentencia se cumplió el 15 de abril de 1649, saliendo Don Tomás Treviño de Sobremonte con San Benito y coroza, sin vela verde porque no la quiso; se le amordazó por blasfemo y fue entregado a la justicia y brazo seglar. Una vez en poder de la justicia fue montado en una mula, la cual rehusaba llevarlo; la gente comentaba que los animales no querían llevar en su lomo a tan perro judío. Después de muchos intentos fue montado en un caballo que era conducido por un indio, el cual le aconsejaba que se arrepintiera, respondiendo Don Tomás con golpes y patadas.
Ya en el quemadero ubicado entre el convento de San Diego y la Alameda se le amarró al garrote de los suplicios y se encendió la hoguera. Don Tomás, a pesar del fuego y el humo, no se quejó ni gritó; al contrario, acercaba las brazas y, recordando sus bienes confiscados, exclamó:
¡Echen más leña que mi dinero me cuesta!
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