Padre de mal carácter

Como un padre agresivo no sabe manejar situaciones rutinarias de la vida en familia y maltrata a sus hijos, hace sufrir a toda la familia. Comparto esta historia para mostrar cómo reacciones impulsivas pueden romper la convivencia y afectar la autoestima de los niños.

Evelyn Borbon
Evelyn Borbon

2 de octubre · 725 palabras

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Padre de mal carácter - Niños

El vínculo entre padres e hijos es importante y debe ser cultivado con cuidado para evitar su deterioro. Hay diversas razones que pueden causar esa situación, como un mandato muy riguroso, un carácter difícil de controlar, falta de conexión emocional, entre otras.

En este artículo, se relata una historia personal que ocurrió durante una salida de pesca entre un padre y su hijo. El padre había prometido llevarlo varias veces, pero siempre había algún impedimento.

En el día esperado, el hijo tenía problemas con su carrete de pesca y, en lugar de ayudarlo y guiarlo, el padre reaccionó agresivamente y con palabras groseras. Esto llevó a una gran discusión y el hijo tiró el carrete en un contenedor de basura.

Es importante ser empáticos con nuestros hijos y no olvidar que ellos también tienen sentimientos y necesidades. Los padres deben esforzarse por mantener una comunicación abierta y comprensión mutua, para cultivar una relación saludable y positiva con sus hijos.

Padres e hijos de pesca

¿Quiénes deterioran las relaciones? Padres o hijos

Las relaciones entre padres e hijos son de mucho cuidado porque se pueden deteriorar poco a poco, por varias razones como, por ejemplo, un mandato muy fuerte y estricto, por un mal carácter que no se aprende a controlar o porque los padres nunca se ponen en el lugar de sus hijos o piensan cómo era cuando ellos tenían la misma edad.

Les relato una historia de un sábado de tantos. Durante varios fines de semana el padre había estado prometiendo a su hijo llevarlo de pesca, pero si no era que estaba de viaje, o que estaba enfermo, o que la familia tenía otro compromiso, o que hacía mucho calor, siempre se posponía. Llegó el tan esperado día, el cual no fue tan agradable como la familia pensaría que sería.

Cualquiera pensaría que fue una desgracia menor la que ocurrió, pero no fue así; fue algo sencillo que en muchas otras familias se maneja con calma, pero en la mía no se sabe lidiar con los problemas rutinarios de la vida y de todo se hace una gran discusión.

El hijo mayor, de 11 años, había pedido a su padre meses antes, cuando fueron a comprar las cañas de pescar, un carrete un poco más caro que los demás porque se veía más moderno y él quería tener algo diferente a su hermana. Pues el carrete siempre se le enredaba al chico. Esta última vez no ocurrió lo contrario: el niño se alejaba del grupo de pesca porque trataba de desenredar el carrete; llegó el momento de irse y no tuvo otra opción que enseñarle a su padre el carrete hecho un gran nudo.

El padre lo trató súper mal, le dijo palabras muy groseras, le recordó que él no quería comprarle ese tipo de carrete, que se lo iba a pagar y que quedaría castigado durante un año sin ir a pescar, que ese carrete ya no servía para nada, aparte de que continuaba gritándole groserías. Le dijo: "Ve a botar toda esa basura" y el niño tomó toda la basura y con ella el carrete y lo tiró en el contenedor gigante de basura del parque. Cuando varios kilómetros después llegaron a comprar su almuerzo para llevar a casa, el padre le preguntó qué había hecho con el carrete y el niño le respondió que lo tiró a la basura como él le ordenó.

En ese momento el temperamento (el que no quiere tratar de contener) del padre se excedió nuevamente y volvió a maltratarlo física y psicológicamente; seguía insultándolo con un lenguaje soez y, además, le jaló el compete (jalón del pelo en la parte de la patilla donde más duele). En ese momento se devolvieron a recoger el carrete y lo obligó a meterse hasta el fondo del gran basurero a recogerlo. Llegaron a la casa con la comida ya fría y toda la familia bastante triste por toda la malcrianza y los gritos del padre. Tan esperado paseo se echó a perder.

Comentario de madre y esposa

Si el padre va de pesca con muchos amigos y un amigo le pide un carrete prestado y se lo devuelve hecho un nudo, ese padre no le dice nada al amigo; más bien lo disculpa y le dice que no se preocupe, que eso le puede suceder a cualquiera. Sin embargo, a su hijo, su ser más querido y con quien debe cultivar una buena relación, no le dice lo mismo: "No te preocupes, hijo mío, eso le ocurre hasta a los mejores pescadores".

Si el padre hubiera tenido un poquito de ganas de dominar su carácter (comprobado que se puede lograr), la familia habría tenido un gran paseo y el hijo no le iría guardando rencor, resentimiento o, lo peor, vería deteriorada su autoestima.

Soy una madre como muchas, con muchas alegrías y muchas tristezas, que quiere compartir con ustedes algunas de ellas. Somos mi esposo y yo, con una niña de 10 años y un niño de 11, que están creciendo en una familia disfuncional; poco a poco les iré contando nuestra problemática.

Por: Evelyn

Evelyn Borbon

Sobre el autor

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