Deducción de erotismo y pornografía en el siglo XIX
El primer problema con el que nos encontramos es la propia definición de lo que podemos entender por erotismo y por pornografía. Si además a este problema le añadimos el hecho de que estas nociones son mudables a lo largo de la historia, nos encontramos con una seria dificultad en su definición.
26 de agosto · 686 palabras
El artículo aborda el problema conceptual de la definición de erotismo y pornografía en diferentes épocas de la historia española. La evolución de estas nociones dificulta su definición y estudio.
Una herramienta para clasificar imágenes de desnudos en el siglo XIX es la presencia o ausencia de sexo explícito en las ilustraciones, pero no es infalible. Además, se hace una distinción entre publicaciones legales y clandestinas en ese siglo.
Las primeras contienen nombres de autores y fechas impresos, mientras que las últimas no pasaban por censura y se comercializaban en el mercado negro de la época. El problema de conservación también es crucial, ya que muchas publicaciones han desaparecido o han sido objeto de destrucción.
En conclusión, la definición de erotismo y pornografía sigue siendo un problema conceptual y ha evolucionado a lo largo de la historia, siendo importante tener en cuenta las diferentes aplicaciones prácticas en cada período.
La conservación de estas obras históricas también es importante para estudios futuros.
Si cuando hablamos de erotismo y pornografía en pleno siglo XXI se nos plantean diversos problemas conceptuales, ¿qué nos puede pasar cuando hablamos de la misma temática en siglos anteriores y en España? El primer problema con el que nos encontramos es la propia definición de lo que podemos entender por erotismo y por pornografía. Si además a este problema le añadimos el hecho de que estas nociones son mudables a lo largo de la historia, nos encontramos con una seria dificultad en su definición y, en consecuencia, para su estudio.
Un librero de viejo me comentó una vez que él solucionaba este problema metafísico mirando las ilustraciones. Si en la ilustración el hombre aparecía con el sexo erecto o la mujer con las piernas abiertas mostrando el sexo, consideraba que se trataba de pornografía; en cambio, el resto de ilustraciones de desnudos que no se adaptaban a esta premisa las consideraba eróticas. Es una simplificación general que, a pesar de todo, nos sirve para el siglo XIX y tiene sus aplicaciones prácticas para la clasificación de imágenes. Si los protagonistas de la ilustración aparecen en plena lidia sexual, entonces es claramente pornográfica, sin lugar a dudas.
En el caso de la ilustración de temática más o menos sexual del siglo XIX debemos distinguir entre publicaciones legales y clandestinas para llegar a comprender lo que en aquella época se consideraba erotismo o pornografía y marcar esta delicada frontera, aplicable solo a todo el siglo XIX y hasta finales del franquismo. Las legales (con pie de imprenta y autoría firmada) son las que las autoridades consideraban que estaban en los límites de la decencia, mientras que las clandestinas son aquellas que no podían pasar censura de ningún tipo y que los mismos editores ya no presentaban para la revisión de las autoridades y se dirigían directamente hacia el comercio ilegal. Estas últimas o no tienen pie de imprenta o este es ficticio, con nombres imposibles, sin fecha y apócrifo, o son directamente anónimas.
Un problema distinto, y no menor, es la conservación o desaparición del material erótico y pornográfico. Hay que pensar que para que un material de este tipo y de esta época haya podido sobrevivir ha tenido que pasar como mínimo por cuatro o cinco generaciones de herederos que lo han salvado de la quema, del escándalo de la moralidad o sencillamente de la destrucción por ser material obsoleto y anticuado, ausente de cualquier utilidad. Solo la curiosidad puntual de algunas personas de diversas generaciones ha permitido salvaguardar algunos de estos ejemplares con ilustraciones eróticas a lo largo de más de cien o doscientos años, con los más que probables traslados de domicilio —cuando se aprovecha para hacer limpieza de lo que ya no sirve— y de periodos de represión más o menos intensa sobre todo contenido con carga sexual.
Si el material no se encuentra en instituciones públicas, ¿dónde se halla? La respuesta es únicamente en el coleccionismo privado. Si bien es cierto que los coleccionistas actuales pueden salvaguardar esos ejemplares por ser auténticas rarezas y/o por morbosidad bibliófila, también es cierto que a veces el celo con que los guardan impide o dificulta seriamente el acceso a los historiadores. Muy pocos coleccionistas han abierto sus puertas a la investigación pero, a pesar de ello, y no todo han de ser malas noticias, recientemente la publicación del libro de Jean-Louis Guereña titulado Un infierno español. Un ensayo de bibliografía de publicaciones eróticas españolas clandestinas (1812-1939) ha llevado un poco de luz a este tema hasta ahora proscrito en cualquier estudio sociológico referente al siglo XIX. La publicación de este indispensable texto, que incluye la catalogación de más de doscientos libros clandestinos, viene acompañada de un buen número de ilustraciones inéditas que pueden ayudar en la investigación de este campo de estudio escasamente labrado. líneas calientes eróticas
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