Cuando el no hacer es útil
Hoy te hablaré de algo que parece un absurdo: el arte de hacer desde el no hacer, que los chinos llaman wu-wei. La comprensión de este aparente oxímoron se halla en la diferencia entre actividad y acción.
20 de junio · 573 palabras
En este artículo, el psicoterapeuta Rafael Bestard Bizet habla sobre el arte de hacer desde el no hacer, conocido como wu-wei en la cultura china. A menudo, se nos enseña que cuanta más actividad tengamos, más nos desarrollaremos como seres humanos, pero esto no es del todo verdad.
La actividad puede ser un gasto de energía que no siempre lleva a la transformación, mientras que la acción, que es invisible, silenciosa, misteriosa y relajante, es la única que realmente nos transforma.
Bestard Bizet pone como ejemplo el aroma que emanan las azucenas en una habitación, sin que hagan nada más que "ser". Reflexiona sobre cuáles de las cosas que hacemos en el día realmente contribuyen a nuestra transformación, felicidad y plenitud, y cuáles simplemente nos agotan.
En lugar de tratar de transformar a otros o aumentar nuestra actividad, es necesario transformarnos a nosotros mismos para ser felices.
Por lo tanto, necesitamos más tiempo para ser, sentir la vida y ser nosotros mismos en lugar de intentar alfombrar la tierra y hacer felices a los demás antes de ser felices nosotros mismos.
Cuando el no hacer es útil
Autor: Msc. Rafael Bestard Bizet
Psicoterapeuta y profesor de Psicología.
Hoy te hablaré de algo que parece un absurdo. Te hablaré del arte de hacer desde el no hacer. Los chinos le llaman wu-wei. La comprensión de este aparente absurdo se halla en los términos: actividad y acción. Comúnmente pensamos y nos han educado en la creencia de que mientras más activos somos más nos desarrollamos como seres existenciales. Pero esto no es así del todo. La actividad es sencillamente un gasto energético que no siempre conlleva a la transformación. Sin embargo, a diferencia de la actividad, la acción es invisible, silenciosa, misteriosa y relajante, pero a su vez es la única que en realidad nos transforma. Para la actividad hay que hacer, hay que gastar energías, hay que ir de un lugar para otro, para la acción no hace falta hacer nada, solamente hay que ser.
Te pondré un ejemplo: Si en una habitación pones un ramo de azucenas en un búcaro, al rato la habitación se aromatiza, se transforma. ¿Qué hicieron las azucenas para transformar la habitación? Nada. Sencillamente ser azucenas.
Nos pasamos la vida tratando de hacer felices a los demás, y sencillamente nos desgastamos. Primero pregúntate: ¿eres feliz? Si no eres azucena, ¿cómo vas a transformar, cómo vas a aromatizar la vida de los demás? Si no eres feliz, ¿cómo podrás hacer felices a tus hijos, a tu cónyuge, a tus amigos? ¿Cuál es el modelo de felicidad que les estás brindando?
Reflexiona: De todas las cosas que haces en el día, ¿cuáles en realidad contribuyen a tu transformación, a tu felicidad, a ser tú mismo, a sentirte pleno, completo y dichoso en este momento, y cuáles simplemente constituyen un gasto de energías que te dejan cansado y aniquilado? Por eso, necesitamos más tiempo para ser, para sentir la vida. Recuerda que para caminar por la vida es mejor calzarse bien las zapatillas y no querer alfombrar la tierra. No quieras transformar a otros, ni pienses que un incremento en tu actividad lo va a lograr. Es necesario primero transformarnos para poder transformar.
Te propongo un ejercicio que te ayudará a ser, a percibir tu conexión con el universo, a transformarte y a sentir ese círculo de energía inagotable que llamamos vida. Sin importar la posición en que te encuentres, por favor cierra los ojos e imagina que te has convertido en una caña de bambú hueca. Deja y siente que el flujo de energía vital penetre en ti y se desplace libremente de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba. No te opongas a ello. Experimenta por unos instantes la sensación de no querer hacer nada, de no desear nada. Solamente y sencillamente estar ahí, fundiéndote con el universo que pasa a través de ti. Abandónate totalmente. Eres sencillamente esa azucena que derrama su fragancia. Quédate en esa sensación. Dedica al menos algunos minutos diarios a sentir que eres. Eso bastará para que puedas apreciar lo que significa hacer desde el no hacer, bastará para que experimentes el sabor de la existencia, para que tu aroma se expanda y todos comprendan que disfrutas a plenitud de la vida. Eso es felicidad. Que la pases bien y que la paz sea contigo.
Sobre el autor
Trabajo en el Centro para la Rehabilitación e Investigación de las Ataxias Hereditarias de la provincia de Holguín, en Cuba. Realizo las funciones de Especialista en Medios de...
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