Qué pequeñas tenemos las manos y lo poco que podemos abarcar

La sed de saber del ser humano es inagotable. Siempre lo ha sido desde que existe como tal nuestra especie, y es probablemente el principal motivo de su capacidad evolutiva para modificar el medio en el que vive. Y, como decíamos, con internet se ha acentuado.

Knilsson Brown
Knilsson Brown

29 de agosto · 384 palabras

Compartir: 𝕏 Twitter 📱 WhatsApp
Qué pequeñas tenemos las manos y lo poco que podemos abarcar - Actualidad

En la vida pasamos nuestro tiempo haciendo preguntas, desde que somos niños asaltamos con tanto interrogante a nuestros padres y a cualquiera que se nos acerque. Con la edad, es probable que disminuyamos nuestra verborrea y preguntemos menos, no por sabiduría adquirida, sino por vergüenza.

Cuesta cada vez más reconocer lo que desconocemos, y no somos conscientes de lo ignorantes que somos en comparación con lo que sabemos. Resulta abrumador el posible conocimiento a adquirir que ha aumentado a una velocidad de vértigo.

Para ponerlo en perspectiva, los pensadores del renacimiento no podían aprender tanto como lo que se puede aprender hoy.

La velocidad es una de las características principales de nuestro tiempo y la red de comunicaciones en general nos acerca más a los demás, pero nos aleja del saber absoluto de los sabios antiguos y nos muestra lo pequeñas que son nuestras manos y lo poco que podemos abarcar.

En resumen, la era digital nos proporciona acceso a todo el conocimiento actual posible, pero la cantidad de información nos muestra lo poco que sabemos.

Nos pasamos la vida haciendo preguntas. Desde pequeños acosamos a nuestras madres y padres de todas las dudas que nos asolan. Y no solo a ellos, a cualquiera que se nos acerque el tiempo suficiente como para que podamos desplegar todas nuestras dudas frente a él. Preguntas y respuestas que recorren nuestra infancia.

Mientras crecemos, a medida que lo hacemos, es probable que disminuyamos nuestra verborrea e insistamos menos en preguntar, más por vergüenza que por sabiduría adquirida. Y es que con la edad nos cuesta cada vez más reconocer todo lo que desconocemos.

A nada que nos paremos a pensar un poco descubriremos lo ignorante que somos, que lo que desconocemos supera de manera abrumadora a todo lo que sabemos.

Aquellos sabios del renacimiento, como Leonardo da Vinci, que eran capaces de instruirse en todas las artes posibles hace tiempo que desaparecieron. Y no porque la raza humana haya perdido o disminuido su capacidad para aprender, sino más bien porque el posible conocimiento a adquirir ha aumentado de manera exponencial a una velocidad de vértigo.

Lo que se puede llegar a aprender ahora es mucho más de lo que podían hacer los pensadores del renacimiento o del posterior siglo XVIII, el llamado siglo de las luces. Solo por poner dos ejemplos de épocas paradigmáticas de la cultura.

La velocidad es una de las características principales de nuestro tiempo. Ya lo vio con su ojo clínico Ortega y Gasset en su obra La rebelión de las masas. Y eso que casi todo estaba todavía por llegar. Si viviese ahora el filósofo español se sorprendería de lo atinado que estuvo con lo poco que sabía.

El transporte, internet… Toda la red de comunicaciones en general consigue que estemos más cerca los unos de los otros, que el acceso a todo sea más sencillo y rápido. Sin embargo, al dejarnos al alcance de la mano todo el conocimiento actual posible, nos aleja de ese saber absoluto de los sabios antiguos. Nos enseña lo pequeña que tenemos las manos y lo poco que podemos abarcar.

preguntas y respuestas

Knilsson Brown

Sobre el autor

Knilsson Brown

61 artículos · 58.591 lecturas

Comparte tu conocimiento con el mundo.

Publicar un artículo →