El payaso melancólico
Este cuento trata de cómo la depresión puede causar verdaderos estragos en un ser humano. No importa lo alegre y jovial que haya sido.
23 de mayo · 328 palabras
Un hombre llega a una ciudad costera por trabajo y, tras instalarse en un hotel, se ve invadido por una tristeza intensa y desconocida que lo deja agotado y dormido. Al conversar con un colega admite un estado de melancolía persistente y recibe la recomendación de consultar a un psicoterapeuta.
En la consulta describe pérdida de interés, ganas de llorar sin motivo y ausencia de ganas de vivir; el médico sugiere actividades recreativas como cine, teatro, lectura y paseos, opciones que el paciente ya probó sin alivio.
Cuando el profesional propone ver al famoso payaso del circo local, el hombre revela que él mismo es ese payaso.
El cuento muestra cómo la depresión puede afectar incluso a quienes proyectan alegría y recuerda que la apariencia no revela el sufrimiento interior, por lo que buscar ayuda resulta necesario.
Acababa de llegar a la pequeña ciudad costera por cuestiones de trabajo, y, ya instalado en la habitación del hotel, se dejó caer sobre la cama. Lo embargaba un profundo sentimiento de tristeza que nunca antes había experimentado. El cansancio del viaje lo venció y se quedó profundamente dormido.
Al otro día, hablando con un compañero de trabajo, le comentaba: «Estoy muy preocupado; desde hace varios días que ando triste, melancólico, apesadumbrado, no sé qué es lo que me ocurre».
El compañero le respondió: «Hombre, ¿por qué no vas donde un psicoterapeuta muy bueno que hay aquí?»
El apesadumbrado hombre no lo pensó dos veces y se encaminó donde el psicoterapeuta. Ya en el consultorio, el facultativo le pregunta: «Bueno, dígame, ¿cuál es el problema que lo aqueja?»
Él, en tono pausado, le contesta: «Doctor, la verdad no entiendo lo que me pasa; desde hace unos días me siento triste, melancólico, aburrido, me dan ganas de llorar sin motivo alguno y hasta se me quitaron las ganas de vivir, por favor doctor, ayúdeme».
El médico lo mira compasivamente y le dice: «Mi amigo, ¿por qué no sale a distraerse? Vaya al cine y vea una buena película o una buena obra de teatro».
«Doctor, ya lo hice pero sigo igual», respondió.
«Hombre, lea un buen libro, váyase a la playa, respire aire puro», sugirió el compañero.
«Doctor, también hice eso pero nada», dijo el apesadumbrado hombre.
«Creo que ya le tengo la solución para su problema: resulta que hace unos días llegó a la ciudad un famoso circo y dicen que el payaso hace reír hasta un muerto; vaya, yo sé que se va a reír a carcajadas».
«Doctor, creo que no sea muy buena idea», replicó el paciente.
«¿Por qué dice eso sin siquiera haber ido al circo?» preguntó el compañero.
«Pues, doctor, por la sencilla razón de que el payaso ese soy yo...»
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gusmorpi
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