Demencia neurodegenerativa: Alzheimer
Entre las demencias neurodegenerativas, la más frecuente es la enfermedad de Alzheimer. Las demencias en general y la enfermedad de Alzheimer en particular se caracterizan por el deterioro progresivo de las facultades físicas y mentales de los pacientes.
19 de mayo · 431 palabras
La enfermedad de Alzheimer es la demencia neurodegenerativa más común, caracterizada por la pérdida gradual de memoria, atención, afasia, apraxia, agnosia y alteraciones de la percepción visual espacial, además de cambios emocionales, inestabilidad psíquica y alteraciones en la personalidad.
Los estudios patológicos han demostrado una marcada atrofia de la corteza cerebral, la pérdida de neuronas corticales y subcorticales, y la formación de placas seniles. La disminución de la neurotransmisión en varias sinapsis y centros cerebrales puede causar estos cambios profundos.
La alcance de la enfermedad a menudo conduce a una dependencia total de una tercera persona para monotorizar el aseo, la alimentación, la incontinencia de esfínteres, el sueño y la disposición del hogar.
La intervención psicosocial se emplea en conjunto con el tratamiento farmacológico y se clasifica en abordajes orientados al comportamiento, las emociones, lo cognitivo y la interacción social.
La evidencia sugiere que la estimulación de las capacidades cognitivas ayuda a ralentizar la pérdida de estas capacidades, permitiendo que el entrenamiento compense las pérdidas sufridas por el paciente.
Los desafíos relacionados con la enfermedad de Alzheimer no solo afectan al paciente, sino también a su familia.
Entre las demencias neurodegenerativas, la más frecuente es la enfermedad de Alzheimer. Las pérdidas graduales de memoria y atención se acompañan de afasia, apraxia, agnosia y alteraciones de la percepción visual espacial; este cuadro sintomático se completa con las alteraciones emocionales, inestabilidad psíquica y cambios de la personalidad propios de los estadios avanzados.
Relacionado con este cuadro se han descrito varias alteraciones patológicas entre las que destacan una marcada atrofia de la corteza cerebral, la pérdida de neuronas corticales y subcorticales, la formación de placas seniles. Obviamente, estos cambios profundos de la cognición y la personalidad deben estar asociados a una pérdida de eficacia de la neurotransmisión en varias sinapsis y centros cerebrales.
Las demencias en general y la enfermedad de Alzheimer en particular se caracterizan por el deterioro progresivo de las facultades físicas y mentales de los pacientes, que conducen a una situación de total dependencia de una tercera persona para poder subsistir. Por ello, cuando una persona padece Alzheimer, toda la familia sufre la enfermedad en mayor o menor medida.
Aparecen numerosos problemas relacionados, por ejemplo, con el aseo, la alimentación, la incontinencia de esfínteres, el sueño nocturno o la disposición del hogar.
Síntomas:
- Alteraciones en el aseo
- Alteraciones en la alimentación
- Incontinencia de esfínteres
- Alteraciones en el sueño nocturno
- Alteraciones en el reconocimiento de personas o lugares
- Conductas paranoides
Intervención psicosocial
Existen ciertas evidencias de que la estimulación de las capacidades cognitivas ayuda a ralentizar la pérdida de estas funciones y habilidades. Esta estimulación consiste en trabajar aquellas áreas que aún conserva el paciente, de forma que el entrenamiento permita compensar las pérdidas que el paciente está sufriendo con la enfermedad.
Las intervenciones psicosociales se usan conjuntamente con el tratamiento farmacológico y se clasifican en abordajes orientados al comportamiento, las emociones, lo cognitivo y la estimulación. Las investigaciones sobre la efectividad de estas intervenciones aún no se encuentran disponibles y, de hecho, rara vez son específicas a la EA, enfocándose en la demencia en general.
Las intervenciones en el área del comportamiento intentan identificar y reducir los antecedentes y consecuencias de los problemas de conducta. Este abordaje no ha mostrado éxito en mejorar el funcionamiento general del paciente, en especial en relación con su entorno, pero ha podido ayudar a reducir ciertos problemas específicos de comportamiento, como la incontinencia urinaria. Existe aún una falta de datos de calidad sobre la efectividad de estas técnicas en otros problemas como las deambulaciones del paciente.
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