La mente como miel y la paz interior
La paz interior no significa estar en un lugar sin ruido, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Significa que, aun estando en medio de todo eso, permanezcamos calmados en nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz.
24 de febrero · 778 palabras
En este artículo, el psicoterapeuta y profesor de Psicología, Rafael Bestard Bizet, habla sobre la paz interior y cómo muchas personas anhelan poseerla, aunque en realidad la tienen de sobra.
Para ilustrar esto, el autor cuenta la historia de un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Entre todas las pinturas, solo dos llamaron la atención del rey.
La primera representaba un lago tranquilo y la segunda una escena tormentosa en medio de la naturaleza, que revelaba la paz interior en un pequeño arbusto y un pájaro en su nido.
Finalmente, el rey escogió la segunda pintura, explicando que la paz interior no significa estar en un lugar sin ruido ni problemas, sino permanecer calmados a pesar de estar en medio de ellos.
El autor explica que la mente humana es como una cascada, produciendo continuamente pensamientos y por tanto es imposible que esté completamente calmada. La verdadera paz interior se logra al aprender a permanecer tranquilo y sereno a pesar de las circunstancias externas.
En resumen, la paz interior no es un estado que se alcanza de forma externa, sino que reside dentro de cada persona y se logra mediante la conexión con esa paz interna en momentos de dificultad.
La mente como miel y la paz interior
Autor: MsC Rafael Bestard Bizet
Psicoterapeuta y profesor de psicología.
Esta vez te quiero hablar de eso que todos ansiamos poseer pero que en realidad tenemos de sobra: te voy a hablar de la paz interior.
Pero antes te cuento que: Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron.
El rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.
La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos los que miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta.
La segunda pintura también tenía montañas pero estas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico.
Pero cuando el rey observó cuidadosamente, vio tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado tranquilo y sereno un pajarito en medio de su nido... estaba en una paz perfecta.
¿Cuál crees que fue la pintura ganadora?
El rey escogió la segunda. ¿Sabes por qué?
Porque paz interior no significa estar en un lugar sin ruido, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que, a pesar de estar en medio de todas estas cosas, permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz.
Este cuento nos ilustra muy bien la esencia de la mente humana. Debes saber que es imposible que la mente humana esté calmada. Su esencia es precisamente la de estar continuamente produciendo pensamientos. Es como una cascada, ruidosa y vertiginosa. En tu interior tú tienes paz, pero al identificarte con el movimiento y el ritmo de la mente, la pierdes.
La mente humana se parece más al agua que a la miel. El agua es una sustancia que reacciona ante todo. A diferencia de la miel, el más leve contacto con el agua provoca una reacción, una perturbación en ella. Todo lo contrario ocurre si intentas provocar a la miel. Cuando nos identificamos con la mente nuestra vida adquiere la propiedad del agua: constantemente estamos reaccionando ante todo lo que nos ocurre, sea bueno o malo. Y vivimos en un estado permanente de tensión. Si nos alaban nos sentimos los mejores del mundo y si nos ofenden nos sentimos desdichados y deshonrados. Por eso vamos tras los aplausos y el éxito y evitamos los sinsabores, las penas y los errores. Eso trae mucha desdicha e insatisfacción en la vida, pues es imposible vivir una constante existencia de éxito y placer.
¿Cómo salir de este círculo vicioso? ¿Cómo permanecer en paz? ¿Cómo lograr ese estado en el que, aunque las cosas no salgan como queremos, aunque estemos en malos momentos, dentro de nosotros estamos calmados y serenos, equilibrados y dichosos, precisamente como el pajarito del cuento?
Te propongo que, de manera persistente, practiques el siguiente ejercicio. Cuando observas el cielo puedes ver que las nubes flotan en él, pero existe un trasfondo que permanece inalterable e intocable. La mente es como el cielo.
Los pensamientos van y vienen como las nubes en el cielo, pero en la sustancia de la mente, en su trasfondo, nada se mueve. Allí hay paz y silencio.
Este ejercicio consiste en lo siguiente: cierra los ojos y ve hasta el trasfondo de la mente. Desde allí observa a los pensamientos flotando como nubes pero no te identifiques con ninguno de ellos. No trates de interpretar o definir en lo que estás pensando. Solo quédate en la sustancia de la mente y observa el movimiento de los pensamientos en ella.
Mientras más realices este ejercicio sentirás que una gran paz invade tu interior. Poco a poco empezarás a dejar de reaccionar a todo lo que te ocurre y ya no serás un esclavo de la mente. Todo tomará su nivel y volverás a convertirte en el amo de tu mente. Tu vida cobrará el sabor y la calma de la miel y te sentirás colmadamente dichoso.
Que la pases bien y que la paz sea contigo.
Sobre el autor
Trabajo en el Centro para la Rehabilitación e Investigación de las Ataxias Hereditarias de la provincia de Holguín, en Cuba. Realizo las funciones de Especialista en Medios de...
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