De todo corazón
Muchos dicen que nuestro corazón es simplemente una bomba aspirante de sangre. Es curioso, no obstante, que tendamos a relacionarlo con valores y sentimientos como amor, maldad, generosidad, mezquindad y otros… ¿Qué es tan especial en nuestro corazón que nos motiva a relacionarlo con valores y sentimientos?
30 de septiembre · 613 palabras
El corazón humano es uno de los órganos más relevantes en nuestro lenguaje, siendo comúnmente utilizado para describir una amplia gama de características humanas, desde la generosidad hasta la crueldad.
Pero, ¿por qué el corazón ha sido elegido para representar estos rasgos de carácter y no otros órganos? Por un lado, el corazón tiene una función vital en nuestro cuerpo, bombeando sangre a todos los órganos y tejidos.
Además, el corazón responde emocionalmente a los estímulos, siendo capaz de latir más rápido o más lento según corresponda. Sin embargo, otros órganos como los riñones o los pulmones también son vitales y trabajan juntos para mantener el bienestar general del cuerpo.
En el pasado, los seres humanos estaban más en armonía con la naturaleza y eran conscientes de su conexión con ella, pero con el tiempo, han perdido esta perspectiva y se han enfocado en su propio deseo de disfrutar de la vida, lo que ha llevado a alejarse de la naturaleza y de la comprensión de su papel como parte de un todo.
En resumen, aunque el corazón humano es fundamental en la vida, todos los órganos son igualmente importantes, y debemos trabajar juntos para mantener el bienestar general del cuerpo y conectarnos con la naturaleza.
Conceptos como: de todo corazón, de buen corazón, de mal corazón, corazón de piedra, corazón generoso, etc., están presentes en nuestro lenguaje… ¿por qué precisamente el corazón?
¿Qué hay en él tan especial? ¿Por qué no utilizamos el resto de los órganos para señalar propiedades de carácter? ¿Cómo habrían reaccionado si les dijeran que ustedes son de buen páncreas o de bazo generoso?
Una escueta mirada anatómica al corazón nos enseña que este realiza una doble acción. Primero se contrae e impulsa sangre a todo el cuerpo, para luego dilatarse y aspirar la sangre hacia él. En este ciclo, el corazón abastece a nuestro cuerpo de sangre solo en la cantidad exigida.
Por esta razón, cuando nos esforzamos, emocionamos o amamos, el corazón actúa con más fuerza y colma a los órganos del cuerpo con una cantidad de sangre complementaria a la exigida por ellos.
Si se vuelve perezoso y abastece menos de la cantidad exigida, el cuerpo cesa de funcionar debido a la falta de oxígeno y energía. En cambio, si provee más sangre de la necesaria, probablemente las arterias estallarán de tanta tensión.
En realidad, si reflexionamos sobre la función del resto de los órganos, distinguiremos que también ellos actúan en favor del cuerpo en su conjunto. La salud de todo el cuerpo es importante para cada uno de sus órganos; por lo tanto, les conviene cuidar de él. El riñón filtra la sangre, los pulmones intercambian gases, el intestino realiza la digestión y las piernas caminan. Sin embargo, el corazón sobresale especialmente por su entrega orientada a transportar y abastecer a todo el cuerpo del líquido de la vida, la sangre.
Y aquí llegamos a nosotros, los seres humanos. En un pasado muy lejano estuvimos cerca de la naturaleza y nuestro funcionamiento estaba en armonía con ella, sintiéndonos el uno al otro como órganos de un cuerpo. Pero, con el crecimiento de nuestro deseo de disfrutar de lo dulce de la vida y pensar solo en nosotros mismos, nos alejamos de la naturaleza y perdimos la capacidad de estar atentos el uno al otro y de conocer las necesidades del prójimo.
La relación con el prójimo ha cambiado para mal, pero nuestro cuerpo físico sigue funcionando como siempre. El corazón y la generalidad de los órganos del cuerpo nos recuerdan la correcta relación con la realidad de nuestra vida. Si retrocedemos y concentramos nuestra atención en la comprensión de las necesidades reales de nuestro prójimo, funcionaremos otra vez como un solo cuerpo. De esa manera reconoceremos que somos especiales, pero también, de igual manera, reconoceremos que hay un rol especial para cada uno de nosotros en beneficio del cuerpo en general. Entonces nos sentiremos el uno al otro y comprobaremos cómo el alejamiento se convierte en cooperación y el odio en amor. No se nos exigirá ningún cambio exterior: no entregar donaciones, no trabajar como voluntarios ni siquiera ayudar a las ancianas a cruzar la calle.
Todo lo que nos propone la naturaleza es la oportunidad de disfrutar de una nueva percepción que existe: percepción de la unidad, cooperación y amor al prójimo, semejante a los órganos del cuerpo en su totalidad. Como un solo hombre en un solo corazón.
El Rav Dr. Michael Laitman es máster en cibernética, doctor en filosofía y Cábala, profesor de ontología y teoría del conocimiento. Es fundador y presidente de Bnei Baruj y del Instituto ARI, en Israel. Más información en www.laitman.es y www.kabbalah.info/es/ y www.kab.tv.spa
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