¿Y quién nos salvará de la burocracia?

Nadie, desgraciadamente: es el alma del Estado y la tiene muy pegada al cuerpo. Contra los burócratas no funcionan los intentos de reforma, la razón ni los argumentos sólidos; dándoles lo que quieren se les padece mucho, pero no haciéndolo se les padece más.

Adán J. Loredo
Adán J. Loredo

22 de abril · 450 palabras

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¿Y quién nos salvará de la burocracia? - Política

El exceso de empleados en las oficinas públicas no es necesario y suele deberse a favores políticos o beneficios a familiares y amigos. Muchas veces, estos trabajadores se acomodan en su puesto, sin tener nada que hacer y manteniendo su sueldo asegurado.

Como consecuencia, las jornadas laborales suelen ser cortas y poco productivas, lo que afecta negativamente la economía del país. La izquierda es criticada por pretender aumentar el número de burócratas, lo que en realidad podría llevar a la ruina.

A diferencia de las abejas zánganos, los burócratas no tienen una función importante, y su trabajo se limita a pretextos para justificar su presencia.

Para mejorar la productividad en las oficinas públicas, se necesitan sustituir a los trabajadores inútiles por aquellos que realmente trabajan y producen. Para esto, es necesario que el Estado tome medidas al respecto.

La mayoría de los puestos en las oficinas públicas no son necesarios, pero fueron creados para pagar favores, para mantener contento a alguien o para beneficiar a familiares o amigos de los mismos funcionarios. Allí, para que exista un puesto vacante, no se necesita más que el que lo va a ocupar. Que llegue y se ponga cómodo; ya durante la semana algo que hacer saldrá; si no, que no se preocupe, el sueldo lo tiene asegurado.

Con el paso de un breve periodo de tiempo, ya habrá aprendido a fingir que trabaja y estará profundamente enamorado del puesto. Se creerá dueño de él tanto como los reyes de la corona con aquello del Derecho Divino. El día que le digan que ya no es necesaria su presencia, ladrará como si se fuera a cometer un genocidio. Todos sus compañeros lo apoyarán porque permitir que corran a uno de ellos es dejar que se le abra una grieta a la estructura que los sostiene a todos.

Y así transcurren los días en las oficinas públicas, con empleados innecesarios que, por supuesto, rara vez tienen algo que hacer, viéndose unos a otros y esperando la hora de salida, que comúnmente es muchísimo más temprano que la de quienes tienen que hacer algo productivo para sobrevivir.

Una de las cosas por las que es aborrecible la izquierda es porque pretende aumentar el número de burócratas tanto que terminaría matándonos de hambre. Algunas personas, las de izquierda sobre todo, se empeñan en ser más tontas que los animales, porque por alguna razón las colmenas tienen una reducidísima cantidad de zánganos y las abejas obreras no se tientan el corazón para expulsarlos cuando sirven menos de lo que estorban.

Por encima de todo hay que reconocer que los zánganos -los de las colmenas- tienen una función, que aunque sea bastante cómoda no se puede prescindir de ella. Desgraciadamente no se puede decir lo mismo de los burócratas, porque para colmo el día que los ponen a trabajar sobrarán pretextos de los cuales valerse para no hacer nada.

La única forma de que los burócratas vayan siendo sustituidos por personas que sí trabajan, es que el Estado ceda en todo lo que es posible a la iniciativa privada, y se concentre en lo que sí nos interesa a todos: darnos seguridad.

La mejor forma de que un ciudadano responsable y preparado se transforme en un parásito inservible, es que el gobierno le dé trabajo.

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