Hablando con el cuerpo
Hoy te hablaré sobre la inteligencia de nuestro cuerpo. Algo esencial que hay que entender es que el cuerpo es más inteligente que la mente. Él siempre está dispuesto a hablarte y a ser escuchado, pero en realidad casi nunca te comunicas con él.
8 de junio · 642 palabras
El cuerpo es más inteligente que la mente y siempre está dispuesto a ser escuchado, pero a menudo subestimamos su capacidad de comunicación y le damos más atención a los pensamientos de la mente.
Las funciones vitales, como la respiración, la circulación sanguínea y la digestión, son controladas por el cuerpo y no por la mente. Muchas veces, ignoramos las señales que nos da el cuerpo y ponemos en riesgo nuestra salud.
Es importante recuperar la conexión con el cuerpo y escuchar sus necesidades. En lugar de luchar contra él, debemos aprender a cuidarlo y nutrirlo. El cuerpo tiene una gran capacidad autoregenerativa, pero debemos darle las condiciones necesarias para que funcione correctamente.
En definitiva, hablando con el cuerpo podemos mejorar nuestra salud y bienestar, dándole la importancia que merece y aprendiendo a cuidarlo como se merece. Debemos recordar que el cuerpo es un regalo del universo y es nuestra responsabilidad cuidar de él para tener una vida plena y saludable.
Hablando con el cuerpo
Autor: MSc. Rafael Bestard Bizet
Psicoterapeuta y profesor de Psicología.
Hoy te hablaré sobre la inteligencia de nuestro cuerpo. Algo esencial que hay que entender es que el cuerpo es más inteligente que la mente. Él siempre está dispuesto a hablarte y a ser escuchado, pero en realidad casi nunca te comunicas con él, aunque es él quien posee la patente de antigüedad, pues cuando naciste ya lo tenías, mientras que la mente todavía no había aparecido. Por eso las cosas más importantes, como el respirar, el latido del corazón, la circulación de la sangre o la digestión de la comida, no se han dejado al cuidado de la mente; de lo contrario hubieras tenido problemas mucho antes. Con tantas preocupaciones y sufrimientos que tiene la mente, te hubieras olvidado de realizar algunas de estas funciones básicas de la vida.
Pregúntate: ¿Cuántas veces el cuerpo ha estado cansado de veras, con ganas de acostarse en una cama, pero tu mente ha dicho: “¡Qué va, hay que cocinar, hay que fregar, hay que hacer esto o aquello!”? ¿Cuántas veces el cuerpo no ha tenido deseo alguno de comer pero la mente ha dicho: “está buenísimo, delicioso, un poco más”? ¿Cuántas veces has llevado una buena racha de trasnochar, o de beber o fumar en demasía y el pobre cuerpo te ha estado avisando que no continúes, que se siente mal, pero la mente ha dicho: “total, si de algo nos tenemos que morir, así que a disfrutar”?
Desafortunadamente, casi toda tu energía y atención, de manera constante, se la das a la mente y a los pensamientos y, tras años de desatender al cuerpo, de subestimar su inteligencia y sus oportunos avisos, éste se va deteriorando, envejeciendo, consumiéndose. Y un buen día debutas con una enfermedad cualquiera porque te has divorciado de él.
Por favor, a partir de ahora, habla con tu cuerpo. No hace falta luchar con él. No necesitas tener ningún problema con él. El cuerpo es un regalo del universo. Existimos dentro de él y es nuestra responsabilidad cuidar de esta casa alquilada. Él tiene la capacidad de autocurarse y autorenovarse. Por eso, deja que en tu vida el sentir al cuerpo sea la norma que te guíe.
Te voy a poner un ejemplo de lo que significa sentir al cuerpo. Si yo te aprieto la mano y te pregunto: ¿qué estás sintiendo?, y tú me respondes que “un apretón de manos”, en realidad no estás sintiendo, lo que estás es racionalizando la sensación. La verdad es que lo que estás sintiendo en ese apretón de manos es presión.
Por eso te voy a brindar un ejercicio para que comiences a sentir al cuerpo. Y en los próximos artículos te brindaré otros ejercicios para que puedas acceder a la autocuración.
Sin importar la posición en que te encuentres, por favor, cierra los ojos y comienza a sentir todas las señales que te está enviando tu cuerpo en estos momentos. Fíjate que te digo “sentir”. Por lo tanto, no racionalices ni visualices nada, solo déjate llevar y siente profundamente el contacto de la ropa con tu piel, el aire que roza tu cara y entra y sale por la nariz, la temperatura del ambiente en tu piel, el contacto de tus pies con el suelo, la posición espacial que ocupa tu cuerpo. No emitas opinión alguna ni conceptualices nada, solo siente. Conviértete en un solo órgano sensitivo para apreciar todas esas impresiones que están sucediéndote. Quédate en ese placentero efecto que produce el concebir que estás plenamente vivo a través del cuerpo. Que la pases bien y que la paz sea contigo.
Sobre el autor
Trabajo en el Centro para la Rehabilitación e Investigación de las Ataxias Hereditarias de la provincia de Holguín, en Cuba. Realizo las funciones de Especialista en Medios de...
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