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Qué esperar cuando el cabello vuelve a salir tras la quimioterapia

Después de la última sesión muchas pensamos que en pocas semanas todo volverá a su sitio, y la verdad es que el pelo lleva su propio ritmo. Cuando empieza a salir puede venir distinto, más fino, más rizado o con canas, y esa etapa se lleva mucho mejor si sabemos qué hacer y qué conviene dejar para más adelante.

Raquel Gonzalez

7 de noviembre 1946 palabras

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Qué esperar cuando el cabello vuelve a salir tras la quimioterapia - Estética

Tras la quimioterapia, el cabello suele empezar a reaparecer entre tres y seis semanas después de la última sesión, aunque puede hacerlo más tarde y con cambios de textura, color o forma.

Al principio conviene tratarlo con mucha suavidad: champú poco agresivo, lavados espaciados, agua tibia y nada de planchas, alisados o tintes hasta que el cuero cabelludo esté estable.

También son frecuentes el picor, la tirantez y la sequedad, pero si aparecen enrojecimiento, dolor o costras, lo adecuado es consultar. El sol puede dañar la zona expuesta, así que ayudan el protector solar, los pañuelos y las gorras suaves.

Cejas y pestañas siguen ritmos distintos, por lo que el maquillaje ligero puede ser útil mientras recuperan densidad.

El proceso exige paciencia, tanto por los cuidados como por la imagen que devuelve el espejo, pero con tiempo el pelo suele volver y muchas veces lo hace con un aspecto distinto al anterior.

Después de terminar la quimioterapia una de las cosas que más miramos es el cuero cabelludo, a ver si por fin asoma algo, y ese momento ilusiona muchísimo pero también trae dudas, porque a veces no sale como esperábamos, ni con el color de antes ni con la misma textura, incluso puede empezar como una pelusita muy suave y clarita y al cabo de unas semanas cambiar por completo. Lo habitual es que el cabello empiece a dar señales entre las tres y las seis semanas después de la última sesión, aunque hay mujeres a las que les tarda un poco más y otras que lo notan antes, y si además hubo radioterapia en la cabeza el proceso puede ser más lento o más irregular. Saber esto tranquiliza, porque muchas se asustan pensando que algo va mal cuando en realidad el folículo está despertando poco a poco y cada zona lo hace a su tiempo, por eso a veces vemos más cantidad en la nuca que arriba, o unas patillas marcadas cuando todavía la parte frontal va muy despacio.

En cuanto ese cabello nuevo aparece hay que tratarlo como lo que es, un pelo muy tierno y un cuero cabelludo que todavía está sensible. Yo siempre aconsejo usar un champú suave, mejor si tiene poco perfume y hace poca espuma, porque cuanto más agresivo sea el lavado más tirantez notaremos después. Lavarlo dos o tres veces por semana suele ser suficiente al principio, con agua tibia y masajeando con las yemas de los dedos, sin frotar con fuerza, y al secarlo conviene presionar la toalla con suavidad en vez de restregar. El secador, si hace falta, mejor a temperatura baja y a cierta distancia. Planchas, tenacillas y alisados yo los dejaría para bastante más adelante. Si seguimos llevando peluca unas horas al día, viene muy bien usar debajo una gorrita de algodón o bambú para que el roce sea menor y el cuero cabelludo transpire mejor, porque la verdad es que cuando el pelo empieza a salir esa zona suele estar más reactiva que antes.

Una cosa bastante frecuente en estas semanas es el picor, esa sensación de tirantez o incluso pequeños granitos, y muchas veces entra la duda de si es normal o si hay que consultar. Un poco de picor puede aparecer porque la piel está seca y porque el folículo está activándose, pero si vemos enrojecimiento intenso, dolor al tocar, costras amarillentas o secreción, conviene comentarlo con el oncólogo o con un dermatólogo y no pensar que todo se arreglará solo. Para la sequedad suele ir bien una loción o crema ligera para piel sensible, aplicada en poca cantidad por la noche, y también hay mujeres a las que les alivia una bruma calmante sin alcohol. Lo que yo evitaría son esos remedios caseros que pican mucho o calientan la piel, como preparados con alcohol, cebolla, guindilla o aceites esenciales muy concentrados, porque en una cabeza sana ya pueden irritar y en esta etapa todavía más. A veces buscamos acelerar el crecimiento y acabamos molestando más al cuero cabelludo.

Otra pregunta muy común es cuándo se puede volver a teñir el pelo. Aquí merece la pena tener paciencia, aunque cueste, porque ese cabello nuevo suele romperse con facilidad y además la piel aún puede reaccionar a los químicos. Cuando ya hay una buena capa de pelo, el cuero cabelludo está tranquilo y el equipo médico da el visto bueno, se puede plantear un tinte suave en peluquería, mejor si conocen este tipo de casos y hacen prueba previa en una zona pequeña. Lo de poner en la caja que es suave o sin amoníaco no garantiza que vaya a sentarnos bien, así que hay que seguir siendo prudentes. Yo dejaría para más adelante las mechas, las decoloraciones, las permanentes y los alisados fuertes. Muchas veces, en vez de correr a cambiar el color, funciona mejor convivir unas semanas con ese tono nuevo, que puede venir con más canas o más oscuro, y centrarse primero en que el pelo gane cuerpo. Hay mujeres que al principio ven un rizo muy marcado y se asustan, pero muchas veces ese rizo se va relajando con los meses.

Con el corte pasa algo parecido. Da pena tocar el pelo cuando por fin vuelve, pero un pequeño corte bien pensado puede ayudar mucho a que se vea más parejo y con más forma. Si la nuca ha crecido más que la parte de arriba o si las patillas salen más fuertes, un retoque sencillo ya cambia muchísimo el aspecto. No hace falta esperar a tener una melena para ir a la peluquería, porque con cuatro o cinco centímetros ya se puede ordenar bastante. Eso sí, yo buscaría una peluquera paciente, que entienda que no queremos tirones ni cepillados bruscos y que sepa escuchar, porque en este momento cualquier detalle nos afecta más de la cuenta. Para la transición entre peluca y pelo propio hay opciones muy cómodas, como las diademas con un pequeño flequillo, los pañuelos con volumen ya hecho o los gorritos suaves que dejan ver un poco del cabello en la frente, y eso a muchas les ayuda a salir a la calle con más seguridad sin tener que pasar de la peluca al descubierto de un día para otro.

Las cejas y las pestañas también tienen su propio ritmo, y a veces vuelven antes que el pelo de la cabeza y a veces después. Las cejas pueden salir despobladas, con huequitos o con pelitos que apuntan cada uno hacia un lado, y en ese caso sigue siendo muy útil el maquillaje mineral semipermanente o un lápiz fino aplicado a trazos cortos, siempre desmaquillando con productos suaves. Si ya hay algo de pelo, peinarlas con un gel transparente o con un poquito de fijador específico ayuda a que se vean más ordenadas sin endurecer el gesto. Con las pestañas yo sería prudente con las extensiones y con los pegamentos frecuentes, al menos al principio, porque siguen siendo frágiles. Para dar expresión al ojo funciona muy bien marcar la línea entre las pestañas superiores con un lápiz marrón o gris oscuro, muy pegadito a la raíz, ya que crea la sensación de más densidad sin necesidad de mucho rímel. Y si usamos máscara, mejor una que se retire fácil, porque los productos resistentes al agua suelen exigir un desmaquillado más fuerte.

Hay otro cuidado del que a veces nos olvidamos y es el sol. Cuando el cabello nuevo es todavía escaso no protege apenas, así que el cuero cabelludo se quema con mucha facilidad, sobre todo en la raya, en la frente y en la zona de las orejas. Incluso las que ya dejaron la peluca y llevan el pelo cortito deberían seguir usando protector solar alto en las zonas expuestas, además de sombrero, pañuelo o gorrita si van a pasar tiempo al aire libre. Ahora hay turbantes y pañuelos de bambú o algodón muy suaves, sin costuras gruesas, que dan menos calor que los de hace años y se lavan muy bien, y eso se agradece muchísimo en verano o en interiores con calefacción. Si sudamos bastante, conviene cambiar esas prendas a menudo para que la humedad no irrite la piel, porque a veces la molestia no viene del pelo sino del tejido que está en contacto muchas horas con la cabeza.

También se habla mucho de ampollas, sérums y lociones para acelerar el crecimiento. Algunas mujeres preguntan por minoxidil y otras compran preparados por su cuenta nada más terminar el tratamiento. Aquí yo no iría a ciegas. Hay productos que pueden ayudar en determinados casos, pero primero debe valorarlo un profesional, sobre todo si la piel está sensible, si aún seguimos con otros tratamientos o si tenemos antecedentes de reacciones. A veces lo más sencillo da mejor resultado, que es cuidar el cuero cabelludo, no agredirlo y dejar pasar unas semanas. Si se decide usar alguna loción, conviene introducirla poco a poco y suspenderla ante cualquier escozor fuerte, descamación o enrojecimiento. Es fácil desesperarse y probar muchas cosas a la vez, pero así luego tampoco sabemos qué nos sienta bien y qué nos está irritando. Mejor pocas cosas y bien elegidas.

Con la alimentación pasa algo parecido, porque cuando queremos ver crecer el pelo enseguida aparecen recomendaciones de biotina, colágeno, cápsulas de todo tipo y remedios que prometen mucho. Comer mejor ayuda, claro, sobre todo si durante el tratamiento hemos perdido apetito o hemos pasado épocas de poca proteína, pero los suplementos conviene revisarlos con el médico. Algunos interfieren con análisis y otros simplemente no hacen falta. Suele ser más realista centrarse en beber suficiente agua, recuperar comidas completas y meter proteína de forma sencilla, por ejemplo huevos, yogur, pescado, pollo, legumbres o frutos secos si los toleramos bien. Si además hay anemia o depósitos bajos de hierro, ya será el especialista quien lo valore, porque en esos casos tratar la causa sí puede ayudar a que pelo y uñas se recuperen mejor. Nos gustaría que existiera un atajo, pero lo habitual es avanzar poco a poco y notar cambios de un mes para otro, no de un día para el siguiente.

Quizá la parte más delicada de esta etapa es que el espejo devuelve una imagen nueva. Hay mujeres que se ven guapísimas con el pelo corto desde el primer momento y otras necesitan más tiempo para reconocerse, y las dos cosas son normales. Yo admiro mucho a quien deja la peluca enseguida y sale con su pelo tal como viene, pero quien no se sienta preparada tampoco tiene por qué forzarse. A muchas les sirve hacerse una foto cada dos semanas, siempre con la misma luz y desde el mismo ángulo, porque así sí se aprecia el progreso y deja de parecer que todo está igual. También ayuda marcar pequeñas metas, por ejemplo un mes llevar solo pañuelo para ir a hacer mandados, después probar un ratito sin nada con la gente de confianza, y cuando una se sienta cómoda dar el siguiente paso. Cuando el cambio se hace poco a poco se vive con menos angustia.

El cabello después de la quimioterapia casi siempre vuelve, aunque a su manera y a su tiempo, y mientras tanto merece la pena acompañar ese proceso con paciencia y con cuidados suaves. Un buen champú, una peluquería sensible, protección solar, un poco de maquillaje en cejas y pestañas y algún recurso bonito para los días en que no nos apetece enseñar la cabeza, con eso muchas veces basta para atravesar esta etapa mucho mejor. Luego, cuando pasa un tiempo, muchas descubren incluso estilos que antes no se habrían atrevido a probar, cortes cortitos, tonos nuevos o una forma distinta de arreglarse, y eso también tiene algo bueno, porque después de todo lo vivido ver que una vuelve a encontrarse frente al espejo da una alegría muy especial.

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Raquel Gonzalez

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