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Cómo saber si la humedad sube del suelo o se forma dentro de la casa

Muchas reparaciones fracasan porque se actúa sobre la mancha y no sobre el camino que siguió el agua hasta esa pared. La capilaridad, la condensación y las filtraciones dejan señales distintas, y si se las observa con un poco de método se evita gastar dos veces.

Dr. Juan A. ViÑas

17 de septiembre 1842 palabras

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Cómo saber si la humedad sube del suelo o se forma dentro de la casa - Bricolaje

Muchas reparaciones fallan porque se actúa sobre la mancha sin identificar el origen del agua. El artículo explica cómo distinguir tres causas frecuentes.

La humedad por capilaridad suele empezar en el suelo y subir de forma bastante uniforme, dejando pintura abombada, yeso flojo y sales blanquecinas. La condensación aparece en zonas frías, como esquinas, techos de baño o detrás de muebles, y suele ir acompañada de moho.

La filtración, en cambio, proviene de un punto concreto, como una terraza, una grieta o una cañería, y cambia según la lluvia o el uso.

Para orientarse, propone observar la altura del daño, la ventilación y el comportamiento estacional, además de pruebas simples como el plástico adherido al muro. También advierte que algunos revestimientos empeoran el problema al impedir que la pared evapore.

Primero hay que diagnosticar bien, luego elegir la reparación adecuada.

Cuando una pared presenta manchas, pintura ampollada o moho, la reacción más frecuente es raspar, aplicar un producto sellador y volver a pintar. A veces la pared queda prolija unas semanas y luego reaparece el mismo problema, incluso un poco más arriba. Pasa porque el agua siguió entrando o siguió formándose, y la capa nueva únicamente tapó el síntoma. La física del problema conviene entenderla antes de elegir el remedio, ya que una humedad ascendente por capilaridad se comporta de manera muy distinta de una condensación interior o de una filtración lateral.

La humedad por capilaridad aparece cuando el agua del subsuelo penetra en los poros de los materiales de construcción y asciende por ellos. El agua está formada por moléculas que se comportan como pequeños dipolos, algo parecido a imanes diminutos, y esa polaridad hace que puedan adherirse a las paredes internas de los poros. Si el poro es fino, la columna de agua puede elevarse más. En muros antiguos de ladrillo macizo, piedra, adobe o morteros de cal, donde existe una red irregular de capilares, el ascenso puede mantenerse durante años. La altura final depende del diámetro de los poros, de la evaporación superficial, del contenido de sales y del aporte constante de agua desde el terreno. Por eso dos viviendas vecinas no siempre presentan la misma franja húmeda.

La señal más típica de la capilaridad es una banda deteriorada que empieza a ras del suelo y sube con cierta uniformidad. No siempre es una línea recta, pero se nota una zona baja más dañada que la parte superior. La pintura se abomba, el yeso se ablanda, aparecen manchas amarillentas o blanquecinas, y en bastantes casos se observa un polvillo cristalino, que son sales arrastradas por el agua y depositadas al evaporarse. Los zócalos de madera se hinchan, el revoque se desprende a golpes suaves y los muebles apoyados cerca del piso toman olor a encierro. En sótanos y plantas bajas este patrón es muy común.

La condensación responde a otro mecanismo. El aire interior contiene vapor de agua, generado por duchas, cocción, secado de ropa, respiración y hasta por plantas en grandes cantidades. Si ese aire húmedo entra en contacto con una superficie fría, y esa superficie se encuentra por debajo de la temperatura de rocío, el vapor pasa a estado líquido. Se forman microgotas que al principio ni se ven, pero con el tiempo mantienen la pared húmeda y alimentan colonias de hongos. Esta humedad suele aparecer en esquinas, detrás de armarios, alrededor de ventanas, en techos de baños o en muros orientados al sur o poco soleados. El rastro característico son puntos negros o verdosos en la superficie. Casi nunca produce eflorescencias salinas como las de la capilaridad.

La filtración, por su parte, es el ingreso de agua desde un punto localizado. Puede venir de una terraza mal impermeabilizada, una grieta exterior, una canaleta con pérdidas, un bajante embutido o una cañería. En este caso la mancha no tiene por qué comenzar en el suelo ni mantener una altura uniforme. Puede aparecer a media pared, junto a una ventana, debajo de una viga, o aumentar de tamaño cada vez que llueve. En un muro enterrado también puede haber filtración lateral si el terreno exterior se satura y empuja agua a través del paramento. El aspecto del daño depende mucho del recorrido del agua. A veces el origen está un metro más arriba o dos habitaciones más allá.

Para hacer un primer diagnóstico conviene observar la pared como si fuera un instrumento de medida. Hay que mirar dónde empieza la humedad, hasta dónde sube, si el problema empeora en invierno o después de lluvias, si hay moho superficial o sales, y si la pared da al exterior, al terreno o a un baño. Un dato muy útil es la altura del daño. Si la franja húmeda es bastante continua en toda la planta baja y la mayor degradación está en los primeros 50 a 100 centímetros, la capilaridad es una sospecha seria. Si el problema aparece en rincones altos y en superficies frías, con ventanas cerradas y poca ventilación, la condensación gana terreno. Si todo se concentra en una zona puntual o cambia de un día a otro según el clima, hay que pensar en filtración.

Un método casero que orienta, aunque no reemplaza una inspección técnica, consiste en pegar un cuadrado de plástico transparente de unos 30 centímetros por lado sobre la zona afectada, sellando bien los bordes con cinta. Si al cabo de 24 o 48 horas aparecen gotas en la cara exterior del plástico, del lado de la habitación, es señal de que el aire interior está condensando sobre esa superficie. Si la humedad se acumula por detrás, entre el plástico y la pared, el agua viene del muro. Esto no distingue por sí solo entre capilaridad y filtración, pero ya separa bastante bien la condensación. Otro recurso simple es usar un higrómetro ambiente y un termómetro infrarrojo. Por ejemplo, con 20 grados de temperatura interior y 70 por ciento de humedad relativa, una pared a 14 grados puede empezar a condensar. Ese cálculo evita muchas confusiones.

En los últimos años se han difundido aparatos portátiles de medición que ayudan bastante, aunque también inducen errores si se los interpreta mal. Los medidores eléctricos de humedad son rápidos, pero las sales disueltas alteran la conductividad del muro y pueden dar valores altos aun cuando la pared ya esté secándose. La cámara termográfica permite localizar zonas frías, puentes térmicos y recorridos de agua, pero una pared fría no siempre está mojada. El método de carburo, más laborioso, sigue siendo de los más fiables para conocer el contenido real de agua en una muestra. Lo correcto es combinar observación, historia del edificio y mediciones en varios puntos y a distintas alturas. Una sola lectura rara vez alcanza.

Hay otro factor que complica mucho el diagnóstico: los revestimientos modernos demasiado cerrados al vapor. Una pared antigua necesita evaporar parte de la humedad que recibe. Si se reviste con mortero de cemento muy denso, pintura plástica gruesa o placas pegadas directamente sobre el muro húmedo, el agua busca otra salida. Entonces la mancha sube más, aparecen bolsas, el revoque se despega y las sales rompen la superficie por dentro. A primera vista parece que la humedad empeoró de golpe, y en cierto modo es así, pero el motivo es que se modificó el equilibrio de evaporación. He visto plantas bajas donde el problema estaba inicialmente en los primeros 60 centímetros y, tras un revestimiento impermeable, el deterioro llegó a 1,50 metros.

Si se confirma que la humedad es ascendente por capilaridad, el tratamiento debe cortar o invertir ese ascenso. Una posibilidad es crear una barrera química mediante inyecciones de resinas o silicatos a ras del suelo. Funciona bien en ciertos muros homogéneos, pero exige perforaciones frecuentes, bastante mano de obra y una ejecución muy cuidadosa. En mamposterías heterogéneas o muros gruesos de piedra no siempre resulta sencilla. Otra posibilidad es la electroósmosis, cableada o sin hilos, que actúa sobre la orientación de las moléculas de agua y tiende a rechazarla hacia el subsuelo. En este tipo de equipos la inducción electromagnética utilizada para uso habitacional se mantiene muy por debajo de los límites internacionales de exposición. El efecto no es inmediato, porque una pared cargada de agua necesita meses para secar. Además del sistema elegido, hace falta retirar revoques deteriorados, tratar sales y rehacer con materiales transpirables.

Cuando el origen es la condensación, la reparación cambia bastante. Aquí no sirve perforar el muro ni inyectar resinas. Lo que hay que corregir es la combinación de vapor interior elevado y superficies frías. En una vivienda donde se cocina sin extractor, se seca ropa adentro y apenas se ventila, la humedad relativa puede subir fácilmente por encima del 70 por ciento. Si además las paredes exteriores tienen puentes térmicos o poca aislación, la condensación aparece sola. Ayuda ventilar dos o tres veces al día durante pocos minutos, usar extracción en cocina y baño, separar los muebles unos centímetros del muro, y si es posible mejorar la aislación del cerramiento. Muchas veces el problema surge después de cambiar ventanas viejas por otras muy estancas sin agregar ventilación. La casa pierde infiltraciones de aire, lo cual ahorra calefacción, pero el vapor queda más atrapado.

En las filtraciones la prioridad es localizar el punto de entrada. Una mancha bajo una terraza casi siempre pide revisar pendientes, juntas, desagües y capas impermeables. Si el daño aparece alrededor de una bajada pluvial, conviene inspeccionar uniones y posibles roturas. En muros enterrados, un terreno exterior más alto que el piso interior puede empujar agua lateralmente durante semanas después de una lluvia fuerte. Allí el drenaje perimetral y la impermeabilización por la cara externa suelen dar mejores resultados que cualquier parche interior. Cuando se sospecha de una cañería, una prueba de presión o una simple observación del contador de agua con todos los consumos cerrados puede dar la pista. En muchas obras se repara el revoque antes de encontrar la causa y luego se repite el trabajo.

También existen los casos mixtos, que son los más engañosos. Una planta baja antigua puede tener capilaridad desde el suelo y, al mismo tiempo, condensación en invierno por mala ventilación. Se seca parcialmente la franja inferior con un tratamiento adecuado, pero siguen apareciendo puntos negros en las esquinas y el propietario piensa que nada funcionó. En realidad había dos fenómenos superpuestos. Algo parecido sucede cuando una pared con sales antiguas ya perdió gran parte de su agua, pero el medidor eléctrico continúa marcando alto por la conductividad residual. Si no se entiende esto, se interpreta como fracaso lo que en verdad es una etapa normal del secado.

La pared, observada con paciencia, suele dar bastantes respuestas. Dónde está la mancha, cómo cambia con las estaciones, si hay sales o moho, si el daño nace en el suelo o en una junta exterior, todo eso cuenta. Conviene gastar primero en diagnóstico y después en materiales, no al revés. Una humedad bien identificada suele tener una solución razonable. Una humedad mal diagnosticada, en cambio, arrastra pintura, yeso, dinero y tiempo, que es lo que más cuesta recuperar.

Sobre el autor

Dr. Juan A. ViÑas

Doctor en Ciencias Físicas pionero en Europa en el uso de microprocesadores desde el año 1974.Ha desarrollado equipos de medida, y captores electrónicos, y ultimamente ha...

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