El gran Brandon Andrés

Brandon es un pequeño niño que libró una feroz batalla contra una terrible enfermedad. A pesar de su coraje y valentía, la mortal enfermedad ganó la batalla.

Gustavo Moreno
Gustavo Moreno

1 de junio · 1425 palabras

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El gran Brandon Andrés - Poesía y Relatos

El protagonista del relato nos cuenta cómo, aunque al principio no le gustó el nombre de Brandon y lo encontró feo, con el tiempo el niño demostró ser un pequeño inquieto e inteligente, lo cual le hizo cambiar de opinión y aprender a apreciar su nombre.

Brandon es un niño activo, desde muy temprana edad mostraba habilidad en la bicicleta y en el fútbol, además de ser muy ingenioso en el parque con los ejercicios físicos.

Sin embargo, cuando Brandon comenzó a quejarse de dolores en la pierna, su padre lo llevó al médico, quien realizó exámenes y descubrió algo preocupante. Aunque el relato no lo revela, se puede inferir que el niño podría estar enfrentando algún tipo de enfermedad o discapacidad.

La historia nos muestra cómo la vida puede ser impredecible y cómo podemos aprender a valorar cosas que antes no nos gustaban, como un simple nombre. La conclusión queda en el aire, pero la esperanza siempre está presente en esta narración.

Para ser sincero la primera vez que lo vi me pareció más bien feíto, a pesar de que la gente dice que todos los niños recién nacidos son feos. Brandon, que fue el nombre que su papá le puso al principio, no me gustó; me pareció muy rebuscado, con tanto nombre bonito que hay como Nicolás o Juan David, pensamos todos. Pero a medida que iban pasando los días y los meses Brandon se iba transformando en un inquieto e inteligente niño de unos hermosos y grandes ojos vivaces, parecía incansable; quería estar en continuo movimiento. Yo me cansaba de tan solo verlo saltar y correr, a sus tres años ya montaba exageradamente bien en la bicicleta que le había traído ese año el Niño Dios, con uno que otro raspón como es normal en cualquier niño de su edad, también le gustaba jugar fútbol. Yo alcancé a pronosticar que iba a ser un gran futbolista, pero lo que más me impresionaba era cuando lo llevaba al parque y se subía en cuanto aparato había para hacer ejercicios, en la barra fija, en las paralelas, en el pasamanos y haciendo las más difíciles piruetas y contorsiones para un niño de su edad.

Yo ya les había dicho que el nombre no me gustaba, pero con el transcurrir de los meses y de tanto oírlo y pronunciarlo me terminó gustando, y es más, no podría explicar por qué; me parece que el nombre de Brandon se ajustaba perfectamente a su cara y a su personalidad. Toda la familia se contagiaba de la alegría y del ingenio de Brandon, hasta un día en que mi hermano, o sea el papá de Brandon, me comentó un poco preocupado que el niño hacía unos días venía quejándose que le dolía la pierna, y él lo había revisado y no había encontrado nada anormal, ni moretones ni raspaduras. Pensó que de pronto se había golpeado jugando fútbol, pero se dio cuenta de que esto era más serio de lo que pensaba cuando Brandon continuó quejándose del dolor en su pierna. Su papá, para descartar cualquier cosa, lo llevó al médico, y le hicieron toda clase de exámenes. Me acuerdo perfectamente de ese fatídico día en que sonó el teléfono y yo contesté; era mi hermano, en la voz noté que las noticias no eran buenas. Con la voz un poco quebrada me dijo que el médico le había comentado que Brandon lo que tenía era leucemia. Cuando me dijo eso yo me quedé mudo, se me hizo un nudo en la garganta, no me acuerdo qué le dije pero apenas colgué el teléfono me metí en el baño a llorar para que ninguno de la familia se diera cuenta. Después de renegar, de maldecir y hasta de echarle la culpa a Dios y de preguntarse por qué a un niño de solo tres añitos tan lleno de vida, tan activo, que apenas estaba empezando a vivir le tenía que pasar esto, pero ya con la cabeza más fría toda la familia asumió que había que iniciar lo más rápidamente posible el tratamiento. Habíamos oído de muchos casos que tratados a tiempo se habían curado. El doctor dio orden que lo hospitalizaran porque estando allá el tratamiento sería mucho más efectivo, tratamiento que se convertiría en una tortura para el pobre Brandon, un niño que a sus escasos tres años y medio no entendía por qué sus papás, que decían que lo querían, lo llevaban a un sitio donde lo tenían que pinchar con agujas, donde le daban unos mejunjes amargos y de mal sabor y lo que él quería era estar jugando fútbol con sus amigos del conjunto, o montar en bicicleta, o estar jugando con los Power Rangers, o estar viendo en televisión su programa favorito, LazyTown. Lo cierto es que Brandon duraba un mes en el hospital y un mes en la casa, y cuando por la terrible enfermedad se le bajaban las defensas tenían que correr para el hospital a que le hicieran transfusiones; últimamente ya vivían más en el hospital que en la casa. Su papá, que tenía que viajar constantemente por cuestiones de su trabajo, le compró un celular para poder llamarlo todos los días desde donde estuviera. Brandon a los pocos días ya sabía manejar perfectamente el celular, y a sus 4 añitos sin ir al colegio había aprendido a escribir algunas palabras y frases; mi hija le enseñó a enviar mensajes de texto en el celular, por eso cuando su papá estaba viajando, él, ayudado por mi hija, le mandaba un mensaje que decía: 'hola papi ya estoy mejor, me trae un Power Ranger rojo.' Y si el papá duraba 8 días viajando, eran 8 o más mensajes los que Brandon le mandaba con la consabida frase: 'hola papi ya estoy mejor', el celular se convirtió en su juguete preferido; cuando se dormía lo guardaba debajo de la almohada y lo llevaba con él hasta cuando se iba a bañar.

Otra de las cosas que me parecían terribles eran las quimioterapias, que hicieron que se le cayera todo el pelito de la cabeza, y los efectos secundarios eran bastante dolorosos y lo ponían muy mal anímicamente. En el hospital todas las enfermeras le habían cogido un inmenso cariño; fue el niño con leucemia que más tiempo permaneció en el hospital. Hubo un período en que estuvo cuatro meses seguidos recluido, tristemente tuvo que pasar el 24 y el 31 de diciembre en el hospital, sin poder disfrutar de la Navidad como cualquier niño de su edad. Todos teníamos fincadas fuertemente las esperanzas de que con el trasplante de médula Brandon se curaría totalmente de esa maldita enfermedad, pero nuevamente vendrían malas noticias. El doctor que estaba tratando a Brandon nos dio la nefasta noticia de que lamentablemente la sangre y el organismo de Brandon estaba invadido de blastos o células cancerígenas, y según el médico ya no había nada que la medicina tradicional pudiera hacer por él. Esta noticia fue como si nos hubieran dado un mazazo en la cabeza; en pocas palabras el médico nos decía que a sus escasos 4 añitos y con toda la vida por delante Brandon se iba a morir. Como entenderán, esta es una noticia que es muy dura y muy, pero muy difícil de asimilar, porque nadie en el mundo puede aceptar que le digan que un hijo suyo que está enfermo irremediablemente se va a morir sin más ni más.

El doctor nos dijo que lo mejor era que nos lleváramos a Brandon para la casa, que allí podría pasar, así suene cruel, el tiempo que le quedaba en compañía de sus seres queridos. Ya en casa, rodeado del cariño de toda la familia y a punto de cumplir los 5 años, Brandon perdió la lucha con la mortal y traicionera enfermedad. Lo curioso fue que él, ni en sus últimos momentos, se despegó ni un instante de su inseparable celular. El día del entierro de Brandon mi hija, bastante afectada pues amaba a Brandon como el hermanito que nunca tuvo, me comentó que quería ponerle dentro del ataúd el celular que él tanto quería; a mí no me pareció muy buena idea, pero finalmente le dije que estaba bien porque era el objeto del que Brandon no se separó ni un solo instante desde que se lo regaló el papá. Yo no fui capaz de ver a Brandon, preferí quedarme con la imagen de él con sus risotadas y su mirada vivaz; mi hija me contó que le puso suavemente el celular entre su manita. Lo que a continuación les voy a contar sé que les va a parecer sacado de una película de Hitchcock, pero les aseguro que es absolutamente cierto, y se los cuento tal y como me lo contó el papá de Brandon: exactamente a los 2 meses de haberlo sepultado, el día 22 de febrero, y me acuerdo de la fecha porque ese día Brandon cumplía años de nacido, estando en correría en un pueblo cerca a Valledupar me sonó el celular avisándome que tenía un mensaje de texto que decía: 'hola papi ya estoy mejor.' Yo pensé que alguien me estaba haciendo una broma de mal gusto, pero cuando vi el número del celular del que enviaban el mensaje me quedé frío, era el mismo número del celular que yo le había regalado a Brandon.

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Gustavo Moreno

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