El arte del engaño y el poder

En el artículo “El arte del engaño y el poder” se describe de forma sutil cómo el pueblo es sometido a constantes engaños por quienes buscan acceder o mantenerse en el poder. Se analizan los instrumentos del engaño y la importancia de la apariencia y la reputación en esas maniobras.

Cicely Sanchez
Cicely Sanchez

29 de agosto · 1040 palabras

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El arte del engaño y el poder - Política

El artículo aborda el tema del "arte del engaño" en la política y en otras áreas de la sociedad, como las empresas, los negocios, las organizaciones sociales y las relaciones interpersonales.

Se explica que este conjunto de actos para inducir a otros a creer y tener por cierto lo que no lo es, como medio para obtener poder, utiliza herramientas como la seducción, la persuasión, la adulación, la amabilidad, la generosidad y la diplomacia.

A menudo, no se perciben estas maniobras hasta que se han consumado los hechos y los que las practican son buenos actores y hipócritas. La efectividad del engaño se debe a la aplicación de herramientas que a simple vista no son malas, como los halagos y los reconocimientos.

En última instancia, se señala que la verdad solo se puede probar observando sus frutos cuando quienes la sostienen están en el poder o han terminado su mandato y que lo único que queda es confiar en la reputación y prestigio del candidato.

En conclusión, se trata de una reflexión sobre una práctica común en la sociedad, pero no necesariamente ética en la búsqueda del poder.

El arte del engaño y el poder

Mariano Portillo

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"...El pueblo vota por lo que cree que es la verdad. Pero la mentira parece igualmente verdad. La única forma para probar la verdad es observando sus frutos y estos se dan cuando ya están en el poder o bien ya han terminado el periodo para el cual fueron electos, para esa fecha ya es muy tarde. Lo único que queda, es confiar en la reputación -que es el reflejo del prestigio- del candidato…" M. Portillo. Artículo: Entre los Lideres y el Sistema.

“…a pesar de las amenazas y coacciones (…) «el amor verdadero se desarrolla en condiciones de completa libertad»; esa libertad que solo es posible en nuestra mente, en esta realidad.” M. Portillo. Artículo: Líderes Valientes que Interpretaron y Representaron al Pueblo.

El “arte del engaño”, conjunto de actos para inducir a otros a creer y tener por cierto lo que no lo es como medio para obtener poder, tiene como instrumentos la seducción, la persuasión, la adulación, la amabilidad, la generosidad, la diplomacia y la apariencia. ¿Quién podría decir que estas acciones, agradables para las personas, se utilicen también para engañar? En muchos casos no nos percatamos de las maniobras hasta que se han consumado los hechos. Desde luego, quienes las practican son buenos actores, o mejor dicho, buenos hipócritas.

Su práctica es tan común en la política, los gobiernos, las empresas, los negocios, las organizaciones sociales, las escuelas, las familias, las relaciones interpersonales, las iglesias, los juegos, las contiendas, entre otras.

Su eficacia se debe a la aplicación de instrumentos que a simple vista no son malos; hasta se pueden considerar milagrosos para recibir halagos y reconocimientos, como los siguientes: “qué agradable es”, “qué bonito pide las cosas”, “qué bueno es”, “qué cortés es”, “qué elegante es”, “qué bien habla”.

No es extraño que la “mentira”, decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa, por ser un antivalor, sea rechazada por las personas sin meditar, por lo que tiene que manifestarse en formas indirectas, por lo que se le puede reconocer como el “arte de lo sutil”. Las formas directas de la mentira están descalificadas por la sociedad. Las formas indirectas la sociedad las puede ver bien, porque la mentira parece verdad a simple vista.

La sociedad acepta a las personas educadas y sin manchas, las que se manifiestan en su prestigio, y deja en segundo lugar las intenciones; esta última debería ser considerada la más importante. Si se diera el caso de ser descubiertos con la mentira, basta con tener preparado, como contingente, chivos expiatorios. La meta es salvar a toda costa la reputación, manteniendo la apariencia inmaculada, porque si la pierden han perdido todo aquello que les garantiza mantener la puerta abierta para poder realizar los engaños. Por eso no dudarán en echarle la culpa a cualquiera que esté a su alcance.

Cuántas veces se han visto y se han escuchado a candidatos en las contiendas electorales diciendo lo que la gente quiere escuchar, un discurso para cada uno; ofreciendo lo que se les ocurre y comprometiéndose en todo lo que se les pide; vistiéndose como uno de ellos para aparentar que pertenecen a las grandes mayorías; acercándose a la gente, dejándose tocar, escuchando y siendo muy receptivos de lo que dicen o piden; compartiendo un platillo, un abrazo y un beso, mejor si son niños y adultos mayores. Acompañados de cámaras que registran cada detalle, para después editarlos de acuerdo a sus intereses y finalmente transmitirlos por los medios de comunicación social. Si viéramos todas las actuaciones, podríamos decir que son buenos actores; esto sucede en la política criolla y desde luego no es exclusivo de nuestro país.

El engaño por lo general va acompañado de medias verdades, que es lo mismo que decir medias mentiras, con el fin de hacerlo más creíble. Los actores se caracterizan por ser sutiles, delicados, atentos, ingeniosos y perspicaces. Estos no se manifiestan de una manera directa, torpe, tosca, descortés, desatenta y desconsiderada.

“…amadores de sí mismos; avaros, vanagloriosos, soberbios, desobedientes (a la ley), (…) ingratos, (…), sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites (…) apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella, a éstos evita.” (2 Timoteo 3:1 – 5)

En contraposición, a los legítimos líderes se les pueden describir por los frutos que producen: “… amor, gozo (alegría), paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza (dominio propio)…” (Gálatas 5:22 – 23)

Como se podrá dar cuenta, este artículo también se podría llamar “Entre los principios morales de la Biblia y las 48 Leyes del Poder de Robert Greene”.

Si el deseo no solo es conocer y entender cómo funciona el arte del engaño, sino también cuáles son las medidas para evitarlo o bien neutralizarlo, se recomienda para empezar “Las 48 Leyes del Poder” de Robert Greene (en él descubrirás las formas probables del engaño, y si llegaras a practicarlas te encontrarás al margen de la moral y posiblemente de la ley). Y la Biblia, con ella conocerás a fondo el espíritu de la palabra amor, que se encuentra en oposición irreconciliable con el engaño. Ahora, si el deseo es convertirte en un experto engañador, ignora el segundo, porque terminará desalentándote.

Un candidato debiera hacer suya la siguiente reflexión: a las personas “no se les debe ofrecer o dar lo que se merecen, sino lo que necesitan”. Los pobres, por el simple hecho de ser pobres, “lo que se merecen” es la muerte (podría pensar más de uno), por no haber prevenido su situación con anticipación, en un medio donde pueden comer solo los que producen y satisfacer sus necesidades solo si son eficientes para competir en el mercado. En contraposición, “lo que necesitan” son comida y oportunidades, las que se debiera ofrecer o dar como una muestra de solidaridad, producto de nuestro amor al prójimo, basado en las enseñanzas de la Divina Providencia, suprema sabiduría de Dios.

Licda. Cicely Sanchez, máster en criminología y criminalística

Cicely Sanchez

Sobre el autor

Cicely Sanchez

Me dedico a la Investigacion Criminal, a dar capacitaciones y realizar Proyectos en Seguridad Publica, Prevencion del Delito e Investigacion Criminal

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