Peligros de la democracia

Muchas personas creen firmemente que al alcanzar la democracia un pueblo está en vías de progreso. Nada más lejos de la realidad. Las tendencias democráticas son propias de nuestra época, pero como garantía de mejoría están muy lejos de ser tal cosa.

Adán J. Loredo
Adán J. Loredo

31 de marzo · 612 palabras

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Peligros de la democracia - Política

El artículo aborda la idea de que la democracia puede convertirse en el peor enemigo de los países con mayor población de personas ignorantes, ya que en una sociedad democrática, las elecciones son decididas por el pueblo ignorante.

El autor argumenta que los candidatos a menudo mienten durante las campañas, y que hay mentiras que solo los idiotas creen. Estas mentiras son las que llevan al poder a los personajes más ignorantes, ambiciosos, corruptos y criminales que venden su patria por unos cuantos pesos.

El autor afirma que nadie va a cuestionar si está capacitado para un puesto público bien remunerado, y que solo podemos esperar que el pueblo sufra el gran cambio.

El artículo concluye diciendo que las personas que no tienen idea de las diferencias entre los candidatos deberían quedarse en casa durante las elecciones, para evitar que la democracia elija a líderes ineptos e ignorantes.

En resumen, el autor sostiene que la democracia no puede garantizar mejores resultados si el pueblo vota sin conocimiento, ya que la ignorancia puede ser el mayor obstáculo para el progreso en una sociedad democrática.

Cualquiera comprende, o se da la idea, de que la democracia lo hace todo más lento. Por ejemplo, lo que un monarca absolutista de hace siglos resolvía diciendo “hágase” y poniendo su real firma en un papel, ahora tiene que pasar por innumerables trámites y, llegado al final, la idea se ha desvirtuado y convertido en un licuado de la forma de pensar de muchos.

Eso, por ninguna razón, es bueno, y termina pagando las consecuencias el pueblo; pero si este fue quien, en su ejercicio de la democracia, eligió a quienes le amargan la vida, entonces está cosechando lo que de forma negligente sembró.

Porque, por crudo que sea, la democracia puede llegar a convertirse en el peor enemigo de los países poblados mayoritariamente por ignorantes. Y la realidad no permite que yo esté equivocado por mucho. En una campaña todos los candidatos, mucho o demasiado, mienten. Sea para presidente del país o del más miserable municipio.

Pero hay mentiras que solo los idiotas creen. Y, porque sobra quien lo haga, llegan al poder los personajes más ignorantes, ambiciosos, corruptos y criminales que por unos pesos venden a su patria y, por otros, a su madre.

Y es que hay realidades que no podemos esperar que cambien: nadie, jamás, que tenga la oportunidad de acceder a un puesto público donde el sueldo sea extraordinario y lo acompañe un fuero, se va a preguntar si está capacitado para desempeñarlo. Eso no lo haría ni un hombre decente, y mucho menos un vividor que lo ha buscado toda su vida. Así que lo único que podemos esperar es que el pueblo sea quien sufra el gran cambio. Porque cada vez que vota por esas ratas de alcantarilla metidas en traje de personas decentes, le está clavando una puñalada a su país.

Hay cosas que nadie dice porque pueden sonar crueles, pero sería bueno que quien no tiene la más remota idea de cuál es la diferencia entre lo que ofrecen los diferentes candidatos, el día domingo que toque ir a votar mejor se quede a dormir hasta tarde.

Así no se hablaría de una arbitraria ley que elige a quienes pueden votar y quienes no, sino de una decisión sensata por parte de ciudadanos que aceptan que su voto puede ser perjudicial. Claro que esto es utópico, porque los más idiotas son los que siempre se forman primero, y las personas que han entendido la porquería que caracteriza a las campañas se contagian de apatía y, esas sí, se quedan a dormir hasta tarde.

No les remuerde la conciencia el no ir a votar, por varias razones: primero, porque saben que son minoría y de muy poco o nada serviría su voto; también pasa que de todos los candidatos no han encontrado uno digno, lo cual es muy común. Y porque esas cosas las sabe casi todo el mundo: los más imbéciles y corruptos saben que tienen la posibilidad de llegar a los puestos más altos, solo es necesario carecer completamente de escrúpulos.

Existen, por desgracia, países a los que de muy poco o nada les sirve tener elecciones libres. Y cuando todos los servidores públicos son llevados al poder por la vía del voto, eso no significará que las cosas buenas están por venir; muy por el contrario, pueden llegar muchas cosas muy malas. La democracia nunca servirá para absolutamente nada mientras el pueblo no sepa qué es exactamente lo que conviene.

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