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Cómo trazar la ruta adecuada para una campaña de publicidad móvil

La publicidad móvil puede recorrer media ciudad y aun así no llegar al público correcto si su ruta fue improvisada. Por eso conviene revisar antes qué zona se desea cubrir, en qué horario pasa la gente que nos interesa y qué tipo de unidad se adapta mejor al lugar.

Cesar Arellano Felix

1 de septiembre 2023 palabras

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Cómo trazar la ruta adecuada para una campaña de publicidad móvil - Marketing

La eficacia de una campaña de publicidad móvil depende tanto de la ruta como del anuncio. Antes de salir a la calle conviene definir qué se quiere lograr, en qué zonas vive el público objetivo y qué tan cerca está el servicio del punto de venta.

También importa la hora, porque el flujo cambia según la colonia, el día y la temporada. Una valla sobre camioneta funciona mejor en avenidas amplias, mientras que una moto o bicicleta puede rendir más en calles interiores o zonas peatonales.

La repetición en áreas concretas suele dar mejores resultados que recorrer muchos sitios una sola vez. Además, el diseño debe adaptarse al tiempo real de lectura y a las restricciones de cada ciudad.

Cuando la campaña se ajusta a estos factores, la publicidad móvil deja de ser un recorrido improvisado y se convierte en una herramienta más precisa para generar recuerdo y visitas.

Cuando se habla de publicidad móvil casi siempre se piensa primero en el anuncio, en el tamaño de la valla, en el audio o en la iluminación. Sin embargo, hay otra parte que determina mucho del resultado y es la ruta. Un vehículo puede circular varias horas y ser visto por muchas personas, pero si esas personas no son las que pueden interesarse por el servicio, el recorrido se vuelve gasto y no exposición útil.

La ventaja de una publicidad fija es que aprovecha el tránsito que ya existe en un punto determinado. La ventaja de la publicidad móvil es distinta, pues esta puede ir al encuentro del público y no esperar a que el público pase frente al anuncio. Por eso, cuando se planea una campaña móvil, la pregunta correcta no es solamente por dónde puede circular el vehículo, sino por dónde conviene hacerlo.

Primero, definir para qué saldrá a la calle. No todas las campañas tienen el mismo propósito. Hay negocios que solo quieren darse a conocer en una colonia nueva. Otros buscan anunciar una apertura, una promoción de fin de semana, un servicio a domicilio o un evento de fecha muy concreta. Esto cambia por completo la ruta. Si un restaurante abrió una sucursal en la zona sur de la ciudad, no tendría mucho sentido mandar una valla móvil al extremo norte durante horas, aunque por ahí haya mucho tráfico. En cambio, si se trata de una universidad que quiere captar alumnos de distintos municipios, entonces sí puede convenir un recorrido más amplio y repetido.

También ayuda pensar en la distancia real entre el anuncio y el punto de venta. Muchas personas ven publicidad móvil mientras van al trabajo, a la escuela o al mercado, pero por lo general responden mejor cuando sienten que el servicio les queda cerca. Un anuncio de lavandería, farmacia, clínica dental o ferretería funciona mejor si circula dentro de un radio razonable. En servicios más amplios, como telefonía, eventos masivos o tiendas departamentales, la distancia pesa menos.

Después, observar cómo se mueve la gente. La ciudad cambia de comportamiento según la hora y según la zona. Hay avenidas que en la mañana están llenas de vehículos particulares y al mediodía pierden flujo. Hay áreas comerciales que lucen tranquilas entre semana y se saturan los sábados. Hay colonias residenciales donde el tránsito es poco durante casi todo el día, pero a la hora de entrada y salida de escuelas aparece un movimiento bastante alto. Esto quiere decir que una sola ruta fija durante toda la semana no siempre es la mejor opción.

Un ejemplo sencillo es el de una academia de inglés. Si su público está formado por estudiantes de secundaria, preparatoria y universidad, la campaña puede circular cerca de planteles, estaciones de transporte y corredores comerciales en las horas de salida. Si el servicio anunciado es un laboratorio clínico, probablemente convenga pasar cerca de hospitales, consultorios, farmacias y avenidas donde se desplazan familias durante la mañana. Para un negocio de comida rápida, el mediodía y la tarde suelen dar mejor resultado que la mañana.

Elegir el vehículo correcto también forma parte de la ruta. Una camioneta con valla o pantalla móvil cubre avenidas principales y puntos con tránsito constante. Su presencia es mayor a distancia y permite un anuncio de mejor tamaño. Sin embargo, su acceso puede verse limitado en calles estrechas o en zonas con regulación especial. La motocicleta y la bicicleta sirven más para colonias interiores, centros históricos, zonas peatonales permitidas y sectores donde un vehículo grande perdería tiempo dando vueltas o simplemente no podría entrar.

Esto se nota mucho en campañas para negocios locales. Una tienda de abarrotes con servicio a domicilio, una veterinaria, un gimnasio de barrio o una papelería cercana a escuelas pueden aprovechar mejor una unidad pequeña que recorra repetidamente su zona inmediata. En cambio, un desarrollo inmobiliario, una agencia automotriz o un evento en un recinto grande suelen beneficiarse más con unidades visibles sobre avenidas amplias, distribuidores viales y entradas a la ciudad.

El horario cambia la lectura del anuncio. Hoy día la publicidad móvil ya considera tanto el día como la noche gracias a la iluminación propia, pero no por eso cualquier horario funciona igual. En horas de tránsito muy rápido el anuncio tiene pocos segundos para ser leído. En avenidas con semáforos, retornos, glorietas o embotellamientos la exposición puede ser mayor. Esto no quiere decir que un tráfico lento siempre sea bueno, pero sí ofrece más tiempo para mirar y comprender el mensaje.

Por esa razón conviene que la ruta mezcle tramos de alta circulación con puntos donde el vehículo se vuelva especialmente visible. Una pantalla móvil que pasa frente a una plaza concurrida al atardecer tiene un efecto distinto al de una pantalla que pasa a gran velocidad por un libramiento. Lo mismo sucede con el audio. En calles comerciales y colonias populares el sonido puede apoyar bastante al anuncio, siempre que el mensaje sea breve y claro. En zonas residenciales, hospitales o escuelas esto debe manejarse con más cuidado para evitar molestias o sanciones.

Un error frecuente es querer abarcar demasiado. A veces se piensa que entre más kilómetros recorra la unidad, mejor será la campaña. Pero una cobertura muy extensa puede diluir el esfuerzo. Si un negocio trabaja en tres colonias específicas, resulta más útil repetir presencia en esas colonias que aparecer una sola vez en veinte lugares distintos. La repetición ayuda a que la gente recuerde el nombre, el color, el teléfono o la promoción. La publicidad móvil gana mucho cuando el público la vuelve a ver en diferentes momentos de su rutina.

Por ejemplo, una clínica dental puede diseñar una ruta que pase por la misma zona a primera hora, después al mediodía y nuevamente por la tarde durante varios días. Así alcanza a quienes salen de casa, a quienes trabajan cerca y a padres de familia que recogen niños en escuelas. El mismo anuncio, visto más de una vez, adquiere mayor presencia que un recorrido largo sin repetición real.

La temporada también modifica la ruta. No se mueve igual una ciudad en vacaciones que en periodo escolar. Tampoco se comporta igual durante lluvias, temporadas altas de comercio, regreso a clases o fiestas locales. Un negocio de útiles escolares tiene mejores oportunidades si concentra su recorrido cerca de escuelas, papelerías y zonas familiares durante las semanas previas al inicio de clases. Un salón de eventos puede circular cerca de iglesias, jardines, avenidas con restaurantes y zonas donde se visitan proveedores para fiestas. Un anuncio de impermeabilizante tendrá más sentido antes y durante la temporada de lluvias que meses después.

En ciudades turísticas esto es todavía más evidente. Hay rutas que durante gran parte del año son tranquilas y en fines de semana o vacaciones reciben un flujo mucho mayor. Si la campaña se contrata sin tomar en cuenta ese cambio, el anuncio puede pasar justo cuando el público aún no está ahí o cuando ya se retiró.

Otro punto es la relación entre imagen y zona. No todas las áreas reciben igual cualquier tipo de diseño. Un anuncio con demasiados elementos puede perderse cuando circula por avenidas visualmente saturadas. En esas zonas funciona mejor un mensaje corto, con poco texto, un color dominante y un dato concreto, como una promoción, una dirección breve o una palabra que identifique el servicio. Si la unidad recorrerá áreas más lentas o zonas de espera, como salidas de estacionamientos, mercados o terminales, entonces el anuncio puede permitirse un poco más de información.

Lo mismo sucede con las pantallas móviles. El video debe pensar en el tiempo real de observación. Un clip largo, con muchos cambios, difícilmente será comprendido si el público solo mira unos segundos. En cambio, una secuencia simple, repetitiva y bien iluminada logra que el mensaje se entienda incluso de noche o desde cierta distancia.

Conviene revisar las restricciones antes de definir el recorrido. Algunas ciudades tienen reglas sobre ruido, horarios, zonas históricas, eventos cívicos, escuelas y áreas de hospitales. También hay fraccionamientos privados o calles con acceso limitado. Esto no es un detalle menor, porque una ruta mal planeada puede obligar a desviar la unidad, perder tiempo útil o incluso suspender parte de la campaña. Por lo general, cuando la empresa que brinda el servicio conoce bien la ciudad, ya sabe qué calles evitar y cuáles ofrecen mejor visibilidad sin problemas.

Además, una buena ruta toma en cuenta dónde puede detenerse el tráfico de manera natural sin obstaculizar. Una glorieta, un semáforo largo, una incorporación o una avenida con paso continuo pero lento hacen que el anuncio permanezca más tiempo a la vista. Esto se aprovecha mejor que entrar a calles donde la unidad tenga que maniobrar demasiado o circular casi vacía de público.

La publicidad fija y la móvil pueden trabajar juntas. Si un negocio ya cuenta con un espectacular fijo o con lonas en su establecimiento, la ruta de la publicidad móvil puede reforzar esa presencia en zonas donde el espectacular no alcanza. Supongamos que una tienda de materiales tiene un anuncio fijo sobre una carretera urbana. La campaña móvil puede entrar a colonias en crecimiento, pasar por obras en proceso y después regresar a las avenidas principales donde el nombre del negocio ya es conocido por el espectacular. De esta forma la gente primero ve el anuncio móvil y luego reconoce la marca cuando pasa frente al punto fijo, o al revés.

Esto ayuda mucho a los negocios que quieren cubrir tanto recordación como proximidad. El espectacular fijo permanece y sostiene presencia continua. La unidad móvil empuja el mensaje hacia sectores específicos, eventos locales o zonas nuevas donde todavía no hay tanta identificación con la marca.

¿Y cómo saber si la ruta funcionó? En publicidad exterior no siempre se mide con exactitud absoluta, pero sí hay señales bastante claras. Una forma sencilla es usar durante la campaña una promoción particular, un número telefónico dedicado, una frase específica o preguntar a los clientes por dónde vieron el anuncio. También pueden compararse las visitas al establecimiento en los días y horarios en que la unidad estuvo circulando cerca. No hace falta un sistema complicado para detectar si hubo respuesta en ciertas colonias y en otras no.

Con esa información la siguiente ruta puede ajustarse mejor. Tal vez se descubra que una avenida muy transitada no dio tantas llamadas como un circuito comercial más pequeño. Tal vez la mañana rindió poco y la tarde generó más visitas. O quizá una motocicleta dentro de la colonia produjo mejor recordación que una camioneta sobre el periférico. La ventaja de la publicidad móvil es precisamente esa capacidad de corrección, pues la ruta puede modificarse con mayor facilidad que un anuncio fijo ya instalado.

Al final, una campaña móvil bien pensada no depende solo del vehículo ni del tamaño del anuncio. Depende de saber por qué calles debe aparecer, a qué hora, cuántas veces y frente a qué tipo de público. Cuando esto se revisa con calma, la publicidad deja de andar por andar y empieza a trabajar con dirección. Y en un medio que literalmente se mueve, esa dirección hace toda la diferencia.

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Cesar Arellano Felix

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