¿Comprar libros al peso?

Hace unos días recibí un mail con el título «Save de Books» que me llamó la atención por mi pasión por la lectura. El mensaje proponía vender libros al peso, una idea que me hizo reflexionar sobre cómo se valoran los libros y si pueden reducirse a kilos.

Alpen Ghosh
Alpen Ghosh

21 de febrero · 995 palabras

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¿Comprar libros al peso? - Marketing

El autor recibió un correo electrónico con un título conmovedor llamado "Save de Books". El mensaje lo alentaba a comprar una gran cantidad de libros a precios más bajos. Sin embargo, descubrió que la editorial que los publicó estaba tratando de vender los libros al peso.

En lugar de redimirlos, el autor sintió que esto era una trampa absurda y sentimental. Los mejores libros, los que cambian vidas, no se compran por kilos. Los libros se seleccionan, buscan y, lo más importante, se leen y disfrutan por lo que cuentan.

La editorial marcaba los precios de los libros por la cantidad de kilos que se compran: si se compraban entre 25 y 50 kilos, costaban 10 euros el kilo; si eran más de 100 kilos, costaban 5 euros.

La editorial argumentó que no pretendía hacer negocios con esta venta por peso, solo evitar la desaparición de 100,000 ejemplares con lomos y tapas. Pero para el autor, este tipo de venta va en contra de la idea de que los libros son emocionantes y significativos.

Hace unos días recibí un mail con un título conmovedor: «Save de Books». Como leer libros es una de mis grandes pasiones, estaba claro que abrí y leí el mail con avidez. Un largo texto lleno de términos de marketing y frases hechas te conminaba a comprar libros en grandes cantidades y cuantos más compraras más baratos te salían. No contaban si eran buenos libros o no. No.

Por lo visto la editorial que los había publicado debía abandonar el lugar donde los tenía almacenados y había decidido ponerlos a la venta de esa manera: al peso.

Al principio, pensé que comprando los libros los redimía y salvaba pero pronto me di cuenta de que había caído en una trampa absurda y sentimental. Los mejores libros, los que se leen y te emocionan, esos libros que pueden cambiarte la vida no se compran por kilos. Los libros se eligen, se buscan y fundamentalmente se leen y disfrutan por lo que cuentan, por una historia o por la información y la sabiduría que te proporcionan. No me imagino recomendándole a alguien cuarto y mitad de mi novela favorita, la verdad. Ni medio kilo de filosofía socrática…

En un alarde de creatividad vendedora, la editorial marcaba además los precios de los libros por la cantidad de kilos que te llevaras: si compraba entre 25 y 50 kilos, los pagabas a 10 euros el kilo; si eran más de 100, a 5.

Argumentaba la editorial que no pretendían hacer negocio con esa venta al peso y al por mayor, solo evitar la desaparición de 100.000 ejemplares con sus lomos y tapas… ¡Ya!

Lo siento mucho, pero no me lo creo. ¿No habría sido mejor recomendar igualmente esos libros por temas? ¿No sería más atractivo contar a los lectores qué títulos y autores se ponían a la venta? ¿No es mejor contarles qué historias, estilos, temas y personajes se llevan a su casa?

A veces son los mismos que se dedican a vender libros los que utilizan recursos y argumentos de venta más bien disuasorios. Cuando vendes algo que puede ser tan emocionante, tan entrañable y próximo como un buen libro, el precio no puede estar determinado por lo que marca en la báscula.

Y hablando de comprar libros, cómo añoro aquellos libreros de mi época de estudiante con su afán de mostrarte sus libros recomendados. Te preguntaban un par de cuestiones e inmediatamente recogían del anaquel un libro: «este te va a gustar, ya verás». Y la verdad es que casi siempre acertaban. Gracias a alguno de esos apasionados vendedores de libros he tenido la suerte de conocer a grandes personajes, de vivir intensas aventuras y de aprender a manejarme mejor en la vida.

En fin, lo dicho, nadie va a una joyería y compra un kilo de joyas para ponérselas de golpe en la pechera. Pues eso, que los libros son como joyas, que se eligen, se buscan y se disfrutan, pero de uno en uno; todo lo más una combinación exquisita de dos o tres, máximo. Si se trata de un número mayor ya es chabacanería.

la venta de esa manera: al peso.

Al principio, pensé que comprando los libros los redimía y salvaba pero pronto me di cuenta de que había caído en una trampa absurda y sentimental. Los mejores libros, los que se leen y te emocionan, esos libros que pueden cambiarte la vida no se compran por kilos. Los libros se eligen, se buscan y fundamentalmente se leen y disfrutan por lo que cuentan, por una historia o por la información y la sabiduría que te proporcionan. No me imagino recomendándole a alguien cuarto y mitad de mi novela favorita, la verdad. Ni medio kilo de filosofía socrática…

En un alarde de creatividad vendedora, la editorial marcaba además los precios de los libros por la cantidad de kilos que te llevaras: si compraba entre 25 y 50 kilos, los pagabas a 10 euros el kilo, si eran más de 100, a 5.

Argumentaba la editorial que no pretendían hacer negocio con esa venta al peso y al por mayor, solo evitar la desaparición de 100.000 ejemplares con sus lomos y tapas… ¡Ya!

Lo siento mucho, pero no me lo creo. ¿No habría sido mejor recomendar igualmente esos libros por temas? ¿No sería más atractivo contar a los lectores qué títulos y autores se ponían a la venta? ¿No es mejor contarles qué historias, estilos, temas y personajes se llevan a su casa?

A veces son los mismos que se dedican a vender libros los que utilizan recursos y argumentos de venta más bien disuasorios. Cuando vendes algo que puede ser tan emocionante, tan entrañable y próximo como un buen libro, el precio no puede estar determinado por lo que marca en la báscula.

Y hablando de comprar libros, como añoro aquellos libreros de mi época de estudiante con su afán de mostrarte sus libros recomendados. Te preguntaban un par de cuestiones e inmediatamente recogían del anaquel un libro: este te va a gustar, ya verás. Y la verdad es que casi siempre acertaban. Gracias a alguno de esos apasionados vendedores de libros he tenido la suerte de conocer a grandes personajes, de vivir intensas aventuras y de aprender a manejarme mejor en la vida.

En fin, lo dicho, nadie va a una joyería y compra un kilo de joyas para ponérselas de golpe en la pechera. Pues eso, que los libros son como joyas, que se eligen, se buscan y se disfrutan, pero de uno en uno; todo lo más una combinación exquisita de dos o tres, máximo. Si se trata de un número mayor ya es chabacanería.

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