La educación y socialización del gato doméstico

Socialización del gato doméstico: consejos para lograr una convivencia equilibrada con nuestro felino. Una mascota cada vez más demandada como animal doméstico, debido principalmente a su fácil mantenimiento y su buena adaptación a los hábitos humanos.

Manuel Marquez
Manuel Marquez

11 de junio · 431 palabras

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La educación y socialización del gato doméstico - Convivencia con Mascotas

A diferencia de los perros, los gatos son animales solitarios y no tienen un alto grado de socialización. El instinto de supervivencia los motiva a desarrollar ciertas conductas que son difíciles de cambiar, por lo que no es fácil imponerles órdenes como se hace con los perros.

Sin embargo, con paciencia se pueden mejorar los comportamientos indeseados de los gatos e imponer ciertas reglas. La enseñanza debe orientarse a métodos que limiten situaciones de castigo o imposición de órdenes directas hacia el animal.

Todo lo que se pretenda enseñarle debe ser de su agrado y se deberá premiar el buen comportamiento. La edad óptima para educar a los gatos es entre los dos y cuatro meses de vida, aunque la socialización debe iniciarse en el momento en que cumple dos semanas.

En edad adulta es más difícil que adquieran un alto grado de educación, ya que modificar hábitos ya adquiridos es complicado y puede generar estrés. Es importante que el entorno del animal sea tranquilo y relajado para su educación.

En definitiva, educar a un gato no es tan sencillo como educar a un perro, pero con paciencia y métodos adecuados se pueden mejorar sus comportamientos.

Los gatos, a diferencia del perro, no poseen un alto grado de socialización; son animales solitarios. Su instinto de supervivencia les motiva a desarrollar ciertas conductas o hábitos difíciles de cambiar. No podemos imponerles órdenes; en el perro, por el contrario, existen métodos de adiestramiento que logran que realice comportamientos acordes con nuestras pretensiones: paseos diarios, marcha con correa, aprender a sentarse, tumbarse, traer objetos, etc. En definitiva, llegará a aceptar nuestras órdenes sin dificultad: téngase en cuenta que en ellos impera la idea de grupo, su estatus es jerarquizado y dependen de un líder, en este caso el hombre. Con los mininos lograremos, con paciencia, mejorar aquellos comportamientos que consideremos indeseados; podemos imponerles ciertas reglas, pero nunca conseguiremos una base de educación tan sólida como la que se puede ofrecer al perro.

La enseñanza debe orientarse a métodos que limiten situaciones de castigo o imposición de órdenes directas hacia el animal; en efecto, todo aquello que pretendamos enseñarle deberá ser de su agrado e incluso ha de premiarse el buen comportamiento; así lo asimilará como algo placentero y será más fácil que en ulteriores ocasiones reproduzca conductas permisivas.

La edad óptima para su educación comprenderá entre los dos y cuatro meses de vida, aunque su socialización, es decir, su habituación a la presencia humana, se iniciará en el momento de cumplir las dos semanas de vida. Es necesario manejarlo con asiduidad si pretendemos que se habitúe sin inconvenientes.

En edad adulta es más difícil que adquiera un grado alto de educación; téngase en cuenta la dificultad de modificar hábitos ya adquiridos en el animal. Aunque se le recrimine, volverá a repetir la conducta no deseada; asimismo, una variación brusca de sus costumbres le acarreará estrés, repercutiendo negativamente en su salud.

Es imprescindible que el entorno sea favorable para que el animal se encuentre tranquilo, relajado y sin tensiones; además, como ya hemos manifestado, la manipulación constante es importante para conseguir un contacto íntimo, sobre todo teniendo en cuenta el carácter solitario del gato. Por otra parte, seremos pacientes: los animales no aprenden en el momento que nosotros decidamos; es necesario darles tiempo para que confíen en nosotros y, por supuesto, en su entorno.

Orientaremos su educación hacia aspectos básicos como la higiene, la alimentación o evitar que cause desperfectos en el mobiliario de la vivienda; en definitiva, todo aquello que beneficie la convivencia pacífica en el entorno familiar.

Paradais Sphynx

Manuel Marquez

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