La pobre viejecita

Historia de una ancianita que acostumbraba pedir limosna y a quien todo el mundo le daba porque inspiraba lástima. Sin embargo, las cosas no siempre eran como parecían.

Gustavo Moreno
Gustavo Moreno

23 de mayo · 393 palabras

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La pobre viejecita - Poesía y Relatos

Este artículo relata la historia de una anciana que pedía monedas en la entrada de un banco y que, tras su muerte, se descubrió que había acumulado una gran fortuna en su colchón.

El autor narra su experiencia personal de encontrarse con la anciana en varias ocasiones y cómo siempre le daba una moneda por su avanzada edad y su apariencia frágil. Después de años de verla regularmente, un día la anciana ya no estaba en su lugar habitual en la entrada del banco.

El autor investigó y descubrió que la anciana había sido encontrada muerta en su casa, y que se encontró una gran cantidad de dinero en su colchón. Los oficiales de policía que la encontraron tuvieron que contar las monedas y los billetes y resultó en una suma de 250 millones de pesos.

El artículo destaca cómo la imagen que la anciana presentaba en la calle no correspondía con su verdadera situación financiera, y cómo esta historia sirve como un recordatorio de la importancia de no juzgar a los demás por su apariencia.

La historia también ofrece una reflexión sobre lo que significa la riqueza y cómo a veces escondemos nuestras posesiones más valiosas en lugares inesperados.

Cuando tengo que hacer alguna diligencia bancaria por comodidad siempre la hago en un banco que me queda cerca de mi casa, me puedo ir y venir a pie y de paso hago ejercicio.

Las veces que he ido al banco siempre me encuentro a una viejita parada en toda la entrada del banco y a todo el que sale le pide una monedita para esta pobre viejita, que es lo que siempre dice, y la mayoría de gente le da.

Yo siempre le doy alguna monedita, por su avanzada edad, su excesiva delgadez y su arrugado rostro inspiran compasión. A las 8 de la mañana, que es cuando abren el banco, ya está la viejita parada en la puerta como cumpliendo horario en su sitio de trabajo, no sé si irá a almorzar por ahí cerca pero lo cierto es que a las 2 en punto, que es cuando vuelven a abrir el banco, ahí la encontraba uno, parada recitando su consabida frase: una monedita para esta pobre viejecita.

En los 10 años que llevo haciendo diligencias en ese banco nunca vi que la viejita faltara a su acostumbrado sitio. Hasta hace unos días que tuve que ir a hacer algunas consignaciones; me sorprendió no ver a la viejita en su habitual sitio. Pasaron los días y no volví a ver a la viejita, por curiosidad les pregunté a los vigilantes del banco y no supieron darme razón.

Una mañana, leyendo el periódico local, me causó impresión una noticia que decía: encontrada anciana muerta en un humilde ranchito. Al ver con atención la fotografía me di cuenta que era la viejita del banco. Sentí tristeza por la pobre viejita, pero lo que más me sorprendió fue cuando seguí leyendo y decía que los oficiales de policía que la encontraron se dieron cuenta de que el colchón donde dormía la viejita era extremadamente pesado y sonaba como si tuviera por dentro algo metálico. Al proceder los policías a abrir el colchón quedaron estupefactos, el colchón de la pobre viejita estaba lleno de monedas y billetes de todas las denominaciones. La policía, después de hacer el conteo de monedas y billetes, arrojó un gran total de 250 millones de pesos.

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Gustavo Moreno

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