Sentir a la vida: la ritmicidad de la existencia
La vida es un ritmo cuya melodía se desconoce. El compás que te sirvió para danzar ayer difícilmente te sirva hoy y el siguiente lo desconoces; no puedes preverlo. Por eso, si quieres vivir y fluir con el ritmo de la vida, tienes que hacerlo aquí y ahora.
14 de enero · 634 palabras
La vida es como bailar al compás de una música desconocida, donde cada nuevo compás o acorde es una improvisación. Si quieres vivir y fluir con el ritmo de la vida, debes hacerlo en el presente, porque es imposible prever lo que viene después.
Todo en el universo es rítmico, armonioso y equilibrado, y el estrés es simplemente salirse del ritmo natural.
La respiración, compuesta por la inspiración y espiración, es una puerta fundamental de la existencia y la base para el ejercicio que se nos recomienda realizar para combatir el estrés y mejorar nuestro bienestar.
Se trata de respirar conscientemente, siguiendo un ritmo en el que inspiramos por la nariz y espiramos por la boca, haciendo un breve descanso entre cada ciclo. Este ejercicio es muy efectivo para reducir el estrés y mejorar nuestro equilibrio emocional y físico.
En resumen, la vida es como una bella melodía y debemos vivirla en armonía con nuestro ritmo natural.
Imagina que tienes necesidad de bailar al compás de una música cuyos acordes jamás has escuchado. Desconoces la melodía y, cuando empiezan los primeros compases, ya debes iniciar el baile. Cada nuevo compás, cada nuevo acorde, es desconocido; por lo tanto, no puedes esperar repetición ni puedes adelantarte en el movimiento. Para bailar bien ese tipo de música no hay patrones preestablecidos; solo puedes hacer una cosa: escuchar y dejarte llevar por la música, improvisar y tratar de no atrasarte ni adelantarte. Solamente puedes bailar en el presente.
La vida es así. La vida es un ritmo cuya melodía se desconoce. El compás que te sirvió para danzar ayer difícilmente te sirva hoy. El siguiente lo desconoces y no puedes preverlo. Por eso, si quieres vivir y fluir con el ritmo de la vida, tienes que hacerlo aquí y ahora.
Todo en el universo es rítmico. Todo en el universo es armonía. Todo en el universo es equilibrio. En el universo no existe el estrés, porque el estrés es esencialmente eso: salirse del ritmo. ¿Conoces alguna planta estresada o algún animal digno de ser ingresado en una casa de salud mental o necesitado de psicofármacos para poder dormir?
Observa el abrir y el cerrarse de una flor, el trabajo del corazón, los procesos de inspiración y espiración en la respiración, la alternancia del día y la noche, el ciclo de las estaciones y de la luna, el movimiento del mar con sus mareas. Todo es ritmo y armonía. Todo es una sublime y alegre música. Y esos ritmos forman parte de la vida.
Hoy te voy a recomendar un ejercicio que te servirá para comenzar a vivir al ritmo de la respiración, quitarte el estrés y poder dormir como hace tiempo no lo hacías.
Pero antes debes entender que la respiración es vida. La respiración, compuesta de dos ciclos: inspiración (que es tomar el aire) y espiración (que es soltar el aire), es la puerta de la existencia. Cuando se nace, lo primero que se hace es una inspiración, y cuando se muere, lo último que se hace es una espiración. Vida y muerte están unidas a la respiración. Cuando la respiración es perfecta, todo lo demás se ordena. Por eso, si no respiras plenamente, no puedes vivir plenamente.
Damos por sentado el hecho de que sabemos respirar, pero no es así. Si estás estresado o estás sufriendo, es porque, básicamente, estás reteniendo; estás estancado. Y todo comienza con la retención de la respiración. Fíjate que, cuando temes o estás inquieto, retienes la respiración, y observa que, cuando estás profundamente enamorado de alguien, tu respiración es totalmente diferente.
Y ahora vamos al ejercicio. Prueba a hacer el ejercicio ahora mismo, mientras me lees. No importa la posición en la que estés; solamente cierra los ojos y observa desde dónde y hasta dónde se extiende tu inspiración y desde dónde y hasta dónde se extiende tu espiración. Observa los espacios que hay entre la inspiración y la espiración y entre la espiración y la inspiración. No cambies tu respiración; no importa que sea lenta o rápida, profunda o superficial, solo observa cómo se alternan uno y otro ciclo. Si algún pensamiento llegara a interrumpirte, no te preocupes; sin alterarte ni molestarte, vuelve otra vez a atender al ritmo de tu respiración. Toda tu atención ponla en observar la discontinuidad del ritmo respiratorio como si eso fuera lo único que existiera en el mundo. Continúa observándola y suéltate cada vez más... mucho más suelto. Eso es.
Que la paz sea contigo y que la pases bien.
Sobre el autor
Trabajo en el Centro para la Rehabilitación e Investigación de las Ataxias Hereditarias de la provincia de Holguín, en Cuba. Realizo las funciones de Especialista en Medios de...
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