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El periodista cavitado

Nuestro periodista decrépito y en fase decadente se dispone a participar en la aventura de las nuevas tecnologías de la belleza, la cavitación. Lo hace movido por la curiosidad y la esperanza de recuperar parte de su antiguo atractivo.

Miguel Ruiz
Miguel Ruiz

24 de abril · 538 palabras

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El periodista cavitado - Estética

Este artículo narra la historia de un periodista de 43 años con una prominente barriga debido a sus años de sedentarismo y estrés laboral. En su juventud, era atractivo y tenía un cuerpo disciplinado, pero nunca logró alcanzar su máximo potencial deportivo.

Ahora su personalidad ganadora no tolera verse apático y sin capacidad seductora. Un día, descubrió la cavitación, un tratamiento no quirúrgico que se anuncia como una alternativa a la liposucción.

Aunque tenía miedo a cualquier procedimiento médico, decidió investigar más y encontró al centro Laser Natura en Chueca. Después de algunas sesiones, el periodista notó una disminución en su cintura y un aumento en su autoestima.

A pesar de que existen algunas controversias en torno a estos tratamientos, el autor destaca su valor en cuanto a mejorar la imagen corporal y, por lo tanto, la calidad de vida de las personas.

Soy periodista, tengo 43 años y una prominente barriga fruto de mis años de sedentarismo, gin tonics utilizados a modo de Lexatín para combatir el estrés de ese artículo en el último minuto y horas delante de un ordenador buscando una luz inspiradora.

En mis años universitarios y a los treinta y pocos era guapo, atractivo; mi cuerpo conservaba aún ciertas huellas de una disciplina que buscó ser un Michael Jordan, un Maradona... pero que se quedó en semifinalista provincial. Esto, junto con mi facilidad de palabra, de escritura y una creatividad digna de la mayor cruda realidad, me convertían en un conquistador y en un campeón en las mayores salas de exhibición nocturna de la capital.

Mi insoportable carácter ganador no aguanta verme decrépito, sin capacidad productora de feromonas en el sexo opuesto, sedentario, apático... Pero una madrugada, atrapado en mi insomnio y tras uno de esos increíbles anuncios del Chef Tony, vi un reportaje sobre algo que llamaban cavitación, algo que identificaba con la ingeniería naval, pero que asociaban a la liposucción sin cirugía.

Mi temor a una simple extracción dental me había impedido siquiera barajar la posibilidad de una succión adiposa; así que me interesó: ¿quizás fuera el primer paso para volver a ser un aspirante a Adonis? Rápidamente inserté en Google el centro que mostraba el reportaje, Laser Natura Chueca, y aparecieron amplias dosis de información sobre reducción del perímetro. Leí, pensé y me quedé dormido.

Días después caminaba por Gran Vía cuando, tras observar mi lamentable protuberancia abdominal y autofustigarme, decidí conocer, conocer más. Me fui adentrando en el barrio de Chueca y mi complejo de decadencia fue aumentando al ver cuerpos de Photoshop, carentes de lípidos, que lucían altivos escotes bronceados y con folículos adiposos destruidos en sus camisas.

Entré en el recinto de aquel centro; parecía un continuo peregrinar de visitantes ávidos de milagros lourdianos como el mío. Llegó mi turno y me encontré voces acogedoras, cálidas y solventes en la materia, que me detallaron el guión de un nuevo invento de la ciencia que permite fortalecer tu ego. Tumbado en una camilla y enseñando mis convexidades, me aconsejaron tratarlas por mi bienestar psicológico y físico.

Así que allá fui a cavitarme, semana tras semana con disciplina prusiana; ayudado por la simpatía del personal, se me hizo corto y relajante. Pero, ¿y los resultados? Afortunadamente, los que yo esperaba, gracias a que ya me advirtieron que no saldría siendo Brad Pitt. Perdí 5 cm en 8 sesiones, me notaba menos inflado, con una talla menos de pantalón; mejor, mi yo se había fortalecido...

La semana pasada fui a una conocida discoteca y me sentí con capacidad, con potencial de nuevo; no es que a mi edad y estado lo vaya a utilizar. Tengo que continuar, seguir fortaleciéndome. Cada semana vibraré en una de esas plataformas que anuncian después de mi amigo, el de los cuchillos mágicos, y volveré a que me coloquen uno de esos trajes espaciales que se inflan y te desinflan, contemplando sonrisas mágicas.

Apolo, el periodista cavitado

Miguel Ruiz

Sobre el autor

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