Los factores psicológicos comunes
La psicología se ocupa de los derivados psicológicos: aquellos que pueden traducirse en palabras y articularse en una narrativa que sugiera un origen psíquico u otro. En cualquier caso, la psicología es el arte de traducir en palabras.
17 de agosto · 530 palabras
El artículo explora la diferencia entre la psiquiatría y la psicología al analizar la presencia de "logos" en sus nombres. Mientras que la psicología tiene esta partícula, la psiquiatría no la tiene, lo que sugiere que la primera se enfoca en lo psicológico y la segunda en lo psíquico.
El autor argumenta que la psicología se preocupa por traducir los fenómenos psíquicos a palabras y negociar significados para provocar cambios mentales, mientras que la psiquiatría trata con hechos psíquicos inabordables para el logos, como enfermedades físicas o amores no explicables.
En resumen, el logos es la herramienta de la razón y el sentido común, pero existen hechos psíquicos que no pueden ser traducidos en palabras. La habilidad de los profesionales para reconocer la diferencia y tratar adecuadamente los casos es clave en su éxito en la terapia y la medicina.
Es curioso que algunas especialidades médicas tengan «logos» (como la dermatología, la neurología o la neumología) y otras carezcan de él, como todas las quirúrgicas y la psiquiatría. Llama la atención que la psiquiatría carezca de logos mientras que la psicología contenga esta partícula.
¿Qué significa esto? Significa que la psiquiatría se ocupa de lo psíquico, es decir de aquello que se niega a ser psicologizado, mientras que la psicología se ocupa de los derivados psicológicos, esos que pueden ser traducidos en palabras, en una narrativa y desde ellos suponer un origen psíquico o cualquier otro. En cualquier caso, la psicología es el arte de traducir en palabras y negociar con sus significados para intentar provocar cambios mentales. Hay que recordar ahora que «logos» significa palabra, razón o sentido de la proporción.
Dicho de otra forma, el logos es lo que todos hacemos cuando nos explicamos con palabras, tratamos de hacernos comprender, improvisamos una narrativa que sea comprensible para nuestro interlocutor, pero también es un ejercicio de la razón, del sentido común, del raciocinio; mediante el logos y gracias a él tratamos de entendernos a nosotros mismos y de comunicar nuestra experiencia a otros, algo que solemos hacer a través de la simple conversación que anima a cualquier psicoterapia o a cualquier diálogo interior.
Pero existen hechos psíquicos de los que no podemos hablar, hechos que no son psicológicos y que difícilmente pueden ser transmitidos con palabras. Intente usted curarse una diarrea crónica hablando con un psicólogo, o una psoriasis, o un dolor torácico; intente usted curarse de su hipertensión, de su jaqueca o de su alergia a los ácaros hablando, o intente curarse de una alucinación auditiva. Intente usted explicarse por qué ama a esa persona y no a otra, o por qué se siente culpable por esto o por lo otro, por qué se pone colorado con tanta facilidad o por qué no puede dejar de atracarse de dulces. Inténtelo y observará cómo ese síntoma es inabordable para el logos; se dará cuenta de que por más que hable y revise su pasado o sus tramas familiares y conflictivas no notará mejoría en su malestar, su dolor, su alucinación o su deseo de atracarse.
Lo que no significa linealmente que estas enfermedades sean independientes de nuestro cerebro, simplemente no están a disposición del logos.
¿Por qué sucede esto? Pues porque hay síntomas que son hechos psíquicos pero no psicológicos: son inabordables para el lenguaje porque existen más acá del lenguaje, son preverbales y no comunican nada psicológico. No hay un porqué o un cómo traducible al lenguaje consensuado.
La línea entre lo psíquico y lo psicológico, sin embargo, no es algo tan nítido como pretendo explicar aquí; es verdad que existen factores mantenedores de un sufrimiento cualquiera y es verdad que un conflicto conyugal o familiar puede cronificar cualquiera de las enfermedades a las que antes me referí. Pero todas tienen un denominador común: los factores psicológicos pueden mantenerlas pero no son causales.
Psicólogos en Madrid Ponzano
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