La paz es la razón que debe prevalecer. diálogo y negociación son la solución
La humanidad, a lo largo de la historia, ha sido testigo de cómo familias, sociedades, pueblos y naciones han colapsado por no hallar la fórmula que renueve la alianza entre las personas. Esa falta de acuerdo ha impedido que se adopten soluciones que beneficien a la sociedad y a las naciones.
10 de junio · 1817 palabras
El artículo describe un escenario de conflicto armado entre la clase gobernante y la clase oprimida de un pequeño territorio que buscaba establecer un régimen de justicia social.
Ante la represión armada de la clase en el poder, el pueblo se organiza y recurre a la lucha armada para buscar soluciones a su situación de opresión.
Sin embargo, la financiación externa y el manejo armamentista de los grupos insurrectos, así como el golpe de estado realizado por un sector de militares, no logran resolver el conflicto sino que lo empeoran.
La pobreza, la miseria y la ruina se instalan en el territorio, lo que lleva a la población a huir y perder sus hogares y cosechas. El artículo muestra cómo la violencia no es la solución a los conflictos, sino que resulta en consecuencias nefastas para la población.
En este sentido, se puede concluir que es necesario buscar soluciones pacíficas y sostenibles a los conflictos para evitar el sufrimiento de las personas.
¿Cuáles son las palabras mágicas que pueden permitir a las personas encontrar la solución a los conflictos que les son comunes? La respuesta la encontraremos a medida que desarrollemos la presente temática.
Érase un pequeño territorio, casi del mapa borrado, que con el afán de establecer un régimen en el que prevaleciera la justicia social se ve sumergido en una lucha cruel y despiadada entre la clase gobernante y sus grupos de poder, contra la clase oprimida, constituida por el pueblo en general.
El pueblo rápidamente se ve masificado, pues el dolor y la miseria son tan grandes que es posible creer en cualquier ofrecimiento. Sus gritos, pidiendo el fin de la opresión, de la miseria y la injusticia, se oyen por doquier; pero no son escuchados por aquellos que ostentan el poder, quienes, para callar la voz del pueblo, emplean la represión armada, que en muchos casos llevó a verdaderas masacres. Campesinos, obreros, estudiantes y profesionales caen bajo las balas de los militares.
Ante lo anterior, un sector del pueblo se organiza. La clase en el poder continúa la explotación y la represión armada; realizando cambios superficiales que agudizan el descontento popular; se introducen reformas en lo agrario y educativo, pero el clamor de los débiles no se interrumpe.
En ese ambiente, gobiernos y organismos internacionales financian a los grupos insurrectos, orientan sobre el manejo armamentista, incluso a niños de escasa edad, y proporcionan equipo bélico; ello, con la idea de que la lucha armada es la solución.
Un grupo de militares ve la solución en el golpe de Estado, pero los insurrectos no confiaron en la acción realizada por aquellos, y agudizan los ataques bélicos contra la empresa privada e instituciones estatales, destruyendo así la infraestructura y la ya precaria economía.
La pobreza, la miseria y la ruina se enquistan; hombres, mujeres y niños mueren; otros huyen de sus lugares con el fin de preservar su más preciado tesoro: la vida. No les importa dejar sus viviendas, sus cosechas de cereales, entre otros; pues existe una presión por parte de los grupos insurrectos, quienes dicen defender los intereses del pueblo explotado y oprimido; por otro lado, los grupos de militares y paramilitares, defendiendo los intereses de la clase gobernante y de los grupos de poder, quienes a su vez también, al igual que los primeros, presionan; por lo que no queda otra salida sino huir en busca de nuevos horizontes. Ambos grupos totalmente ideologizados, dejando al pueblo como el centro de sus ataques.
Ante la irracional lucha, surgen personas altruistas que proponen a las partes renunciar a la violencia, haciéndoles un llamado a la reconciliación y al diálogo. Nadie acepta, pues el capricho y la soberbia son más fuertes que la miseria y la muerte. Cada grupo cree poder vencer mediante el terror y el uso de las armas.
Dos grandes ofensivas (1981 y 1989) son lanzadas por los insurgentes. Los gobernantes, a su vez, haciendo uso de la represión armada, continúan masacrando al sufrido pueblo; asimismo asesinan a todos aquellos que propugnan por la clase explotada, así es como le dan muerte a grupos de religiosos y representantes de la Iglesia. Ambos bandos dejan a su paso una estela de mutilación, destrucción y muerte.
La orfandad, el llanto y la miseria se apoderan de los niños, quienes resultan ser los más vulnerables; pues niños y niñas juegan con artefactos explosivos, muriendo y, en el mejor de los casos, quedando mutilados e imposibilitados física y mentalmente. Mientras tanto, muchas personas depositan su fe en el Supremo Creador, realizando campañas de oración, pidiendo que acabe el rugir del cañón y la ametralladora.
Ante la presión de los organismos internacionales que velan por el respeto a los derechos humanos, las partes deciden dialogar. Y un día que quedará en los anaqueles de la historia de ese pueblo, haciendo uso del único método civilizado que existe para resolver los conflictos, como lo es el diálogo, le ponen fin a una lucha que acabó con la vida de más de setenta mil personas, que dejó mutiladas física y psicológicamente a muchas otras; y que, en términos de reconstrucción, costó unos veintiún mil millones de colones.
Esa es una parte de la historia de El Salvador; nación que hoy a los cuatro vientos grita que no quiere jamás volver a vivir esa triste y dolorosa tragedia.
Sí, la solución es el diálogo, entendido éste como la comunicación franca y sincera; realizada no con el objeto de hacer prevalecer una posición ideológica, un interés egoísta y mezquino, sino con el fin de ponerse de acuerdo; cediendo u otorgando en beneficio de las mayorías y en aras de encontrar la tan anhelada paz social. El sabio escritor bíblico Salomón dijo: “Resultan frustrados los planes donde no hay habla confidencial.” ¡Cuán ciertas dichas palabras! Pues, cuánta frustración han tenido que vivir los pueblos del mundo por no poner en práctica el consejo dado hace miles de años.
Es necesario hacer un viaje retrospectivo a la historia de la humanidad; son millones de personas que han muerto en innumerables y sangrientas batallas, haciendo correr la sangre de inocentes como las aguas de un río; todo por causa del odio de clases y el deseo de acumular riquezas y poder a costa del don más preciado: la vida humana.
Es imprescindible evaluar las fórmulas que los pueblos y sus gobernantes han usado en la búsqueda de las soluciones que permitan renovar la alianza entre los hombres, mujeres y niños; para no continuar extraviados practicando ideologías que no son concordantes con la realidad que viven los pueblos y que han conducido al odio de clases y a la rivalidad entre naciones.
La juventud deberá buscar en el pasado muchas de las respuestas que les permitan orientarse y conducir los designios de las naciones hacia la paz mundial, evitando cometer los errores de antaño.
Por ello, es tiempo de que los gobernantes, los que ostentan el poder económico, los políticos, adultos todos, integremos esfuerzos para crear en los jóvenes conciencia de especie, que evite el aniquilamiento de la raza humana.
No se trata de buscar quién tiene la razón; pues cada cual la tendrá desde la óptica que vea el mundo; la razón que debe prevalecer es la que concierne a la armonía, la convivencia social y, por ende, a la paz entre las civilizaciones del mundo.
No existe ningún motivo válido que permita descartar el diálogo como el medio que las personas tienen para resolver sus problemas; se debe practicar la tolerancia y evitar la confrontación ideológica, que conduce a la polarización de la sociedad. Los políticos deben aceptar que ante sus intereses egoístas y mezquinos se anteponen los de todo un pueblo. Es necesario comprender que somos parte de un todo y que la inestabilidad social, política y económica de un país repercute en el concierto mundial de naciones.
La historia del pueblo salvadoreño constituye un llamado a las nuevas generaciones y a los pueblos del mundo para que jamás se haga uso de la violencia como un medio para alcanzar, aun aquellas que constituyen las más nobles aspiraciones del ser humano, como lo son vivir en condiciones de justicia, dignidad y libertad; pues estas aspiraciones le corresponden por su propia naturaleza y no están supeditadas a ninguna disposición humana que las niegue.
Órgano Ejecutivo: “Venceremos juntos”
Se debe dejar la mala costumbre de culpar a otros, y juntos hacer el esfuerzo por construir una mejor sociedad. Servicios básicos como agua y luz pronto no podrán ser pagados por los usuarios; el subsidio al gas propano será focalizado; en fin, la situación económica es deprimente. Aunado a lo anterior, el actual presidente de la República (Sr. Mauricio Funes) sigue justificando la problemática nacional en los gobiernos que le antecedieron (discurso pronunciado ante la ONU, sept. 2010); cuando lo que se debe hacer es buscar soluciones.
Eso de «venceremos juntos» (es una expresión que incita a la guerra); lejos de animar la convivencia, solo es un recurso falaz y con fines de propaganda electoral, especialmente para atraer a los que aún siguen repitiendo la frase caduca que dice: “patria, comunismo o muerte”. Ese no es el discurso que un presidente de la República debe utilizar al dirigirse a la nación.
Guerra entre Órganos de Estado
El Salvador vive momentos difíciles que ponen en riesgo nuestro sistema. Es momento de unirnos y evitar que los órganos de Estado nos lleven a un caos jurídico; suficiente tiene ya el pueblo como para seguir soportando el show que los políticos protagonizan; todo con el objetivo de distraer la atención de los grandes problemas de nación, como son el hambre, la pobreza, el desempleo, la falta de oportunidades, la delincuencia común y organizada, el alto costo de la vida; en fin. La norma es creada por los humanos y no debe, en ningún momento, ir contra la razón; pues no se justifica que una Sala de lo Constitucional esté emitiendo fallos de inconstitucionalidad que versan sobre leyes que fueron promulgadas hace siete o más años; ello afecta la seguridad jurídica en el país. ¿Cuáles son las intenciones que se esconden tras esa lucha de poder? Los magistrados de la Honorable Corte Suprema de Justicia no deben defender intereses de un partido político, como tampoco obedecer presiones de ningún organismo internacional.
División de poderes
El gobierno es uno; la división de poderes es garantía del republicanismo democrático; pero cuando los intereses de la nación están en juego, los órganos de Estado deben coadyuvar entre sí (Constitución 1983. Artículo 86.- El poder público emana del pueblo. Los órganos del Gobierno lo ejercerán independientemente dentro de las respectivas atribuciones y competencias que establecen esta Constitución y las leyes. Las atribuciones de los órganos del Gobierno son indelegables, pero éstos colaborarán entre sí en el ejercicio de las funciones públicas).
Sí al diálogo entre partidos políticos y órganos de Estado; pero un diálogo franco y sincero, nunca mezquino. La paz y la armonía social deben prevalecer.
La humanidad ha vivido en guerra, por tanto hoy es tiempo para que se cambie la visión que se ha de tener. Debe ideologizarse la visión de paz, para que todos nos comportemos fraternalmente los unos para con los otros. Ya es tiempo para practicar las palabras del humilde carpintero de Galilea, cuando dijo: “Amaos los unos a los otros.”
Sólo así será una realidad para la familia, la sociedad, los pueblos y naciones del mundo las bellas palabras expresadas por un profeta de la antigüedad y que han sido utilizadas como lema por la Organización de las Naciones Unidas; las cuales se transcriben a continuación:
“...Y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra.”
Por Lic. Jaime Noé Villalta Umaña
Prof. y Abg.
Sobre el autor
Dios, familia y trabajo. Vivir con responsabilidad y honradez es mi lema. Me gradué como Profesor y posteriormente como Licenciado en Ciencias Jurídicas, autorizándome como...
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